Románico
porticado. Las galerías porticadas románicas
Aunque el románico
porticado castellano ha gozado de importantes campañas
de restauración, en necesario seguir actuando sobre este
singularísimo patrimonio que nos dejaron nuestros antepasados
hace ocho siglos. Ellos los construyeron siguiendo las bellas
pautas artísticas del momento para albergar reuniones y
actos sociales libres en un momento -como el presente- en que
dos mundos y dos religiones chocaban violentamente. Los pórticos
románicos constituyen un ejemplo vivo de la personalidad
de un pueblo y su espíritu de libertad en contraste con
una sociedad mayoritariamente feudal.

La presencia de pórticos
románicos adosados a muchas iglesias es, junto al antiguamente
llamado "románico mudéjar", lo más
singular del románico castellano. Este espacio techado
que cubre parte del atrio del templo y delimitado por arquerías,
probablemente tiene su origen en la soriana iglesia de San Miguel
de San Esteban de Gormaz, construida a finales del siglo XI. Esta
temprana obra se atribuye a artesanos musulmanes bajo dominio
cristiano, ya que la citada villa fue durante varios siglos una
importante ciudad islámica.

El pórtico románico
como lugar de abrigo para reuniones cívicas
Para entender el verdadero valor del pórtico románico
hay que imaginar una Europa sumida en la sociedad feudal, donde
las libertadas individuales se encontraban tradicionalmente conculcadas
por las relaciones de vasallaje. En la Castilla meridional de
los siglos XI y XII la situación era bien diferente. Los
territorios situados entre el río Duero y el Sistema Central
eran considerados la "extremadura" cristiana, tierras
de frontera con el Islam.
La amenaza que suponía
el poder almorávide primero y más tarde almohade
en Al-Andalus, confería a los hombres y mujeres que decidían
repoblar aquellas tierras un verdadero valor estratégico
para los reyes cristianos. Para fomentar las repoblaciones de
esta franja de la Castilla al sur del Duero, los monarcas castellanos
promovieron, mediante fueros, un régimen de libertades
sin parangón en Europa.
Gracias a los fueros,
aquellos esforzados y arriesgados pobladores podían vivir
en una situación de "pseudodemocracia" mediante
la constitución de concejos o reunión de hombres
libres que debatían los asuntos de su interés al
abrigo de estos pórticos. En palabras de Carlos R. Lafora,
uno de los expertos que más ha estudiado estas construcciones,
las galerías porticadas románicas fueron "fórmulas
arquitectónicas para albergar el derecho a la libertad".
Además,
al estar los pórticos unidos a la iglesia, con diferencia
el edificio más importante de cualquier ciudad o aldea,
fueron asimismo aprovechadas para todo tipo de actos cívicos,
sociales, políticos y judiciales, además de como
cementerio y lugar de refugio. Por último, no hay que olvidar
la función catequético-religiosa que la escultura
de sus capiteles tenía para el iletrado aldeano medieval.
A este significado singular
en la evolución de la personalidad histórica castellana,
le debemos unir la indudable y encantadora belleza que estos "pequeños
claustros" rurales ofrecen a quienes se adentran en ellos.
Es frecuente que desde su romántico interior se presencien
paisajes rurales de gran hermosura.
Todo ello nos hace aseverar
sin miedo a parecer pretenciosos que el pórtico castellano
supone una de las aportaciones españolas más brillantes
-si no la que más- al románico internacional.
Un hecho que, en ocasiones,
pasa inadvertido es la enorme difusión que tuvo esta construcción
durante el periodo tardorrománico (finales del siglo XII
y primera mitad del XIII) llegando a ser consustancial a estas
tierras meridionales. En efecto, el primer foco soriano permitió
su trasvase a amplias comarcas del sur del Duero, siendo las provincias
de Soria y Segovia las que más ejemplares conservan, aunque
alcanzó con fuerza el norte de Guadalajara.

Más alejadas, pero
de idéntico origen y funcionalidad, son las galerías
porticadas de Ávila, la Sierra de la Demanda en Burgos
y La Rioja. Se han catalogado decenas de pórticos o elementos
identificables y lo que es más importante, hay trazas arquitectónicas
de otros que existieron en la mayoría de las iglesias rurales
de las provincias citadas. Ello indica que, con casi completa
seguridad, al finalizar el siglo XIII, la gran mayoría
de las iglesias de un polígono imaginario trazado entre
Segovia, Cuéllar, Soria y Molina de Aragón estarían
rodeadas de galerías.

