Biografía
de Blanca I de Navarra
Blanca I de Navarra (Pamplona
1385- Santa María la Real de Nieva 1441). Reina de Navarra
(1425- 1441), Aragón y Sicilia (como consorte entre 1402
y 1409 y luego como titular entre 1409 y 1415) y condesa de Nemours.

Hija de Carlos III, rey
de Navarra y Leonor de Trastámara, hija de Enrique II de
Castilla. Casa en dos ocasiones, la primera con Martín, rey
de Sicilia - para quien no era el primer matrimonio- y en segundas
nupcias con Juan II de Aragón. Gracias a ambos matrimonios,
Blanca será reina de extensos territorios que gobernará
de forma ejemplar.
Vida
Blanca nace del matrimonio
establecido entre Carlos III el Noble, rey de Navarra y Leonor de
Trastámara. Pasa su infancia en Castilla donde recibe una
educación exquisita, acorde con el grupo social al que pertenecía.
El reinado de su padre en Navarra fue excelente, dejando primero
a su hija Juana, luego a Blanca, un reino pacífico, tranquilo
y con las arcas llenas.

En
1402 es obligada a casarse con el rey de Sicilia, Martín
el Joven, mayor que ella. Blanca, que tenía una fuerte personalidad,
se niega a tal unión pero su padre, lejos de aceptar la negativa
de su hija, decide recluirla un tiempo en el castillo de Pañaflor
con el objetivo de hacerla cambiar de opinión. Finalmente
Blanca casa con el soberano con el que tan solo convivirá
siete años durante los cuales pasan largas temporadas separados
ya que el monarca se ausentaba continuamente debido a las diversas
empresas militares que llevaba a cabo. De este matrimonio nacerá
Martín quien muere a los pocos meses de vida.
En 1408, debido a uno de
estos viajes, Blanca queda como regente del reino pero Martín
no regresará ya que fue infectado con unas fiebres que le
llevaron a la muerte en 1409. En este momento se decide que Blanca
continúe al frente de la corona, tal vez debido a que había
demostrado con creces sus habilidades políticas en un tiempo
convulso.
La monarca estuvo, por tanto,
al mando del reino italiano hasta 1415, año en el que fallece
su hermana mayor, Juana-quien estaba destinada a ser la reina Navarra
tras la muerte de su padre, ya que no había sobrevivido ningún
hijo varón-. Su padre, Carlos III, le pide que regrese a
territorio español pues a su muerte debía ser ella
quien heredase el trono. Por ello decide regresar a Navarra donde,
a su pesar, le espera un nuevo compromiso matrimonial con un príncipe
mucho menor que ella: Juan II de Aragón. Antes del compromiso
formal, Carlos III estudió minuciosamente otras opciones
que nunca llegaron a buen puerto pues no terminaban de convencer
al navarro.

En 1416 es proclamada heredera
al trono navarro por las Cortes, reunidas en Olite. Tras su designación,
el vecino reino de Aragón, ve en la unión del hermano
de Alfonso V el Magnánimo-Juan- y Blanca, una fuente de poder
que beneficiaría a ambos territorios. Por este motivo el
aragonés pide la mano de Blanca-que ya estaba en la treintena-
para Juan, de poco más de veinte. El acuerdo matrimonial
se firma en noviembre de 1419 y de él nacerán cuatro
hijos: Blanca, Juana, Carlos- Príncipe de Viana-, y Leonor,
que heredaría el trono de Navarra.

Así Blanca
casa en 1420 con Juan II de Aragón (1458- 1479) quien, desde
el momento de la muerte de Carlos III- padre de Blanca-, ocurrida
en 1425, se hace con el poder absoluto del territorio que debía
reinar su esposa. Tal es la ambición del aragonés
que, una vez fallecida Blanca, no permite que el hijo de ambos-
Carlos de Viana- gobierne el territorio que legítimamente
le correspondía. El resultado del desencuentro entre padre
e hijo fue una guerra civil.
Guerra
Civil
Blanca muere
en 1441, tan solo un día después de la boda de su
hija. Con su fallecimiento se abrirá un gran problema sucesorio
ya que la reina registró en su testamento que debía
ser su hijo, el Príncipe de Viana, quien heredase el trono
pero no sin el consentimiento de su padre, Juan II.

Los problemas
entre ambos se agravaron al entrometerse la segunda esposa de Juan
II, Juana Enríquez y Fernández de Córdoba,
en los asuntos dinásticos. Ésta, que ambicionaba más
poder, alentó a su esposo a luchar por el trono navarro,
hecho que no hizo sino enfrentar más directamente a padre
e hijo. Las crónicas cuentan que fue ésta quien dio
muerte a su hijastro tras envenenarlo.

De este modo,
y teniendo en cuenta el carácter excesivamente decidido del
aragonés, la transición fue un gran problema que terminó
con una guerra civil que enfrentó a Juan II de Aragón
(cuyos partidarios fueron bautizados como agramonteses) y a su hijo,
el Príncipe de Viana (conocidos como beaumonteses). Mientras
que el primero aseguraba que la corona debía ser para él,
el segundo no se conformó con la cláusula, especialmente
tras el nuevo matrimonio de su padre que, según el Príncipe,
inhabilitaba los acuerdos suscritos por su madre antes de su fallecimiento.
Tras diversos
intentos del joven, fue finalmente su padre quien ocupó el
trono que más tarde pasaría a Fernando El Católico.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
Ana Molina Reguilón)