El
Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas tiene su origen
en un palacio mudéjar construido por el rey Alfonso XI
en torno al año 1340 con motivo de la victoria en la batalla
del Salado, financiado con el botín obtenido en dicha contienda.
Este palacio, llamado Pelea de Benimerín, fue levantado
con una clara estética islámica y sirvió
inicialmente como residencia para Leonor de Guzmán, favorita
de Alfonso XI.

Posteriormente, en 1363, el palacio fue transformado
en un convento de monjas clarisas por la infanta doña Beatriz,
hija de Pedro I de Castilla, quien recibió el consentimiento
real y también una bula papal en 1365 que amparó
la fundación del monasterio. Así, el palacio mudéjar
dejó de ser residencia civil para convertirse en espacio
monástico, adaptando sus estructuras y ampliándose
en etapas posteriores, siempre con un claro vínculo con
acontecimientos históricos relevantes de Castilla y España.
Fachada principal
Para acceder al complejo de Santa Clara de Tordesillas
hay que atravesar el patio parcialmente porticado que tenía
función de Compás de Espera monástico y,
a su vez, fue el patio de armas del palacio de Alfonso XI. Enseguida,
el amante del arte reconocerá una no muy grande pero suntuosa
fachada muy influida por el arte almohade. El vano de entrada
es rectangular pues en lugar de arco se empleó un dintel
adovelado con dovelas dentadas para su mejor encaje.

Encima del dintel hay una inscripción en árabe.
Igualmente la puerta tiene otras dos losas talladas con sendas
inscripciones cristianas. La más importante es la lápida
conmemorativa que rememora la victoria del monarca castellano
Alfonso Xi en la Batalla de Salado contra los benimerines en 1340.
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Encima hay un ventanal ajimezado con dos arcos angrelados
apuntados que se apoyan en dos columnas laterales más la
central o parteluz. De estos arcos polilobulados surgen arcos
murales ciegos de perfil mixtilíneo (combinación
de cuartos de semicircunferencia y ángulos rectos) para
que al cruzarse generen una sebka. Aunque es un motivo muy empleado
por los almohades, como se puede comprobar en los muros de la
Giralda (antiguo alminar de la mezquita aljama de Sevilla), este
tipo de arcos mixtilíneos formando sebkas los encontramos
en el Palacio de La Aljafería, que pertenece al periodo
Taifa (siglo XI).

Vestíbulo o Zaguán
Desde el esta puerta se accede a una estancia de
planta cuadra no muy grande, que era el vestíbulo o zaguán
y que también se la conoce como Capilla Mudéjar.

Aquí el visitante ya empieza a gozar de una
estética mudéjar exuberante. Se combinan grandes
arcos polilobulados con estructuras adinteladas donde la decoración
participa de la terna habitual del arte andalusí: lacerías
(diseños geométricos complejos), atauriques (formas
vegetales) y epigrafía (caracteres cúficos ornamentales).
En estos últimos hay algunos textos árabes reales
como "El Poder" o "La Soberanía" "La
Bendición", "No hay vencedor sino Dios".

Sin embargo otros muchos caracteres cúficos
son meramente decorativos y no ofrecen ningún relato verdadero.
Muy interesantes son las representaciones de animales
reales y fantásticos representados en las yesería
e inscritos en medallones geométricos. Encontramos nereidas
con peces en sus manos, centauros acompañados de perros,
esfinges, leones y ciervos.

En las enjutas de los arcos polilobulados y en los
espacio entre éstos y la puerta hay pinturas murales del
gótico lineal o estilo franco-gótico. Se conservan
parcialmente aunque ha perdido algunas zonas de la representación
y viveza en los colores. Se trata de santos y santas como Santigo
el Mayor, San Cristóbal portando a Cristo, María
Magdalena y La Virgen frente a San Gabriel.

Por su parte, El techo de esta sala es una bóveda
de crucería de plementos enfoscados y arcos diagonales
de ladrillo.
Patio Árabe
El Patio Árabe es una de las partes mejor
conservadas de este antiguo palacio. Se considera que su función
primordial pudo haber sido la de articular las dependencias palatinas
que lo rodeaban, incluyendo posiblemente la célebre Capilla
Dorada, actuando como un vestíbulo o un espacio de transición
cubierto.

El Patio Árabe presenta una planta cuadrada
de pequeñas dimensiones y está envuelto por una
galería de arquerías. La composición de las
arcadas es uno de los rasgos más distintivos y bellos del
conjunto. Cada uno de los cuatro lienzos del patio está
compuesto por dos arcos. Los arcos varían en su tipología,
combinando los arcos de herradura con los polilobulados (angrelados),
creando un rico dinamismo visual.

