Biografía
de Alfonso III El Magno. Rey de Asturias
Biografía
del monarca asturiano Alfonso III, "El Magno"
Estimulado
por las conquistas de su padre, Ordoño I, que tomó
las ciudades de León y Astorga, Alfonso III extenderá
la frontera astur hasta el Valle del Duero, repoblando a su paso
amplias áreas territoriales. Combatió a los nobles
disidentes, contuvo los particularismos regionales y diezmó
al enemigo islámico. Gracias a su vigorosa personalidad y
a una sabia política de alianzas, pudo consolidar el reino
astur, que alcanzó su máxima expansión y madurez
bajo su mandato.
Sin embargo, no podemos
reducir su biografía al terreno de la política, puesto
que el Rey Magno fue además un gran impulsor de la cultura
y de las artes, aspectos que completan el perfil del que fue probablemente
el monarca más importante en la historia del reino astur.
La
expansión territorial
En el año 866, inmediatamente
después de la muerte de su progenitor, Alfonso III tuvo que
afrontar la rebelión del conde gallego Fruela Bermúdez,
que impidió su acceso al trono.
Refugiado
en Castilla bajo la protección del conde Rodrigo, esperó
a que los fideles regis dieran muerte al usurpador para recuperar
el solio regio. Pero no terminaron ahí sus sobresaltos, ya
que en el año 867, el Rey Magno tuvo que someter a los indómitos
vascones.
Recibe nuevos reportajes
y noticias sobre arte e historia medieval
Suscríbete
gratis a nuestro boletín y descubre periódicamente catedrales, iglesias,
monasterios y tesoros del patrimonio histórico.
Suscribirme gratis
Las revueltas nobiliarias
y las tendencias separatistas que proliferan en los extremos occidental
y oriental de su reino obligarán a Alfonso III a imponer
su autoridad a través de un centralismo político que
le permite mantener la cohesión de sus territorios. De cara
al exterior, el Rey Magno se aprovecha de los sucesivos levantamientos
de bereberes, árabes y muladíes contra el poder Omeya,
firmando alianzas con los disidentes. Los Banu Qasi zaragozanos,
Ibn Marwan en Mérida o Umar Ben Hafsun en la serranía
de Ronda se convertirán en sus aliados ocasionales. Además,
su matrimonio con Jimena le acerca a Pamplona, lo que le servirá
para estabilizar la frontera oriental.

Inicia su campaña
expansiva por el oeste, donde conquista el territorio que se extiende
al sur del Miño, ocupando las ciudades de Oporto y Chaves
en el 868. También caen Braga, Lamego y Viseo. Diez años
más tarde alcanza la otra orilla del Duero y toma Coimbra,
con lo que sitúa la frontera en el Mondego. Con motivo de
la rebelión de Ben Hafsum, Alfonso III se interna por Sierra
Morena, llegando hasta el Guadiana, donde derrota al emir Muhammad
I en la batalla de Oxifer, que pondría punto final a su campaña
occidental.
El Rey Magno va modelando
una ideología justificadora de las conquistas. Barbero y
Vigil señalan que fue rompiendo progresivamente las arcaicas
instituciones cántabro-astures para propugnar una vuelta
a lo visigodo, tendencia que habían apuntado sus antecesores,
pero no desarrollado como hasta ahora. Para ello, se apoyó
en la historiografía, que él mismo potenció
para generar la creencia de que el reino astur era el continuador
del reino visigodo de Toledo.
Al oeste, Alfonso III tiene
que hacer frente a las ofensivas del príncipe al-Mundhir,
hijo del emir Muhammad I, que provocan continuos enfrentamientos
entre el 875 y el 883. Sus primeras incursiones tuvieron lugar en
León y el Bierzo, pero fracasaron. La contraofensiva astur
se salda con la toma de Deza y Atienza. La respuesta musulmana no
se hace esperar, en el año 878 al-Mundhir dirige sus tropas
de nuevo hacia León y Astorga, mientras que Salid ben Ganim
llega hasta el Órbigo. El Rey Magno, sin esperar a que ambos
ejércitos se unan, sale al paso del segundo, a quien derrota
en la batalla de Polvoraria, lugar situado en la confluencia de
los ríos Órbigo y Esla. Al Mundhir se retira, pero
Alfonso III le intercepta en el valle de Valdemora, donde le derrota.
En el verano del año
882, al Mundhir se dirige de nuevo hacia el norte, remonta el Ebro
y se interna en La Rioja, consiguiendo pequeños triunfos,
pero evitando la confrontación con el monarca astur. Alfonso
III firma un acuerdo con el príncipe musulmán a través
del que se produce un intercambio de prisioneros y la retirada de
las tropas emirales.

