La iglesia de Santa María de la Antigua
se sitúa hoy en día en el mismo corazón urbano
de la ciudad de Valladolid, a espaldas tanto de la catedral
como de los restos de la vieja colegiata de Santa María
y en un despejado emplazamiento que, si cabe, ensalza aún
más su encanto, su monumentalidad y su fotogenia.

Esta
céntrica ubicación actual contrasta con la posición
que ocupaba en el viejo Valladolid medieval, ya que entonces la
iglesia de La Antigua se situaba en el extremo norte del caserío,
fuera del primitivo recinto amurallado y al borde mismo de uno
de los varios brazos en que se dividía el hoy artificialmente
encauzado y desviado río Esgueva antes de su desembocadura
en el Pisuerga.
La iglesia de Santa María de la Antigua, auténtico
icono monumental de la ciudad, es uno de los escasos testimonios
románicos conservados en Valladolid; y es que, a diferencia
de muchas otras capitales castellanas en las que han sobrevivido
decenas de parroquias románicas, la prosperidad y la pujanza
de la que históricamente gozó siempre la capital
castellana motivó que sus templos fueran sucesivamente
reformados o reconstruidos con el fin de ser adaptados a las modas
y gustos de cada época.

La parroquia de La Antigua, sin embargo, fue una excepción
a esta fiebre renovadora principalmente renacentista, herreriana
y barroca, siendo junto a los restos de la desmantelada colegiata
y a su gemela torre de San Martín, el único templo
medieval conservado completo en la ciudad vallisoletana. Fue declarada
Monumento Nacional en 1897.

Erigida sobre restos romanos, los primeros testimonios
de "Sancte Marie Antique" se remontan a finales del
siglo XI, concretamente al año 1088, siendo por lo tanto
anterior incluso a la fundación de la Colegiata de Santa
María (año 1095), de ahí probablemente su
apelativo diferenciador de "La Antigua".
Suele atribuirse el mandato de construir la iglesia
de Santa María de la Antigua al primero repoblador y después
señor de la ciudad de Valladolid Pedro Ansúrez,
de quien sí se sabe que levantó su palacio también
extramuros. Lo cierto es que, fuera o no su promotor directo,
el Conde Ansúrez, una vez fue consagrada la Colegiata de
Santa María la Mayor, pudo usar la parroquia de La Antigua
como capilla palatina.
De esa primitiva construcción de finales del
siglo XI nada ha llegado a nuestros días, siendo los únicos
restos románicos hoy conservados y visibles en la iglesia
(torre y galería porticada norte) los correspondientes
a una ampliación posterior que tiende a encuadrarse según
algunos estudiosos en los últimos años del siglo
XII, y según otros ya bien entrada la decimotercera centuria.

Aquejada casi desde sus orígenes de graves
problemas de estabilidad probablemente debidos a las humedades
y a una precaria cimentación fruto de su emplazamiento
junto al citado ramal del río Esgueva; ya a mediados del
siglo XIV en tiempos del rey Alfonso XI de Castilla fue necesaria
una ampliación y reforma en naves y cabecera, para las
cuales se siguieron los modelos goticistas puestos en práctica
en la catedral de Burgos.
Tras nuevas intervenciones durante el siglo XV (coro
alto, portada), a mediados del siglo XVI y ante una nueva amenaza
de desplome, se hizo cargo de su reforma el reputado arquitecto
Rodrigo Gil de Hontañón, quien para estabilizarla
plantearía nuevos sistemas de empujes y contrarrestos a
base de contrafuertes y pináculos.

Nuevas reformas y añadidos durante el siglo
XVIII como la sacristía o las capillas de la Soledad y
de las Ánimas enmascararían su entonces infravalorada
estructura gótica, sin embargo, sus seculares problemas
de estabilidad no pudieron ser nunca solventados hasta el punto
de que, ya en el siglo XX y tras ser presentados varios proyectos,
el arquitecto Adolfo Fernández Casanova concluyó
que la única solución para salvar el templo era
derribar totalmente el cuerpo de naves y reconstruirlo a la manera
neogótica respetando casi al cien por cien su morfología
original, unas obras que se prolongaron hasta 1952 en que la iglesia
fue de nuevo abierta al culto.
Así pues, a modo de esquema, la iglesia de Santa María
de la Antigua de Valladolid se compone de una primera fase constructiva
románica cuyos restos más patentes son la torre
de los pies y la galería porticada septentrional. Del siglo
XIV sería la estructura cabecera de triple ábside,
y ya neogóticos, fruto de la fiel reconstrucción
del siglo XX, el cuerpo de naves y el crucero.
La torre campanario
El elemento más característico y reconocible
del conjunto eclesial es la citada torre campanario románica,
levantada entre finales del XII y principios del XIII a los pies
del templo. Consta de un cuerpo bajo prismático rematado
con un espacio abovedado abierto al exterior mediante un ventanal
frontal.