La decoración se centra especialmente en las
enjutas de estos arcos y en las fajas de los muros. Estas superficies
están ricamente trabajadas con yeserías de una calidad
excepcional. La ornamentación es predominantemente de carácter
vegetal o ataurique, con motivos naturalistas como roleos y hojas
de vid que se repiten con gran profusión. En definitiva,
esta decoración evoca la ornamentación de los palacios
nazaríes.

Las arquerías se sustentan sobre columnas
con capiteles de piedra caliza, que presentan un diseño
con doble fila de hojas lisas, siguiendo modelos que tienen ecos
en el arte nazarí.
Iglesia
La iglesia del monasterio es un edificio principalmente
gótico, de una sola nave, con bóvedas de crucería
con tercelete construidas en piedra y ladrillo.

Destaca especialmente su monumental armadura mudéjar
localizada en la capilla mayor, una de las muestras más
sobresalientes de este arte en España, decorada con motivos
de lacería y piñas mocárabes. En el friso
decorativo, que sostiene la estructura, se observan pinturas góticas
que representan a Cristo, María y diversos santos.

La capilla de los Saldaña, del siglo XV y
de un espectacular estilo gótico flamígero, ubicada
dentro de la iglesia, presenta un gran refinamiento escultórico
y un retablo en forma de tríptico que destaca por su elegancia.
La sillería del coro pertenece al siglo XVII, siendo en
origen el salón principal del palacio convertido en coro
monástico.

En el siglo XVIII, la iglesia experimentó
una importante reforma, principalmente en su abovedamiento y el
retablo mayor, el cual fue encargado en 1730 al escultor Pedro
de Correas, quien realizó una obra renacentista en alabastro
de gran calidad.
Capilla Dorada
La Capilla Dorada del Real Monasterio de Santa Clara
de Tordesillas es, sin duda, uno de los tesoros arquitectónicos
más significativos del conjunto, siendo uno de los elementos
mejor conservados del Palacio Real que precedió al convento
de las Clarisas.
Se cree que la Capilla Dorada fue el espacio central
del palacio mandado construir por Alfonso XI (siglo XIV) y embellecido
posteriormente por Pedro I, funcionando como la cámara
donde el rey celebraba audiencias o donde se ubicaba su sitial,
irradiando prestigio y poder a través de su fastuosa decoración.
De hecho, el adyacente Patio Árabe fue ideado precisamente
para articular y dar acceso a las dependencias palatinas que rodeaban
este salón principal.

Arquitectónicamente, la Capilla Dorada corresponde
al modelo de qubba, o sala de planta cuadrada cubierta por una
cúpula, típico de las estancias nobles y salones
del trono en la arquitectura islámica y que fue plenamente
asimilado por los reyes cristianos en sus palacios mudéjares
(como en el Alcázar de Sevilla).
El interior de los muros de la capilla está
ricamente decorado por un sistema de arquerías ciegas entrecruzadas.
En este diseño, se alternan con maestría el arco
apuntado lobulado con el arco de herradura.

Las arquerías descansan sobre columnas de
piedra, coronadas con capiteles que combinan elementos de tipo
corintio evolucionado con claras influencias nazaríes en
sus detalles. Las enjutas y los frisos que recorren los muros
estuvieron originalmente cubiertos por una profusión de
yeserías de motivos vegetales o ataurique, similares a
las vistas en el Patio Árabe, aunque los restauradores
posteriores han tenido que intervenir en gran medida en esta superficie.
El elemento más impresionante y el que da
nombre a la estancia es su cubierta: una cúpula semiesférica
de planta de dieciséis lados que descansa sobre trompas
cónicas en los ángulos.

Originalmente, esta cúpula estaba decorada
con una intrincada lacería geométrica de madera
y yeso. El nombre de "Dorada" proviene de la intensa
policromía y profusión de dorados (pan de oro) que
cubrían tanto la carpintería como los elementos
de estuco. El brillo del oro bajo la luz que se filtraba creaba
un ambiente de inigualable magnificencia.
La cúpula y las zonas de transición
(los arrocabes o frisos) estaban adornadas con un conjunto de
pinturas góticas lineales de gran valor. Estas franjas
pintadas presentaban figuras de santos, o incluso motivos más
profanos o fantásticos, como criaturas monstruosas (dragones,
arpías) y figuras humanas. Destaca la representación
de la Adoración de los Magos.

Tristemente, un incendio posterior destruyó
gran parte de la ornamentación original de la cúpula,
incluyendo la profusa aplicación de pan de oro que la hizo
famosa. La cúpula que se observa hoy es fruto de un gran
trabajo de restauración, que busca evocar la riqueza perdida,
aunque el esplendor de los dorados originales se haya atenuado.
Baños Reales
Los Baños Árabes, o Hamm?m, del Real
Monasterio de Santa Clara de Tordesillas, son un testimonio arquitectónico
de valor incalculable. Considerados uno de los mejores ejemplares
de baños islámicos conservados en la Península
Ibérica fuera de Andalucía, representan la asimilación
del refinamiento y las costumbres andalusíes por parte
de la monarquía cristiana de Castilla en el siglo XIV.
Su existencia subraya el carácter palaciego original del
conjunto, levantado sobre estructuras previas, y la predilección
por la estética islámica que marcó el reinado
de Alfonso XI y, posteriormente, el de su hijo Pedro I.