No debemos omitir un importante
foco de pórticos románicos más al norte,
en las provincias de Burgos y La Rioja, en la comarca de la Sierra
de la Demanda (pineda de la Sierra, Jaramillo de la Fuente, etc.).
además de la elegancia de sus arquerías, son destacables
por la calidad de la escultura de sus capiteles, repletas de fantásticas
bestias del más puro carácter silense, ya que talleres
afines al claustro de Silos debieron trabajar en estas tierras
serranas en la segunda mitad del siglo XII.

También citaremos,
fuera del contexto castellano, que en Navarra queda un reducido
grupo de iglesias alrededor de Pamplona que también presenta
pórticos románicos, lo que nos hace pensar que la
fórmula ensayada tuvo éxito incluso en territorios
muy alejados de su origen.
Arquitectura
del pórtico románico
Desde el punto arquitectónico, la galería porticada
es un espacio techado que rodea uno o varios lados de la iglesia
y delimitado exteriormente por arquerías con columnas,
normalmente pareadas, o pilares, que a su vez apoyan sobre un
podium.
La galería prototipo
castellana se adosa al muro meridional y presenta siete arcos
de medio punto repartidos dos grupos de tres y cuatro. Caso frecuente
es que la galería cubra también el hastial de occidente.
En numerosos casos el
número de arcos es superior, entre 9 y 12; en otros, las
reformas y destrozos posteriores han mutilado parcialmente las
galerías impidiendo asegurar con certeza el número
de arcos de que constaban. También ciertas modificaciones
han mutilado tramos enteros, normalmente los que cubrían
los hastiales occidentales de las iglesias.

Ocasionalmente encontraremos
pórticos adosados al muro norte, cuando el ingreso principal
del templo, por motivos topográficos, se abre en este lado,
como en San Miguel de Fuentidueña (Segovia).
El caso más completo
es el del templo de San Martín de la capital segoviana,
que salvo la cabecera, está completamente rodeado por galerías.
También es reseñable el ejemplar de Carabias (Guadalajara),
el de mayor dimensión del románico rural con arquerías
que cubren los muros occidental y meridional de la iglesia.
Mención especial
merece, por su importancia cuantitativa, las galerías porticadas
más sencillas y tardías en que sus arcos no apoyan
sobre columnas sino sobre pilares, como en Santa María
de Riaza (Segovia) y Cuevas de Soria (Soria)
aunque menos frecuentes,
también se ensayaron pórticos de ladrillo, de los
que quedan algunos ejemplos transformados como en Fuentepelayo
(Segovia), Prádena del Rincón (Madrid) y Orbita
(Ávila), entre otros.
¿En
qué estado han llegado a nosotros?
Ya hemos citado que el primer pórtico de construyó
en la iglesia de San Miguel de San Esteban de Gormaz y posiblemente
el segundo en El Salvador de Sepúlveda (Segovia) algunos
años más tarde (comienzos del siglo XII). Ambos
pórticos mantienen claras relaciones estilísticas.
Los arcos apoyan sobre columnas únicas no pareadas, en
combinación con pilares.
Las columnas tienen grandes
basas y voluminosos capiteles que contrastan con la cortedad de
los fustes. La escultura es muy primitiva, aunque en la temática
difieren pues en San Esteban aparecen personajes morunos que no
se dan en Sepúlveda. Pero ambos transmiten un cierto "aroma
prerrománico" al visitante, probablemente por su vetustez.

Parece que la fórmula
inicial experimentada en San Esteban y Sepúlveda no se
extendió demasiado a otras poblaciones cercanas que durante
las primeras décadas del siglo XII sufrieron un cierto
parón repoblador como consecuencia de la amenaza almorávide
y los disturbios monárquicos sufridos en Castilla por Doña
Urraca y Alfonso el Batallador.
Ya a finales del siglo
XII y, sobre todo, comienzos del XIII (época de máxima
difusión del tardorrománico rural castellano gracias
a la reactivación económica y política del
reinado de Alfonso VIII) debió reactivarse la construcción
de nuevas galerías románicas de forma masiva.
Posiblemente la fórmula
de construir los claustros del Monasterio de Silos y la catedral
románica de Burgo de Osma, mediante arquerías apoyadas
sobre largas y esbeltas columnas pareadas y capiteles bellamente
trabajados con animales imaginarios y escenas bíblicas,
debió ejercer gran influencia e inspiración para
la construcción de estos pórticos tardíos.

A lo largo de los 800
años de vida de estas estructuras, los avatares y agresiones
sufridas han sido innumerables. Los diferentes procesos seguidos
a lo largo de los siglos se pueden resumir en cuatro: