Guía de la Catedral de Palma de Mallorca,
Islas Baleares
Introducción
La
historia de la catedral de Palma de
Mallorca -la Seu- arranca con la conquista cristiana de 1229 y
se prolonga, con fases sucesivas, hasta bien entrado el siglo
XVII, seguida luego por una cadena casi ininterrumpida de reformas
y restauraciones modernas y contemporáneas. Es un edificio
cuya evolución refleja muy de cerca la historia política
y religiosa de la isla, desde el reino privativo de Mallorca hasta
la integración definitiva en la Corona de Aragón
y la adaptación litúrgica tras Trento
Tras la conquista de Madina Mayurqa por Jaime
I en 1229, el monarca ordenó consagrar la mezquita mayor
a Santa María, convirtiéndola en templo cristiano
mientras se proyectaba un edificio catedralicio de nueva planta.
La decisión se ligó tanto al programa de cristianización
de la ciudad como a un fuerte componente simbólico: sustituir
el principal edificio religioso islámico por una catedral
acorde con el nuevo poder cristiano.

Los primeros documentos alusivos a la obra
catedralicia se sitúan ya en torno a 1230, con consagraciones
parciales del altar mayor a cargo del obispo Pere de Morella,
señal de que el espacio de culto cristiano se iba reconfigurando
sobre y junto a la antigua mezquita. Durante varias décadas
coexistieron usos y estructuras heredadas del edificio islámico
con las primeras intervenciones propiamente góticas, mientras
la mezquita se iba demoliendo progresivamente a medida que avanzaban
las obras.

La tradición documental situaba el arranque
de la nueva catedral gótica hacia 1306, aunque estudios
recientes adelantan el inicio efectivo de la fábrica a
la segunda mitad del siglo XIII, pocos decenios después
de la conquista. Bajo el reinado de Jaime II de Mallorca (1276-1311)
se impulsó la construcción del nuevo templo, comenzando
por la cabecera y el área de la futura Capilla Real, que
debía acoger los sepulcros de los monarcas del reino privativo
mallorquín.

Entre inicios y mediados del siglo XIV se definió
el esquema esencial de la Seu, sobre el solar ya liberado de la
antigua mezquita: una gran iglesia gótica de tradición
mediterránea, con tres naves sin girola ni crucero marcado
y triple cabecera absidal, abierta hacia la bahía. Participaron
maestros como Berenguer de Montagut en el desarrollo de las naves
y la extracción y transporte de grandes sillares desde
la cala de Portals Vells, cuyo acantilado quedó horadado
por enormes cavidades de cantería.

A mediados del siglo XIV se acometió
de forma sistemática la construcción de las tres
naves, con sucesivas campañas de alzado de pilares, arbotantes
y bóvedas de crucería, que a finales de siglo ya
daban a la catedral una silueta reconocible sobre el frente marítimo.
Paralelamente se fueron abriendo las primeras capillas laterales
entre los contrafuertes, un sistema que acabaría configurando
un denso cinturón devocional de dieciséis capillas
en torno al espacio principal.

En el tramo final del siglo XIV se inició
el portal del Mirador, orientado al mar, y se documenta la intervención
de escultores y maestros como Guillem Oliveres, Pere Morei, Jean
de Valenciennes, Henry el Alemán y Guillem Sagrera, que
dotaron al conjunto de una destacada portada gótica monumental.
Durante el siglo XV se prosiguió la construcción
de capillas y estructuras exteriores, y se levantó el portal
de la Almoina, cerrando así el programa de accesos principales
de la catedral medieval.

En el siglo XVI, bajo el impulso del obispo
Juan Vich y Manrique de Lara, se completaron los dos últimos
tramos que faltaban hacia la fachada occidental, rematando la
estructura de las naves hasta el frente principal. El 29 de julio
de 1587 se colocó la última clave de bóveda
de la nave, un hito que señalaba la culminación
del gran espacio interior continuo característico del gótico
levantino mallorquín.
Entre 1594 y 1601 se construyó el Portal
Mayor, configurando la gran fachada occidental que vertebra la
relación de la catedral con la ciudad, y en 1601 se celebró
la solemne consagración del templo, tras casi tres siglos
de trabajos ininterrumpidos. Aun así, las obras y remates
continuaron durante décadas, de modo que la fábrica
puede considerarse concluida, en sentido amplio, hacia la década
de 1630.
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Durante la Edad Moderna, la catedral fue adaptando
su interior a las exigencias litúrgicas y estéticas
de cada época, incorporando elementos renacentistas y barrocos
en retablos, mobiliario y organización del coro, sin alterar
sustancialmente la envolvente gótica. La posición
preeminente de la Seu en la vida eclesiástica y cívica
de Mallorca se consolidó en estos siglos, acompañando
procesos como la recepción de las disposiciones tridentinas
y la configuración del cabildo catedralicio moderno.
Entre los siglos XIX y XX se abordaron diversas
campañas de restauración que afectaron especialmente
al interior, con traslados del coro y modificaciones de la disposición
litúrgica, reflejando los debates contemporáneos
sobre la lectura histórica del monumento. En las últimas
décadas, la catedral ha sido objeto de estudios histórico-constructivos
que han permitido precisar cronologías, técnicas
de cantería y fases de obra, reforzando su consideración
como uno de los grandes templos góticos mediterráneos.

Arquitectura
La catedral de Palma de Mallorca es hoy un
gran templo de gótico levantino, transformado por las reformas
de los siglos XIX y XX y por la intervención de Gaudí,
pero reconocible aún como una de las grandes iglesias-salón
del Mediterráneo. Su arquitectura combina una planta gótica
de tres naves muy altas con un potente sistema de contrafuertes
y arbotantes exteriores, grandes ventanales y un rosetón
excepcional, junto a una compleja historia de restauraciones estructurales
y litúrgicas que han configurado su aspecto actual.

El templo se alza sobre las antiguas murallas,
literalmente asomado al mar, lo que le confiere una silueta longitudinal
dominante sobre la bahía, rasgo único entre las
catedrales góticas europeas. En su estado actual, la catedral
alcanza unos 121 m de longitud y unos 55 m de anchura máxima,
con una superficie aproximada de 6.600 m² y un volumen interior
cercano a los 160.000 m³.
La nave central se eleva hasta unos 44-45 m
de altura bajo bóveda, lo que la sitúa entre las
más altas del gótico europeo, solo ligeramente por
debajo de Beauvais y Milán, y por encima de Colonia. Esta
desproporción vertical, sobre una planta relativamente
compacta, refuerza la sensación de espacio unitario y ascensional
que se percibe nada más entrar.
Interior
La Catedral responde al modelo de gótico
levantino, que se aparta del esquema francés de cruz latina
con girola y crucero muy marcado. El trazado actual es el de una
gran iglesia de tres naves sin girola, con cabecera triple absidal
alineada y una planta de salón de inspiración alemana,
aunque con clara jerarquía de alturas (nave central superior
a las laterales), lo que la hace un tipo intermedio entre salón
y basílica clásica.

Las naves se organizan en varios tramos rectangulares
muy profundos, de modo que cada módulo responde a la distancia
entre contrafuertes donde se insertan las capillas laterales.
La ausencia de crucero saliente confiere al interior una continuidad
espacial que produce el efecto de "gran sala gótica"
en la que el recorrido desde la fachada hasta la cabecera funciona
como un único "espacio-camino".
Pilares y bóvedas
Las bóvedas pétreas se sostienen
mediante esbeltos pilares de sección octogonal, sin haces
de columnillas adosadas, que trabajan al límite de las
posibilidades mecánicas de la piedra y concentran en elementos
muy finos la carga de las citadas altas bóvedas de crucería.
La altura de estos soportes y la relativa ligereza de su sección
crean la impresión de una trama estructural casi desmaterializada,
acentuando el carácter diáfano del interior. Estos
pilares se coronan es su parte superior de una especia de cimacios
con decoración fitomorfa.