Aunque el palacio de Tordesillas se asocia fuertemente
con Pedro I, quien lo transformó y embelleció, los
baños presentan rasgos que sugieren una cronología
más temprana. La evidencia clave reside en las pinturas
murales de la sala fría (o frigidarium), donde se conservan
escudos heráldicos con las armas de Doña Leonor
de Guzmán (un león rampante sin corona y calderos),
la amante de Alfonso XI. Esta impronta heráldica apunta
a que la construcción del hammam se realizó, o al
menos se decoró, bajo el mecenazgo de Alfonso XI y su favorita,
antes de que Pedro I se asentase en el lugar.
La edificación, realizada principalmente en
tapial y ladrillo, se concibió como un anexo vital, aunque
hoy aparezca como una construcción separada en la parte
oriental del complejo. Su función no era solo higiénica,
sino también social y ritual, siguiendo la tradición
de los baños públicos islámicos.

Los baños de Tordesillas siguen la clásica
distribución tripartita del hammam, pensada para guiar
al bañista a través de un recorrido progresivo de
temperaturas.
Sala Fría (Frigidarium): es la primera estancia
tras un vestíbulo o sala de acceso. Esta sala, destinada
a la aclimatación y el reposo, es la que mejor conserva
los vestigios decorativos originales. Además de los mencionados
escudos de Leonor de Guzmán, las paredes muestran restos
de pinturas murales con motivos geométricos de lacería,
típicos del arte mudéjar, cubriendo las superficies
con un patrón repetitivo (horror vacui). En este caso apreciamos
líneas en rojo oscuro que al cruzarse crean patrones de
estrellas de ocho puntas, estrellas de cinco puntas y hexágonos.
Igualmente encontamos combinaciones de círculos concéntricos
unidos a otros de menor diámetro y cruces. También
encontramos un escudo heráldico correspondiente a Doña
Leonor de Guzmán, preferida de Alfonso XI.

Sala Templada (Tepidarium): esta estancia servía
de transición entre el frío y el calor. Era el espacio
más amplio, donde se solía permanecer más
tiempo, conversando o recibiendo masajes.

Sala Caliente (Caldarium): la última y más
pequeña de las salas, destinada a baños de vapor
y sudoración. Su calefacción se lograba mediante
un sistema de hipocausto (circulación de aire caliente
bajo el suelo y a través de conductos verticales en los
muros), alimentado por una caldera que calentaba el agua, probablemente
una gran paila de cobre, cuyos restos de conductos se han identificado
en el grosor de los muros.
Desde el punto de vista arquitectónico, la
sala intermedia es la más importante. Es un espacio cuadrado
de pequeñas dimensiones (6,5 metros de lado) organizado
en espacios cuadrados mediante cuatro columnas que pudieron ser
de acarreo aunque no se conoce su procedencia.

Estas columnas de baja altura soportan los arcos
de herradura. Las bóvedas son de arista y están
horadadas por lucernarios con forma de estrella de ocho puntas.
Estas bóvedas están pintadas como lo están
los zócalos de los muros que se decoraron con polígonos
y formas geométricas con formas de estrella.
Patio del Vergel
El Patio del Vergel o Claustro del Vergel ocupa el
emplazamiento de lo que fue el patio principal y núcleo
del primitivo palacio de Pedro I. Este espacio original, que pudo
haber tenido rasgos similares al Patio de las Doncellas del Alcázar
de Sevilla, reflejaba la fascinación del monarca por la
sofisticación del arte andalusí. Se concibió
como un gran patio mudéjar, rodeado de estancias alargadas,
de las cuales solo se conserva el llamado Salón del Aljibe
con su arco de ingreso decorado con yeserías.

Tras la conversión del palacio en convento
de monjas Clarisas, el espacio fue sufriendo profundas transformaciones
a lo largo de los siglos. El Patio del Vergel que vemos hoy es
un ejemplo de la arquitectura clasicista vallisoletana del siglo
XVII atribuido principalmente a Francisco de Praves.

Es un sobrio rectángulo de piedra de cantería
de traza clasicista dominante. Cuenta con dos pisos. Las galerías
del inferior se abren al patio central mediante aros de medio
punto sin ninguna decoración que se apoyan en pilares.
El piso superior es casi idéntico aunque lleva arcos carpaneles.