Entre el 21 y el 28 de septiembre tuvo
lugar la esperada segunda edición del aclamado Viaje Guiado
ARTEGUIAS "El Color de las Iglesias Bizantinas en Ática,
Beocia y Peloponeso, Patrimonio de la Humanidad", un completo
recorrido por el legado arquitectónico del grandioso Imperio
Bizantino a lo largo de la Grecia meridional.

El domingo por la mañana nos
reunimos en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Atenas, donde
nos esperaba nuestro autobús privado para iniciar el viaje.
Pusimos rumbo a nuestra primera parada, no sin antes detenernos
a contemplar el impresionante Canal de Corinto. A media tarde,
llegaríamos al tranquilo pueblo de Agia Triada, donde se
encuentra la encantadora iglesia de Koimisi Theotokos. Datada
en torno al siglo XII, sus armónicas proporciones nos sirvieron
de modelo para explicar los principios básicos de la arquitectura
bizantina.

Tras una merecida pausa para un café
en una popular pastelería de la zona, reanudamos el camino
hacia nuestro céntrico hotel en Esparta, ciudad que sería
nuestra sede durante los próximos cuatros días.
El lunes por la mañana pasamos
por la localidad de Skala para conocer su iglesia de Agios Georgios.
Fuimos amablemente recibidos por sus vecinos, que nos mostraron
el aprecio que sienten por este humilde pero sereno templo.

Desde aquí seguimos hacia el
coqueto pueblecito de Monemvasía, una ciudadela medieval
erigida sobre un peñón bañado por azulísimas
aguas. Disfrutamos de un buen rato libre para pasear por sus pintorescas
callejas y comprar bonitos souvenirs, antes de sentarnos a comer
en un rico restaurante con vistas al mar.
Pasamos la tarde en Geraki, conocida
como la "pequeña Mistras" por sus numerosos templos
bizantinos, muchos de ellos aún policromados.

Nosotros nos centramos en cuatro de
ellas: Agios Athanasios, Agios Sozon, la diminuta Evangelistria
y la más moderna de Agios Ioannis Chrysostomos.

Las tres primeras tiene frescos parcialmente
conservados. Sin embargo, la de Agios Ioannis conserva un completo
repertorio de pasajes del Evangelio, así como representación
de santos, todo datado en el siglo XIV, lo que nos permitió
sumergirnos de lleno en el color de estos templos.

Tras esta completa tarde, disfrutamos
de un refresco en los animados bares de la plaza mayor de la localidad,
antes de regresar a nuestro hotel de Esparta.

El martes por la mañana nos adentramos
en la desconocida península de Mani. Bordeando las insondables
costas mediterráneas, llegamos al monasterio de Dekoulou,
uno de los edificios postbizantinamos más renombrados de
la zona. Aunque su importancia histórica es indiscutible,
sobresale por sus alicientes artísticos, desde el delicadísimo
iconostasio barroco hasta el bellísimo zodiaco cristológico
de la cúpula.

De camino a nuestra siguiente visita,
paramos en una agradable terraza para coger fuerzas para ascender
las empinadas cuestas de Kastania.
Kastania es un tranquilo pueblo de montaña
que cuenta con una decena de iglesias, de las cuales nosotros
elegimos tres. Empezamos por la diminuta Agios Ioannis, tan coqueta
que más parece una maqueta. Poco a poco, fuimos subiendo
hasta Agios Petros, recientemente sometida a un dedicado proceso
de restauración que bien le ha merecido el premio Europa
Nostra. Finalmente, descendimos hasta Agios Nikolaos, que presenta
una curiosa colección de pinturas murales postbizantinas
de lo más "naif".

Como el día estaba soleado, nos
detuvimos en la localidad costera de Stoupa para comer, donde
disfrutamos de una deliciosa parrillada de carne frente al mar.
Con esto, pusimos rumbo Esparta, de
la que nos encontrábamos a cierta distancia. Para aligerar
el camino, hicimos una parada en la alegre localidad marinera
de Gition, cuyo colorido puerto parece sacado directamente de
una postal.
El miércoles por la mañana
visitamos el monasterio de los Cuarenta Mártires de Crisafa,
uno de los principales centros espirituales del centro de Grecia.
Su sobrecogedora iglesia presenta un soberbio conjunto pictórico
realizado por el celebrado pintor Georgios Moschos en el siglo
XVII. Además, al tratarse de un monasterio habitado, pudimos
conocer de primera mano la rutina de sus monjes, que amablemente
nos recibieron y nos prepararon un tentempié. Una experiencia
muy enriquecedora.

Después, visitamos la iglesia
de Zoodochos Pigi Samarinas, ubicada en un aislado olivar, lejos
de la civilización. Este paraje incomparable hizo las delicias
de los fotógrafos del grupo, pues ofrecía una bella
instantánea de la Grecia más rural.

Después de una comida familiar
en el propio hotel de Esparta, pasamos la tarde en la mítica
Mistras.

Se trata de una ancestral ciudad imperial,
construida en la ladera del monte Taigeto, que conserva construcciones
de los siglos XIII-XV tales como murallas, residencias palatinas
y numerosas iglesias bizantinas, claves para entender el desarrollo
de la historia helena.

