Introducción
En
el extremo sur de la provincia de Córdoba, a unos 75 kilómetros
de la capital y no lejos de los límites con la vecina provincia
de Jaén, la población de Zuheros con sus aproximadamente
700 habitantes se asienta en un escarpado paraje rodeado de olivares
a los mismos pies de la Sierra de Cabra, formando parte del Parque
Natural de las Sierras Subbeticas Cordobesas.

Su estampa ya desde la lejanía se revela como
la típica postal de la Andalucía interior, con su
abigarrado caserío de blancas fachadas extendiéndose
a lo largo de la ladera coronada en uno de sus extremos por los
restos de su castillo. Fue declarado Conjunto Histórico-Artístico
en el año 2003.
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El castillo de Zuheros
Las primeras referencias del castillo de Zuheros
se remontan al siglo IX, cuando soldados Banu Himsi levantan una
primera fortificación llamada "Sujayrat" con
el fin de defender varias alquerías o asentamientos dispersos
a los pies de la Sierra de Cabra.

A finales del siglo XII durante la dominación
almohade, Sujayrat (traducible como "peña" o
"peñasco") aparece ya como hábitat poblacional
estable formando parte de la Cora de Elvira, ampliándose
el castillo y las defensas amuralladas que rodeaban el caserío.
Tras la caída de la población en manos
cristianas en tiempos de Fernando III El Santo, la fortaleza queda
bajo jurisdicción señorial jugando un importante
papel en la defensa de la frontera sur con el Reino Nazarí.
Posteriormente Alfonso X el Sabio lo cede al Infante Don Juan
pero, tras el incumplimiento de un acuerdo, su sucesor Sancho
IV el Bravo ordena que pase a propiedad del Consejo de Córdoba
en 1293.

Ya en el siglo XV la fortaleza de Zuheros pasa a
manos de la Casa de los Donceles, quiénes establecen un
mayorazgo que participaría activamente primero en la Batalla
de Lucena y posteriormente en la Toma de Granada, tras la cual,
y ya alejada cualquier tipo de amenaza islámica, la población
de Zuheros crece rebasando incluso los límites del propio
cinturón amurallado y el castillo es ampliado mediante
la adición de un cuerpo palaciego.
Así pues el castillo de Zuheros, en su estado
actual, se yergue majestuoso sobre un espolón rocoso en
el extremo noroccidental del caserío, abriéndose
en sus costados sur y este un espacio placeado protegido por la
muralla, y al norte y oeste un escarpado e inaccesible acantilado
que ejerce de protección natural.

De la primitiva construcción de los siglos
IX y X apenas ha llegado a nuestros días el aljibe, que
sería reaprovechado en el siglo XII por los almohades cuando
levantan el torreón prismático y la cinta amurallada
a base de mampostería enripiada y fortalecida por sillares
de mayor relieve en los ángulos.

Aunque en la actualidad el acceso se acomete a ras
de plaza, en origen la puerta de entrada se abría en altura
con finalidad defensiva, siendo solo abordable a través
de escaleras o estructuras provisionales de madera. A continuación,
un pequeño patio de armas daba acceso a un espacio polivalente
en dos pisos que serviría tanto para resguardo de la guarnición
como para vivienda del alcaide.
La torre del homenaje, reforzada y almenada las la
conquista cristiana, corona el vertical penacho rocoso, siendo
accesible en origen a través de escaleras talladas en la
propia roca viva.
Tras la conquista de Granada y obrando la fortaleza
en poder de los Fernández de Córdoba, se acomete
una ampliación bajo planos de Hernán Ruiz consistente
en la adición de una estructura palaciega de estética
plenamente renacentista a base de muros de sillería.

Este palacio permanecería en pleno uso durante
un par de siglos, pero en el siglo XVIII al quedar deshabitado
tras la extinción del señorío de Zuheros,
fue utilizado como cantera para la construcción de viviendas
de la localidad, conservándose tan solo algunos paredones
desportillados.

El conjunto fortificado fue sometido a una concienzuda
y acertada restauración en 1960.
Amén de su castillo y el pintoresco casco
urbano, conserva Zuheros otros elementos de interés, como
su modesto Museo Arqueológico; la iglesia de Nuestra Señora
de los Remedios, de estilo barroco y en cuyo interior de conserva
una de las esculturas de la Virgen más antiguas de Andalucía
y, ya fuera del casco urbano, la conocida como Cueva de los Murciélagos,
en cuyo interior han ido siendo descubiertos interesantes restos
del Neolítico.
(Autor del texto del artículo
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
