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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: El color de las Iglesias Bizantinas en Ática, Beocia y Peloponeso (Grecia). Del 21 al 28 de septiembre de 2025



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Crónica e imágenes del Viaje Guiado: El color de las Iglesias Bizantinas en Ática, Beocia y Peloponeso (Grecia). Del 21 al 28 de septiembre de 2025

Entre el 21 y el 28 de septiembre tuvo lugar la esperada segunda edición del aclamado Viaje Guiado ARTEGUIAS "El Color de las Iglesias Bizantinas en Ática, Beocia y Peloponeso, Patrimonio de la Humanidad", un completo recorrido por el legado arquitectónico del grandioso Imperio Bizantino a lo largo de la Grecia meridional.

Viaje por la Grecia bizantina

El domingo por la mañana nos reunimos en el Aeropuerto Madrid-Barajas con destino Atenas, donde nos esperaba nuestro autobús privado para iniciar el viaje. Pusimos rumbo a nuestra primera parada, no sin antes detenernos a contemplar el impresionante Canal de Corinto. A media tarde, llegaríamos al tranquilo pueblo de Agia Triada, donde se encuentra la encantadora iglesia de Koimisi Theotokos. Datada en torno al siglo XII, sus armónicas proporciones nos sirvieron de modelo para explicar los principios básicos de la arquitectura bizantina.

Agia Triada

Tras una merecida pausa para un café en una popular pastelería de la zona, reanudamos el camino hacia nuestro céntrico hotel en Esparta, ciudad que sería nuestra sede durante los próximos cuatros días.

El lunes por la mañana pasamos por la localidad de Skala para conocer su iglesia de Agios Georgios. Fuimos amablemente recibidos por sus vecinos, que nos mostraron el aprecio que sienten por este humilde pero sereno templo.

Ante la iglesia de San Jorge de Skala, del siglo X

Desde aquí seguimos hacia el coqueto pueblecito de Monemvasía, una ciudadela medieval erigida sobre un peñón bañado por azulísimas aguas. Disfrutamos de un buen rato libre para pasear por sus pintorescas callejas y comprar bonitos souvenirs, antes de sentarnos a comer en un rico restaurante con vistas al mar.

Pasamos la tarde en Geraki, conocida como la "pequeña Mistras" por sus numerosos templos bizantinos, muchos de ellos aún policromados.

Foto de familia ante Agios Athanasios de Geraki

Nosotros nos centramos en cuatro de ellas: Agios Athanasios, Agios Sozon, la diminuta Evangelistria y la más moderna de Agios Ioannis Chrysostomos.

Geraki: Agios Sozon

Las tres primeras tiene frescos parcialmente conservados. Sin embargo, la de Agios Ioannis conserva un completo repertorio de pasajes del Evangelio, así como representación de santos, todo datado en el siglo XIV, lo que nos permitió sumergirnos de lleno en el color de estos templos.

Alumbrando las magníficas pinturas de una de las iglesias de Geraki

Tras esta completa tarde, disfrutamos de un refresco en los animados bares de la plaza mayor de la localidad, antes de regresar a nuestro hotel de Esparta.

Evangelista San Juan en Una de las iglesias de Geraki

El martes por la mañana nos adentramos en la desconocida península de Mani. Bordeando las insondables costas mediterráneas, llegamos al monasterio de Dekoulou, uno de los edificios postbizantinamos más renombrados de la zona. Aunque su importancia histórica es indiscutible, sobresale por sus alicientes artísticos, desde el delicadísimo iconostasio barroco hasta el bellísimo zodiaco cristológico de la cúpula.

Rodeados por todos los costados de pinturas (Monasterio de Dekoulou)

De camino a nuestra siguiente visita, paramos en una agradable terraza para coger fuerzas para ascender las empinadas cuestas de Kastania.

Kastania es un tranquilo pueblo de montaña que cuenta con una decena de iglesias, de las cuales nosotros elegimos tres. Empezamos por la diminuta Agios Ioannis, tan coqueta que más parece una maqueta. Poco a poco, fuimos subiendo hasta Agios Petros, recientemente sometida a un dedicado proceso de restauración que bien le ha merecido el premio Europa Nostra. Finalmente, descendimos hasta Agios Nikolaos, que presenta una curiosa colección de pinturas murales postbizantinas de lo más "naif".

Pintura mural de la iglesia bizantina de San Pedro de Kastania

Como el día estaba soleado, nos detuvimos en la localidad costera de Stoupa para comer, donde disfrutamos de una deliciosa parrillada de carne frente al mar.

Con esto, pusimos rumbo Esparta, de la que nos encontrábamos a cierta distancia. Para aligerar el camino, hicimos una parada en la alegre localidad marinera de Gition, cuyo colorido puerto parece sacado directamente de una postal.

El miércoles por la mañana visitamos el monasterio de los Cuarenta Mártires de Crisafa, uno de los principales centros espirituales del centro de Grecia. Su sobrecogedora iglesia presenta un soberbio conjunto pictórico realizado por el celebrado pintor Georgios Moschos en el siglo XVII. Además, al tratarse de un monasterio habitado, pudimos conocer de primera mano la rutina de sus monjes, que amablemente nos recibieron y nos prepararon un tentempié. Una experiencia muy enriquecedora.

En el nártex de Tesssarakonta

Después, visitamos la iglesia de Zoodochos Pigi Samarinas, ubicada en un aislado olivar, lejos de la civilización. Este paraje incomparable hizo las delicias de los fotógrafos del grupo, pues ofrecía una bella instantánea de la Grecia más rural.

En la iglesia de Samarina

Después de una comida familiar en el propio hotel de Esparta, pasamos la tarde en la mítica Mistras.