Las naves se cubren con bóvedas de crucería
gótica simple o cuatripartita, cuyos empujes exteriores
se recogen mediante robustos contrafuertes y arbotantes que articulan
las fachadas laterales. Estudios recientes sobre la estabilidad
de las bóvedas han puesto de manifiesto la delicada relación
entre el peso de las cubiertas, el viento marino y el sistema
de contrarresto, razón por la que en las últimas
décadas se han realizado exhaustivos análisis estructurales
y escaneos 3D para controlar deformaciones y fisuras.
Sin embargo, ello no quiere decir que no haya indicios
de problemas estructurales como en casi todos los grandes edificios
góticos de grandes dimensiones. En el interior es fácil
observar que los pilares octogonales que reciben los arcos diagonales
y perpiaños no están rectos verticalmente sino que
tienen una curvatura hacia dentro del templo. Esto es consecuencia
de que, si los empujes al exterior están bien contrarrestados,
los arcos perpiaños y diagonales de las naves laterales
ejercen un empuje sin contrarresto interior.
Luz, rosetón y vidrieras
Uno de los elementos más característicos
del estado actual del templo es el gran rosetón de la cabecera,
de unos 13 metros de diámetro, considerado el mayor rosetón
original del gótico europeo. Su posición en el testero
oriental, combinado con las altas vidrieras de la nave central,
convierte la luz en protagonista del espacio, con juegos cromáticos
muy marcados en determinadas horas del día.

Entre 1903 y 1914 Antoni Gaudí dirigió
una importante reforma interior con el objetivo de adaptar la
catedral a los criterios litúrgicos contemporáneos
y resaltar su estructura gótica. Desmontó el gran
retablo barroco del presbiterio, trasladó el coro desde
el centro de la nave hacia el área presbiteral y proyectó
un baldaquino-sagrario colgante sobre el altar mayor, que hoy
constituye uno de los elementos más singulares del espacio.

También abrió y despejó
ventanales góticos, incorporó nuevas vidrieras,
reorganizó el mobiliario litúrgico y diseñó
elementos como los púlpitos y parte de la iluminación,
integrando formas y materiales modernos en el marco medieval.
Aunque su proyecto no se llevó a término en su totalidad,
el estado interior actual -visión despejada de la nave,
protagonismo del presbiterio, continuidad visual hacia la cabecera-
no se entiende sin esta intervención.
En efecto, las grandes ventanas apuntadas,
reabiertas y acondicionadas en parte durante la intervención
de Gaudí, incorporan completos ciclos de vidrieras que
filtran la intensa luz mediterránea. El resultado es un
interior en el que la masa pétrea se percibe suavizada
por una iluminación cambiante, reforzando el carácter
casi inmaterial de las bóvedas y de los pilares.
El elemento más rompedoramente contemporáneo
y de la mayor controversia ha sido la remodelación del
interior del ábside, hoy conocido como Capilla del Santísimo,
y que es obra del artista mallorquín Miquel Barceló.
El proyecto se fraguó hacia el año 2001 y fue aprobado
por el Cabildo Catedralicio. Esta obra consiste en una inmensa
capa de cerámica que se modeló y coció en
un horno de Nápoles. Su ensamblaje en el interior de la
catedral finalizó en mayo de 2005. Las vidrieras que acompañan
al mural se colocaron posteriormente, a finales de 2006. El conjunto
fue inaugurado finalmente en 2007, culminando un proyecto de más
de cinco años. Iconográfica y simbólicamente
esta obra viene a representar una especie de cueva y se ocupa
del milagro de la multiplicación de los panes y los peces
y del episodio bíblico de las Bodas de Caná, como
prefiguraciones de la Eucaristía cristiana. Para ello se
representaron pulpos, bancos de peces y olas, conviviendo con
elementos agrícolas de la isla como higos, granadas y panes
resquebrajados. En el centro del muro principal, aparece la silueta
de un Cristo resucitado.

Exterior
Exteriormente, la catedral se presenta como
una potente caja gótica con sistemas de contrafuertes y
pináculos que marcan verticalmente las naves, especialmente
perceptibles en la fachada sur sobre el mar. El estado actual
de la fachada occidental es fruto de una profunda reforma en el
siglo XIX, dirigida a resolver graves problemas estructurales
y a recomponer por completo su lenguaje arquitectónico.

Portal Mayor
El Portal Mayor, hoy integrado en esa fachada
reconstruida, combina elementos renacentistas con una composición
deudora de la restauración historicista decimonónica.

