Guía del Baptisterio de la Catedral de
Padua, Italia
Introducción
El
célebre Baptisterio de la Catedral de Padua es una de los
mejores conjuntos bajomedievales que se conservan en Italia, gracias
a su maravillosa colección de pinturas murales del Trecento
que se encuentran plasmadas en su interior.
Se trata de un edificio dedicado a San Juan
Bautista de estilo arquitectónico románico-lombardo
que se remonta, como veremos a continuación, a los siglos
XII y XIII, su bien, los citados frescos son posteriores: del
siglo XIV.

Este espectacular ciclo pictórico vetero
y neotestamentario del interior, realizado en tan solo tres años
por el pinto florentino Giusto de' Menabuoi por encargo de la
familia Carraresi, le ha valido su calificación como Patrimonio
Mundial de la UNESCO.

Historia
Como ya hemos indicado, en el interior del
Baptisterio de Padua se encuentra una de las obras más
destacadas de la pintura paduana de la segunda mitad del siglo
XIV. La tarea de decorar este edificio fue encomendada al pintor
florentino Giusto de' Menabuoi, quien llegó a Padua alrededor
de 1370. Formado en Florencia bajo la influencia de Maso di Banco,
a mediados de siglo comenzó a trabajar en Milán,
donde tuvo contacto con los pintores giottescos lombardos, influenciados
por Giovanni da Milano.
Este encargo fue realizado por Fina Buzzaccarina,
esposa de Francesco da Carrara il Vecchio, señor de Padua
entre 1350 y 1380. La familia Carrara jugó un papel crucial
en el desarrollo cultural y artístico de la ciudad de Padua.
Fina tenía la intención de hacer del Baptisterio
un símbolo de poder para la familia, encargando, además
de la decoración pictórica, la creación de
una tumba para ella y su esposo, esculpida por Andriolo de' Santi
cerca de la entrada, de manera que los visitantes tuvieran que
pasar por debajo para acceder al espacio sagrado.
Considerando que Fina Buzzaccarina falleció
en 1378, los frescos fueron probablemente completados entre 1375
y 1376, antes de su muerte. De hecho, en su testamento, Fina detalla
sus bienes y las disposiciones para el mobiliario del Baptisterio,
pero no menciona nada sobre la decoración pictórica,
lo que sugiere que la obra de Giusto ya estaba terminada en el
momento de su fallecimiento.

Arquitectura
Desde el punto de vista exclusivamente arquitectónico
el baptisterio de la Catedral de Padua es un edificio de los siglos
XII y XIII de tipo lombardo consagrado en 1281 que se haya adosado
al nordeste del propio templo catedralicio y perfectamente visible
desde la emblemática y popular Piazza Duomo.
Sorprende que, a diferencia de otros baptisterios
italianos que desde época paleocristiana emplearon la planta
octogonal, como consecuencia del simbolismo del número
8 en relación con la regeneración por el bautismo,
en Padua se eligió una planta cuadrada que al elevarse
crea un espacio tridimensional cúbico.

Encima de este cubo se erigió el segundo cuerpo
con forma cilíndrica que queda rematado en su parte superior
por una cúpula semiesférica. Para lograr que el
edificio transite de un espacio cuadrado a otro circular se emplearon
pechinas (no trompas) muy usadas en la arquitectura bizantina
que tanto influyó en el nordeste de Italia.
Adosado a su costado oriental, existe un ábside
que tiene una estructura muy similar al propio cuerpo del baptisterio:
un cilindro cupulado sobre un cuerpo cúbico. En esto, la
solución de Padua se aleja completamente de los ábsides
paleocristianos, bizantinos, prerrománicos y románicos,
donde el ábside es una hornacina de planta semicircular
que se abre al cuerpo por medio de un arco triunfal y se aboveda
con bóveda de horno o de cuarto de esfera.
Los muros exteriores del baptisterio de Padua
se construyeron con ladrillos y se articulan mediante los habituales
arquillos y lesenas lombardas, siendo aquéllos doblados,
apeando sobre pequeñas ménsulas de piedra. Los vanos
de iluminación acusan también la severidad lombarda,
teniendo sencillo arcos doblados de medio punto de aristas vivas.

Los Frescos del Baptisterio
Orden, espacio y perspectiva
La totalidad del interior está cubierta
por frescos centrados en la Historia de la Salvación. Las
pinturas llenan cada mínimo espacio de la superficie, incluso
los más inusuales, como el intradós de los arcos.
Los episodios no terminan con el final de la pared, sino que se
extienden a lo largo de los techos y pilares, anulando la separación
entre arquitectura, pintura y escultura. Con ello, se crea un
microcosmos pictórico donde el continente arquitectónico
queda anulado e invisible, en beneficio del color y la figuración
sagrada.

Es importante señalar que las escenas
bíblicas que se plasman están separadas por marcos
numerados que imitan el mármol pintado, para facilitar
el orden de lectura de las extensas series.
Giusto se enfrenta airoso a los problemas de
la representación del espacio, la forma y la luz, construyendo
los distintos ambientes según las reglas de la perspectiva
naturalis de Giotto, distribuyendo las figuras sólidas
de manera pausada y prestando atención a la relación
entre el espacio pintado y la estructura arquitectónica
real. Observamos que los encuadres están tratados siempre
con gran elegancia, utilizando recursos cromáticos y de
perspectiva muy refinados allí donde desea destacar la
concavidad del muro, algo que también encontramos en la
vecina Capilla Scrovegni de esta ciudad.

Iconografía de las pinturas murales
La iconografía de este espectacular conjunto
pictórico mural del Baptisterio de la Catedral de Padua
constituye una auténtica "Biblia pintada" porque
aborda los pasajes clave de toda la biblia cristina desde el Antiguo
Testamento, comenzando como el lógico por el Génesis,
hasta el último libro del Nuevo Testamento: el Apocalipsis.

Iconografía de las pinturas de la
cúpula
En la cúpula, Giusto representa dos
temas simultáneos: por un lado el Cielo, la Gloria Celestial
o Jerusalén Celeste y probablemente también la Parusía
o Segunda Venida de Cristo. Aunque el gran protagonista de esta
zona de los frescos es Cristo y en segundo lugar la Virgen María
que se sitúa debajo, el pintor
de Florencia creó una multitud de ángeles, santos
y santas rodeando estas dos figuras sagradas. Es una imagen impactante,
cautivadora, sobrecogedora, pues el espectador se siente irremediablemente
maravillado por su espectacularidad.

Además se puede sentir observado por
cientos de ojos que le miran desde la Gloria de las alturas.

En el centro, dentro de una mandorla o círculo
celestial, se encuentra un Cristo Pantocrátor -de indudable
influencia bizantina- rodeado por pequeños serafines. Su
cabeza lleva nimbo crucífero (la cruz es patada). Su túnica
es roja y el manto azul celeste, ambos con ribetes dorados.

Su figura ocupa gran parte del espacio disponible,
destacándose por su presencia sólida y su apariencia
mayestática; con la mano derecha realiza el gesto de bendecir,
mientras que con la izquierda sostiene las Sagradas Escrituras
abiertas con la frase dicha por Cristo en el libro del Apocalipsis:
A su alrededor se disponen cinco círculos
concéntricos, los dos primeros formados por coros angélicos,
y los tres siguientes por santos, muchos de ellos fácilmente
identificables por sus atributos. Hay que fijarse en el detalle
del tamaño decreciente de las figuras de los citados santos
conforme se aproximan al centro, que es el punto más alto
ocupado exclusivamente por Cristo.
Interrumpiendo la serie de ángeles y
santos, justo debajo del busto de Cristo, aparece, dentro de una
mandorla dorada rodeada por ángeles músicos, la
Virgen coronada y en posición orante, con túnica
roja y manto celeste.

Iconografía de las pinturas del tambor
El tambor de la cúpula (tholobate) acoge escenas
del libro del Génesis, de la Creación del mundo
a los primeros episodios de la historia humana. Estas
treinta y tres escenas del Libro del Génesis guardan un
interesante paralelismo con el ciclo del Antiguo Testamento de
la Basílica de San Marcos de Venecia.

En las cuatro pechinas se representan a los
Cuatro Evangelistas con sus respectivos símbolos y el escudo
de armas de Francesco il Vecchio a los pies. A su lado, enmarcados
por el escudo de la familia Carrara, dos profetas.

Iconografía de las cuatro paredes
inferiores
en las paredes del cuerpo bajo cúbico
del Baptisterio se representaron las Vidas de la Virgen, de Cristo
y también de San Juan Bautista, como precursor del Mesías
y su vinculación al sacramento bautismal.

Escenas como La Anunciación, las Bodas de
Caná, la Crucifixión o la Resurrección se
pintaron situando los hechos en arquitecturas ilusionistas para
reforzar la dimensión histórica de los relatos.

Iconografía apocalíptica de las
pinturas del ábside
en la pared este, en el ábside cupulado,
se extiende el más completo Ciclo del Apocalipsis, conformado
por cuarenta y tres escenas que no tienen parangón en las
pinturas murales del Medievo europeo. Son protagonistas una de
las visiones apocalípticas con Cristo entronizado con el
Cordero degollado sobre sus piernas y el Libro de la Vida a un
lado, Junto a Jesús está el tetramorfos. Rodean
su mandorla ancianos con instrumentos musicales y copas y por
un San Juan Evangelista que presencia con temor esta sobrecogedora
teofanía.

En la pequeña cúpula la representación
corresponde al pasaje de Pentecostés o la Venida del Espíritu
Santo, protagonizado por otro Pantocrátor y la presencia
de María y los doce apóstoles con lenguas de fuego
sobre sus cabezas.

Este espacio es muy interesante porque la representación
de episodios apocalípticos alcanza un nivel de detalles
enorme, como los Jinetes del Apocalipsis o la primera visión
de San Juan de Cristo con una espada en la boca, siete estrellas
y siete candeleros.
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El importante mecenazgo de Fina Buzzaccarini
El mecenazgo femenino de Fina Buzzaccarini
resulta más que evidente en los episodios más sentimentales
y emotivos de la Salvación, aunque sin perder de vista
la intención encomiástica y celebratoria del Baptisterio.
Veremos cómo, a lo largo de todo el
ciclo, el artista introducirá hombres y mujeres contemporáneos,
un ejercicio de modernización y secularización de
la historia sagrada muy en boga en el siglo XIV.
Se representan personajes de la corte carrarese,
como Francesco Petrarca, pero se prestará especial atención
a las mujeres: la hermana de Fina, sor Anna Buzzaccarini, aparece
en la escena de la Imposición del Nombre, mientras que
en la del Nacimiento de Juan Bautista, la propia Fina asiste al
acontecimiento con sus tres hijas, marcando un momento de profunda
espiritualidad femenina compartida.
Restauraciones de las pinturas del Baptisterio
y su integración en Padova Urbs Picta de la UNESCO
en general, el estado de conservación
de los frescos del Baptisterio de la Catedral de Padua es bueno,
aunque las infiltraciones de agua han provocado daños en
las pinturas a lo largo del tiempo. La primera campaña
de restauración para solventar este mal se llevó
a cabo en 1806, sometiendo al conjunto a un pesado repinte; y
se revisará de manera sistemática hasta 1984, cuando
fue instalada una placa de plomo para contrarrestar el ascenso
capilar de las humedades. También sufrió los embates
de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando la Catedral
fue bombardeada y el Baptisterio fue seriamente dañado.

Entre 2021-2022 gozó de una ambiciosa
campaña de restauración para integrarlo en el conjunto
"Padova Urbs Picta - Series de frescos del siglo XIV"
junto con la Capilla Scrovegni, la Iglesia de los Santos Eremitas,
el Palacio de la Razón, la Capilla de la Reggia Carrarere,
la Basílica y el Convento de San Antonio, el oratorio de
San Jorge y el oratorio de San Miguel. Este conjunto fue declarado
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2021.