Comenzamos la visita por la señorial
Metrópoli y fuimos ascendiendo lentamente por las iglesias
de Evangelistria, San Teodoro y Odighitria hasta la joya de Pantanassa,
aún hoy habitada por una pequeña comunidad de monjas
que ha contribuido a la preservación de sus frescos.

Regresamos por última vez a Esparta
para cenar y hacer las maletas, pues al día siguiente emprenderíamos
el camino hacia la región de Beocia.
Dedicamos el jueves al Yacimiento de
Epidauro. Empezamos visitando su Museo Arqueológico, que
alberga numerosas piezas de época arcaica, como instrumentos
médicos, cerámicas, estatuas, exvotos, etc. Continuamos
recorriendo el recinto hasta el Santuario de Asclepio, principal
templo curativo de la antigüedad, y visitamos los restos
que integraban el conjunto, como el gimnasio, el tholos, los baños,
las fuentes o los distintos altares.
Finalizamos la visita en el aclamado
Teatro, donde pusimos a prueba su acústica perfecta además
de tomarnos una foto de grupo.

Para comer, nos fuimos a otro pueblo
costero, el vital Nafplio, plagado de encantadoras callejuelas
repletas de flores y tiendecitas. Pronto volvimos a la carretera,
pues pasaríamos las siguientes dos noches en un lujoso
hotel ubicado en el puerto de montaña de Arachova.
Pasamos la mañana del viernes en el monasterio de Osios
Loukas, el monumento más importante de toda la Grecia medieval.
Magníficamente conservado, bien merece su calificación
como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Recorrimos con calma todas sus estancias,
dejándonos impresionar por los riquísimos mosaicos
dorados del nártex. Tras deambular por sus dos magnificas
iglesias, entramos en la delicada cripta decorada de Santa Bárbara
y finalizamos la visita en su pequeño museo, que recoge
algunas piezas encontradas durante las excavaciones y que nos
ayudaron a situar el monasterio en su contexto.

A continuación, dispusimos de
un rato libre para fotografiar el templo, comprar los iconos artesanales
pintados por sus monjes y tomarnos los cafés que muy amablemente
habían preparado para nosotros.
Tras una riquísima comida tradicional
en un restaurante de la Delfos moderna, pasamos la tarde en el
fantástico Conjunto Arqueológico cercano.

Empezamos por el interesantísimo
museo, donde pudimos contemplar de cerca obras tan icónicas
como la Esfinge de Naxos, Kleobis y Bitón, y por supuesto,
el magnífico Auriga de Delfos, junto al que nos tomamos
una foto de familia. Después pasamos al Santuario, y a
través de los restos de los Tesoros, el Teatro o el Oráculo
de la Pitia, fuimos desentrañando los secretos del que
fue el principal centro del poder político y espiritual
de la Grecia antigua.

El sábado por la mañana
regresamos a Atenas, que sería nuestra sede para los últimos
dos días. Aquí nos esperaban dos de sus principales
monasterios. En primer lugar, visitamos el de Daphni, una exquisita
fundación imperial del siglo XI, cuya importancia histórica
y espléndidos mosaicos le merecieron el sello de Patrimonio
de la Humanidad de la UNESCO en 1990.

Escondido entre los bosques del monte
Imeto nos esperaba el monasterio de Kaisariani. Se trata de un
antiquísimo complejo de gran eclecticismo, posiblemente
construido sobre un templo consagrado a Afrodita, en el que conviven
también elementos paleocristianos, medievales y posbizantinos.

Tras una riquísima comida en
un moderno restaurante de la zona, nuestro autobús nos
dejó en el centro de Atenas, dándonos la posibilidad
de disfrutar de una tarde libre, que cada uno aprovecho a su antojo:
visitando museos, paseando por el barrio de Plaka o comprando
souvenirs en los "infinitos" bazares de la Plaza Monastiraki
o de la Calle Pandrossou.

Al caer la noche, nos reunimos para
dirigirnos todos juntos a un nuevo hotel en las cercanías
de la capital, donde celebramos una última cena familiar
antes de regresar a España.
Aprovechamos nuestra última mañana
en el país heleno para visitar la iglesia de Kapnikarea,
ubicada en la Avenida Ermou, una de las arterias comerciales de
Atenas. Nos llamó la atención el contraste entre
este humilde templo medieval y los modernos edificios que lo rodean.
Aquí pudimos presenciar, siempre desde el respeto, una
misa ortodoxa, ofreciéndonos una nueva perspectiva de la
liturgia bizantina.
No muy lejos de allí se encuentran
la gran Metrópoli moderna y la Mikrí Mitropoli,
una controvertida construcción completamente forrada por
relieves de acarreo que dificultan su datación, y que pasamos
un buen rato tratando de desentrañar.

A esta hora, las calles empezaban a
llenarse de gente y aprovechamos para sentamos a desayunar en
las animadas terrazas de la calle Evangelistria, antes de dirigirnos
hacia el aeropuerto, llegando a Madrid a media tarde.
Muchas gracias a todos por acompañarnos
en este viaje tan especial, esperamos veros de nuevo muy pronto.