Sobre él se yerguen otros tres cuerpos superiores
separados entre sí mediante impostas ajedrezadas y abiertos
cada uno de ellos en sus cuatro lados mediante ventanales o huecos
de campanas de medio punto perfilados por chambeadas de puntas
de clavo.
El propio planteamiento de las troneras a base de
vanos geminados en el cuerpo inferior, triple vano en el intermedio
y de nuevo vano geminado de mayor luz en el superior, colabora
a una mayor sensación de esbeltez, característica
también reforzada por las columnillas angulares del cubo
y el remate piramidal del chapitel a base de tejas cerámicas.

Este tipo de torres, apreciables también en
otros templos del ámbito vallisoletano como la iglesia
de San Martín de la propia capital o la parroquia de la
cercana villa de Simancas, así como en iglesias de la vecina
provincia de Palencia (Torremormojón, Paredes de Nava)
o incluso Segovia (San Esteban); tienden a emparentase con modelos
lombardos procedentes de Cataluña en virtud de las relaciones
que se establecerían fruto del casamiento entre María
Pérez, hija del Conde Ansúrez, con Armengol V de
Urgel, cuya estirpe durante un tiempo detentó el señorío
de la ciudad vallisoletana hasta su incorporación definitiva
a la Corona.

La galería porticada
La otra gran estructura románica conservada
en Santa María de la Antigua es su galería porticada
norte, en la actualidad bastante dañada y erosionada principalmente
por los efectos de la contaminación.

Se trata de una galería de catorce arcos de
medio punto divididos por contrafuertes de aire cisterciense en
tres tramos; dos de cinco arcos y otro de cuatro. Dichos arcos,
trasdosados por chambranas de puntas de diamante, descansan sobre
haces de tres columnas dispuestas en fila y que culminan en capiteles
vegetales hoy la mayoría muy perdidos. Culmina la cornisa
una serie de canecillos lisos. Por sus características
y estilo, este pórtico tiende a emparentarse con el claustro
del no lejano monasterio de Santa María de Valbuena.
Muy llamativa por atípica es la situación de esta
estructura en el costado norte del templo, ya que la mayoría
de galerías porticadas tan características del románico
castellano tienden a orientarse hacia el sur y, solo en casos
excepcionales, remontaban el muro de los pies para continuar por
el costado norte.

La justificación a su presencia en el hastial
norte de Santa María de la Antigua podría encontrar
su explicación en que, como hemos citado, un ramal del
hoy artificialmente desviado río Esgueva discurría
contiguo al templo por su cara norte, de manera que este pórtico
pudo ser concebido por un mirador o belvedere sobre el curso fluvial.
El resto del templo, ligeramente desviado del eje
lógico original que determinaría tanto torre como
claustro, cuenta con tres naves de dos tramos (la central más
ancha y alta), crucero no marcado en planta pero sí en
alzado, y triple ábside poligonal sin girola; quedando
todo el perímetro exterior del templo coronado por los
pináculos que rematan los contrafuertes y por una elegantísima
balaustrada calada; elementos todos ellos que, en convivencia
con la torre ya descrita, colaboran de nuevo a reforzar la esbeltez
y la tendencia a la verticalidad del conjunto de la construcción.
La puerta principal, de arquivoltas apuntadas, se
abre al costado sur del templo, disponiéndose en torno
a ella sencillos ventanales geminados también ojivales
a lo largo de toda la nave mayor. El crucero sin embargo queda
presidido por un elegante rosetón y culminado en su parte
superior por una galería de arquillos ciegos trilobulados,
elementos ambos que parecen evocar a la catedral burgalesa.
Al interior, las tres naves quedan separadas mediante
arcos apuntados que descansan sobre esbeltos pilares cilíndricos
a los que adosan ocho columnillas. En cuanto a las cubiertas,
son de crucería sencilla en naves y crucero; y nervadas
en la cabecera, descansando cada uno de esos nervios sobre columnas
que determinan los paños absidiales, abierto cada uno de
ellos mediante grandes ventanales apuntados. Antiguamente presidió
la cabecera un retablo de Juan de Juni que fue trasladado a la
Catedral.
(Autor del texto del artículo/colaborador
de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