El tímpano realizado en 1594 es muy
interesante pues además de una estatua de la Virgen, se
colocaron diversos relieves que tienen que ver con títulos
asignado a María, procedentes de las Letanías lauretanas,
el Cantar de los Cantares, el Libro de Sabiduría y el Eclesiástico.
Por eso encontramos objetos como la Estrella de la Mana, Sol radiante
y Luna hermosa, Casa de Oro, Puerta del Cielo, Torre de David,
Espejo de Justicia, además de plantas marianas como la
rosa mística, el cedro, la palmera y el lirio, entre otros.

Portal del Mirador
En el lateral meridional se conservan la gran
obra gótica conocida como Portal del Mirador construido
entre los siglos XIV y XV, cuyo programa escultórico y
embocadura en profundidad mantienen la lectura original de gran
acceso monumental hacia el mar.

En el parteluz encontramos a la Virgen con el Niño
y en las jambas las estatuas de San Pedro, San Pablo, San Juan
Bautista, Santiago y San Andrés. Estos personajes bíblicos
están encima de bustos humanos con filacterias cuya interpretación
es controvertida pues se han reconocido como atlantes, profetas
del Antiguo Testamento y los 24 ancianos del Apocalipsis.

Muy relevante es el tímpano que, aunque con
importantes mutilaciones, representa en dos frisos superpuestos
una poco habitual representación en este tipo de portadas
monumentales góticas: el Trono de Gracia.

Debajo, en el registro inferior, aparece una muy
detallado Última Cena.

En una de las arquivoltas -la exterior- se
esculpieron y encastraron ángeles con instrumentos musicales.
En la interior lo representado son importantes sabios, patriarcas
y profetas del Antiguo Testamento como Moisés, los reyes
David y Salomón, los profetas Eliseo, Isaías y Daniel,
el patriarca Abraham junto a Isaac y Jacob y también a
Jonás y el pez marino.
Torre campanario
El campanario, de planta aproximadamente cuadrada
y adosado al costado, se integra en el volumen general sin adquirir
el protagonismo aislado de otros ejemplos góticos, reforzando
la imagen de bloque unitario. El cuerpo de campanas de anima con
tres niveles de huecos para las campanas con arcos ojivales y
decoración de tracerías.

Capillas laterales
Entre los contrafuertes de las naves se despliega
un cinturón de capillas laterales que, en su configuración
actual, presentan una notable variedad de estilos y reformas internas,
pero mantienen el marco gótico original de arcos apuntados
y bóvedas de crucería. Estas capillas conforman
un anillo devocional continuo que envuelve el gran espacio central,
pero siempre subordinado estructuralmente a los muros y contrafuertes
principales.
Cabecera
La cabecera muestra tres ábsides alineados,
con la Capilla Real en el centro, de mayor altura y amplitud,
que articula la transición entre el gran volumen de naves
y la zona presbiteral. Gaudí, al desplazar el coro y reordenar
el presbiterio, potenció la lectura visual de esta cabecera
tripartita, de modo que en la actualidad se percibe con claridad
la jerarquía de la capilla axial sobre las laterales.

Durante los siglos XIX y XX se acometieron
grandes restauraciones que afectaron a la fachada occidental,
cubiertas y elementos estructurales, culminando en la actual imagen
exterior relativamente homogénea, pese a su compleja gestación.
En las últimas décadas se han desarrollado campañas
de conservación basadas en estudios geométricos
y escaneos láser, que han permitido detectar movimientos,
asentamientos y patologías de las bóvedas y de los
contrafuertes, orientando intervenciones muy puntuales y respetuosas
con la fábrica histórica.
El resultado es una catedral que, en su estado
presente, se percibe como un conjunto gótico unitario de
enorme potencia espacial, aun siendo el fruto de superposiciones
históricas, rehacimientos de fachada y reinterpretaciones
litúrgicas contemporáneas. Esta síntesis
entre plantilla medieval, correcciones estructurales modernas
y relectura gaudiniana convierte a la Seu en un caso singular
dentro del gótico mediterráneo, ejemplar para comprender
cómo un gran templo histórico puede seguir adaptándose
sin perder su identidad arquitectónica esencial.