Posando ante la ciudad de Mistras

Se trata de una ancestral ciudad imperial, construida en la ladera del monte Taigeto, que conserva construcciones de los siglos XIII-XV tales como murallas, residencias palatinas y numerosas iglesias bizantinas, claves para entender el desarrollo de la historia helena.

Admirando los frescos de la iglesia de Pantanassa de Mistras

Comenzamos la visita por la señorial Metrópoli y fuimos ascendiendo lentamente por las iglesias de Evangelistria, San Teodoro y Odighitria hasta la joya de Pantanassa, aún hoy habitada por una pequeña comunidad de monjas que ha contribuido a la preservación de sus frescos.

Escudo imperial en la Metropoli de Mistras

Regresamos por última vez a Esparta para cenar y hacer las maletas, pues al día siguiente emprenderíamos el camino hacia la región de Beocia.

Dedicamos el jueves al Yacimiento de Epidauro. Empezamos visitando su Museo Arqueológico, que alberga numerosas piezas de época arcaica, como instrumentos médicos, cerámicas, estatuas, exvotos, etc. Continuamos recorriendo el recinto hasta el Santuario de Asclepio, principal templo curativo de la antigüedad, y visitamos los restos que integraban el conjunto, como el gimnasio, el tholos, los baños, las fuentes o los distintos altares.

Finalizamos la visita en el aclamado Teatro, donde pusimos a prueba su acústica perfecta además de tomarnos una foto de grupo.

Posando ante el impresionante Teatro de Epidauro

Para comer, nos fuimos a otro pueblo costero, el vital Nafplio, plagado de encantadoras callejuelas repletas de flores y tiendecitas. Pronto volvimos a la carretera, pues pasaríamos las siguientes dos noches en un lujoso hotel ubicado en el puerto de montaña de Arachova.
Pasamos la mañana del viernes en el monasterio de Osios Loukas, el monumento más importante de toda la Grecia medieval. Magníficamente conservado, bien merece su calificación como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

En el interior del katholikon de Osios Loukas

Recorrimos con calma todas sus estancias, dejándonos impresionar por los riquísimos mosaicos dorados del nártex. Tras deambular por sus dos magnificas iglesias, entramos en la delicada cripta decorada de Santa Bárbara y finalizamos la visita en su pequeño museo, que recoge algunas piezas encontradas durante las excavaciones y que nos ayudaron a situar el monasterio en su contexto.

Osios Loukas, Patrimonio de la Humanidad

A continuación, dispusimos de un rato libre para fotografiar el templo, comprar los iconos artesanales pintados por sus monjes y tomarnos los cafés que muy amablemente habían preparado para nosotros.

Tras una riquísima comida tradicional en un restaurante de la Delfos moderna, pasamos la tarde en el fantástico Conjunto Arqueológico cercano.

La esfinge de Delfos

Empezamos por el interesantísimo museo, donde pudimos contemplar de cerca obras tan icónicas como la Esfinge de Naxos, Kleobis y Bitón, y por supuesto, el magnífico Auriga de Delfos, junto al que nos tomamos una foto de familia. Después pasamos al Santuario, y a través de los restos de los Tesoros, el Teatro o el Oráculo de la Pitia, fuimos desentrañando los secretos del que fue el principal centro del poder político y espiritual de la Grecia antigua.

Posando delante de la famosa estatua de bronce del Auriga de Delfos

El sábado por la mañana regresamos a Atenas, que sería nuestra sede para los últimos dos días. Aquí nos esperaban dos de sus principales monasterios. En primer lugar, visitamos el de Daphni, una exquisita fundación imperial del siglo XI, cuya importancia histórica y espléndidos mosaicos le merecieron el sello de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1990.

Visita al Monasterio de Dafni

Escondido entre los bosques del monte Imeto nos esperaba el monasterio de Kaisariani. Se trata de un antiquísimo complejo de gran eclecticismo, posiblemente construido sobre un templo consagrado a Afrodita, en el que conviven también elementos paleocristianos, medievales y posbizantinos.

Kaisariani

Tras una riquísima comida en un moderno restaurante de la zona, nuestro autobús nos dejó en el centro de Atenas, dándonos la posibilidad de disfrutar de una tarde libre, que cada uno aprovecho a su antojo: visitando museos, paseando por el barrio de Plaka o comprando souvenirs en los "infinitos" bazares de la Plaza Monastiraki o de la Calle Pandrossou.

Plaza Monastiraki de Atenas

Al caer la noche, nos reunimos para dirigirnos todos juntos a un nuevo hotel en las cercanías de la capital, donde celebramos una última cena familiar antes de regresar a España.

Aprovechamos nuestra última mañana en el país heleno para visitar la iglesia de Kapnikarea, ubicada en la Avenida Ermou, una de las arterias comerciales de Atenas. Nos llamó la atención el contraste entre este humilde templo medieval y los modernos edificios que lo rodean. Aquí pudimos presenciar, siempre desde el respeto, una misa ortodoxa, ofreciéndonos una nueva perspectiva de la liturgia bizantina.

Foto de familia en Kapnikarea de Atenas

No muy lejos de allí se encuentran la gran Metrópoli moderna y la Mikrí Mitropoli, una controvertida construcción completamente forrada por relieves de acarreo que dificultan su datación, y que pasamos un buen rato tratando de desentrañar.

Iglesia Mikri Metropoli de Atenas

A esta hora, las calles empezaban a llenarse de gente y aprovechamos para sentamos a desayunar en las animadas terrazas de la calle Evangelistria, antes de dirigirnos hacia el aeropuerto, llegando a Madrid a media tarde.

Muchas gracias a todos por acompañarnos en este viaje tan especial, esperamos veros de nuevo muy pronto.

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