Historia de Santo Domingo de
Bonaval
Santo Domingo de Bonaval
fue un convento dominico situado en el arrabal homónimo
de Santiago de Compostela, al nordeste de la ciudad. El edificio
se sitúa junto a la principal vía de entrada a la
ciudad por el Camino Francés. Fue construido en el siglo
XIII.

Algunos
historiadores relacionaron su fundación con una hipotética
peregrinación del santo titular a Santiago en 1219, de
la que no se ha encontrado ninguna documentación. La primera
vez que aparece documentado el monasterio es en el testamento
de Juan Eubraldo, en 1228. En 1230 los monjes compraron unas tierras
junto a la cabecera de la iglesia, y de este documento se deduce
que en esta fecha ya existía la iglesia.

En la construcción de Santo Domingo de Bonaval
se deben diferenciar tres etapas, aunque la configuración
actual de la mayor parte del edificio es de época barroca.
En un primer momento, a comienzos del siglo XIII, se debió
de construir un primitivo convento y la iglesia. De esta primera
fase tan sólo se conserva el alzado del templo y restos
escultóricos como el tímpano de la fachada principal,
algunos capiteles del claustro, y seis cruces inscritas en círculos,
que se labraron en los muros laterales en el momento de su consagración.

Entre los últimos años del siglo XIII
y los primeros del XIV se realizó una reforma, con el objeto
de ampliar la iglesia por su cabecera, utilizándose el
espacio de las dos capillas laterales para construir el transepto.
A comienzos del siglo XV se situaron en la capilla mayor cuatro
sepulcros para los enterramientos de los condes de Altamira, y
se realizó una reforma que afecto a toda la estructura
de este espacio.

Pero la principal reforma del conjunto conventual,
que afectó tanto a la iglesia como a sus dependencias,
tuvo lugar a comienzos del XVIII, bajo la dirección del
arquitecto Domingo de Andrade, y el patrocinio del arzobispo Antonio
de Monroy (1685-1715). Estas obras supusieron una modificación
de todo el templo, del que tan sólo se conservó
su alzado, la cabecera, y los pilares que separan las naves. Las
estancias conventuales se renovaron por completo, aunque el claustro
mantuvo el mismo emplazamiento original.

En el siglo XIX el convento de Santo Domingo de
Bonaval se vio afectado por los procesos desamortizadores
y entró a formar parte de los bienes del municipio de Santiago,
instalándose aquí un hospicio y un colegio para
discapacitados. En los primeros años del franquismo el
edificio quedó sin uso, y en la década de los 60
se acondicionaron sus dependencias para acoger un Museo Municipal.
En 1976 los edificios conventuales se acondicionaron para otra
institución museística, dedicada al Pueblo Gallego,
inaugurada en 1977. En las capillas de la Visitación y
del Santo Cristo de la iglesia se encuentra el Panteón
de Gallegos Ilustres, que alberga, entre otros, los túmulos
de Rosalía de Castro, Ramón Cabanillas, y Alfredo
Bañas. Por la misma época los terrenos que ocupaban
las huertas fueron acondicionados como un parque público.
La iglesia
El templo tiene planta de cruz latina con tres naves
de cinco tramos, la central de mayores dimensiones, que rematan
en otras tantas capillas absidiales de planta poligonal, y un
transepto. Tanto el aspecto interior como exterior nos remite
a las formas típicas de la arquitectura gótica de
las Órdenes Mendicantes en Galicia.

Lo más espectacular es su cabecera con un
gran ábside principal poligonal con enormes contrafuertes
escalonados en los vértices. Cada paño liso está
rasgado por ventanales ojivales muy alargados. Los ábsidiolos
laterales son mucho más bajos.

En el campo de la imaginería destacamos la
talla gótico renacentista de Nuestra Señora de Bonaval.

Un aspecto que no ha de pasar desapercibido es el
interesante conjunto de capiteles figurados que encontramos en
la cabecera y el transepto. La mayor parte de ellos inciden en
temas zoomorfos, concretamente en dos animales fabulosos muy extendidos
en el tardorrománico español (Talleres de Silos,
Mateo, etc.) como arpías y dragones.

Originalmente el espacio del cuerpo de la iglesia
con sus tres naves debía cubrirse con un artesonado de
madera, pero en el siglo XVIII fue sustituido por bóvedas
de arista. Los arcos formeros que separan las tres naves son de
medio punto, y apoyan en capiteles decorados con formas vegetales
y esbeltas columnas.

La portada principal del templo se demolió
a mediados del siglo XVII y fue sustituida por la actual. Su tímpano
se trasladó a la puerta "de los carros", y en
la actualidad se conserva en el Museo catedralicio de Santiago.
Se trata de un tímpano semicircular que evidencia una portada
con un arco de medio punto, con una representación de la
Entrada de Cristo a Jerusalén. También se han conservado
en el Museo de Pontevedra dos dovelas con decoración figurativa
procedente de la misma portada, que representan a Cristo bendiciendo,
y a santo Domingo, portando una filacteria.
El convento
Las dependencias conventuales se articulan en torno
al claustro. Tiene cuatro pandas con dos alturas, y arcadas de
medio punto con pilastras decoradas con formas vegetales, cruces
santiaguistas, y la heráldica de los condes de Altamira.

Otro de los elementos más destacados del edificio
barroco es la escalera helicoidal triple. Está formada
por tres escaleras independientes, que se entrecruzan formando
una espiral ascendente, y cada una de ellas permite el acceso
a diferentes salas. Los peldaños se encuentran embutidos
en el muro, y apoyados en un pequeño nervio exterior decorado
con una moldura.
El Museo del Pueblo Gallego
El Museo del Pueblo Gallego abrió sus
puertas en el año 1977. Es un museo de carácter
etnográfico y antropológico, en donde se propone
al visitante un recorrido por la cultura tradicional del pueblo
gallego, sus costumbres, y sus tradiciones. Se articula en torno
a nueve salas, dedicadas al mar, el campo, los oficios artesanales,
la música, el traje, la arquitectura y el hábitat,
las artes plásticas, la sociedad, y la memoria y tradición.
Sus fondos están compuestos fundamentalmente de piezas
etnográficas, aunque también hay objetos artísticos
y arqueológicos, siendo en su mayor parte donaciones de
particulares y de los patronos del Museo. También organiza
de forma regular exposiciones temporales de diversa temática,
relacionadas con gallegos ilustres, o con colecciones artísticas
de singular interés.

(Autores del texto
del artículo de ARTEGUIAS:
Víctor López Lorente y David de la Garma)