Las campañas militares
finalizan en el año 884, cuando Muhammad I y Alfonso III
firman un acuerdo de paz. Ambos tienen que dedicarse a estabilizar
sus reinos. El Rey Magno se encuentra con un levantamiento de sus
hermanos Froila, Odoario y Vermudo, que se hacen fuertes en Astorga.
A ellos les siguen otros condes, pero rápidamente son sofocados
y ajusticiados.
Los problemas internos en
el emirato de Córdoba facilitan la expansión hacia
Zamora, que cae en el 893 y Dueñas, en el centro de los Campos
Góticos. A principios del siglo X, el Mahdi Ibn-al-Quitt,
apoyado por bereberes, trata de recuperar Zamora, pero no lo consigue.
Castilla, territorio considerado tradicionalmente bajo dominio astur,
aunque sus condes actúen de manera relativamente independiente,
comienza a ampliar también sus dominios a través de
los cursos de los ríos Arlanza y Arlanzón. En el 884,
el conde Diego Rodríguez funda Burgos.
Las conquistas vienen acompañadas
por el fenómeno repoblador. Gentes del norte y mozárabes
procedentes del sur, se instalan en las nuevas tierras, en las que
los monasterios comienzan a jugar un papel fundamental. En esta
época se fundan el de Cardeña (884), en Burgos y San
Pedro de Montes y Santiago de Peñalba, en el Bierzo. San
Froilán y San Atilano fundan Tavara y Moreruela. Sahagún,
arrasado por al-Mundhir en una de sus campañas, se reconstruye
en el 904 y se repuebla con monjes mozárabes, al igual que
San Miguel de Escalada en el 913, una vez muerto el Rey Magno.
Sampiro nos cuenta como
a su vuelta de una campaña en Toledo, hacia el año
906 o 907, Alfonso III se enfrenta con una rebelión organizada
por sus propios hijos. Apresa a García, pero ante las presiones
recibidas abdica y se retira a su residencia en Boides. En el año
910 muere en Zamora, repartiéndose su reino entre sus hijos.
Alfonso
III, promotor de la cultura y el arte
Durante el mandato del Rey
Magno, se recopiló una escogida biblioteca y se potenció
la realización de estudios historiográficos, con una
intención política, como hemos visto. Fruto de este
esfuerzo fue la elaboración de la llamada Crónica
de Alfonso III. También se redactaron la Crónica Profética
y la Albeldense, que junto con la anterior configuran el primer
ciclo cronístico de la Reconquista.
En el plano artístico,
el monarca astur hizo crecer los barrios de Oviedo, fortificando
la ciudad entre los años 872 y 875. Allí construyó
obras civiles, como la Foncalada, una fuente que todavía
hoy puede verse en plena ciudad moderna. En el valle de Boides,
próximo a Villaviciosa, creó un conjunto de pabellones
reales unido a una capilla palatina. De ellos sólo se ha
conservado la iglesia, que al estar próxima al monasterio
cisterciense de Santa María de Valdediós se la conoce
actualmente como San Salvador de Valdediós.

A orillas del río
Trubia, funda la iglesia de los santos mártires Adriano y
Natalia, hoy conocida como San Adriano de Tuñón. Además,
mandó construir la desaparecida iglesia del Salvador, dentro
del castillo de Gozón, fortaleza costera que edificó
para prevenir nuevos ataques normandos. Bajo su reinado, pero no
por su iniciativa, se crearon las iglesias de Santiago de Gobiendes
y San Salvador de Priesca.
Fuera
de Asturias, a petición de Sisnando, obispo de Compostela,
reemplazó el antiguo santuario que cobijaba al Apóstol
por un templo que, por su envergadura e importancia, debió
de constituir el ejemplo más valioso de la etapa final del
arte astur. Fue incendiado en el 997 por Almanzor, hasta que años
más tarde, el edificio románico acabó por sepultar
la primitiva construcción.
En el mencionado castillo
de Gozón existió un taller de orfebrería cuyos
trabajos muestran influencias de los centros de San Denís
y Milán, por lo que sus relaciones con el exterior debieron
de ser evidentes. De allí salieron piezas tan valiosas como
la cruz que Alfonso III ordenó fabricar para adornar la basílica
de Compostela, desaparecida en el año 1906 o la impresionante
Cruz de la Victoria, concluida en el año 908, que fue donada
a la catedral de Oviedo, donde se conserva en la actualidad, en
la Cámara Santa. Además, del taller de Gozón
salieron dos relicarios, el de la caja de las Ágatas, conservado
también en la Cámara Santa y una caja-relicario conservada
en Astorga.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Mario Agudo)