Iglesia de Santa María de Bendones, Asturias
Introducción
A
unos 5 km. de Oviedo en dirección a Pola de Laviana se yergue
majestuosa la iglesia de Santa María, en la parroquia
de Bendones. Se trata de una de las joyas del prerrománico
asturiano, declarado en su conjunto Patrimonio de la Humanidad en
1985. Este edificio tiene un interés especial, debido a que
rompe con algunos de los esquemas tradicionales de la arquitectura
asturiana, si bien son muchas las dudas que plantea tanto su cronología
como su estructura original.

Historia
No se tiene la certeza de la fecha de construcción
de la iglesia. La primera vez que se menciona en un documento es
el 20 de enero de 905, en una donación del rey Alfonso III
(866-910) a la catedral de Oviedo, pero el documento tan sólo
nos ha llegado por medio de una copia de principios del siglo XII.
No obstante, se ha aceptado que su construcción debió
de acometerse durante el reinado de Alfonso II (791-842), aunque
el edificio no se menciona en ninguna de las crónicas del
siglo IX, pero se ha llegado a esta conclusión por medio
de un análisis estilístico y comparativo. El esquema
general de la iglesia es muy similar al de San Julián de
los Prados (Oviedo), presentando semejanzas en su configuración
arquitectónica y en el tipo de materiales empleado, siendo
éste un argumento que ha pesado mucho a la hora de establecer
su cronología.

Durante la última guerra civil la iglesia se
incendió, destruyéndose casi en su totalidad. Redescubierta
por Joaquín Manzanares en 1954, se emprendieron las primeras
campañas para proceder a su recuperación, y se realizaron
estudios de investigación para averiguar la estructura de
la fábrica primitiva, que se acompañó de una
primera intervención. En 1958 fue declarada Monumento Nacional
y desde ese año hasta 1971 el arquitecto Luis Menéndez
Pidal, se emprendió unos trabajos de reconstrucción
de los muros, las cubiertas y los pavimentos que han levantado mucha
polémica.

La torre campanario se reconstruyó por completo
sin que existieran evidencias arqueológicas aunque existían
dos muros perpendicualres que pudieran corresponderse con ella,
y la intervención no respetó la dualidad de materiales
encontrados entre los escombros, suprimiendo por completo los arcos
originales que, según su misma descripción de los
restos, cerraban la bóveda de la capilla central.

El exterior
A pesar de que el edificio tal y como se presenta ante
nosotros obedece a una reconstrucción, gracias a los estudios
de Joaquín Manzanares sabemos cuál era su estado antes
de la agresiva intervención. Este autor afirma que el edificio
apenas carecía de cimientos, y que sobrevivieron al incendio
los lienzos sur y oeste, así como una parte del muro este.
La parte que más sufrió fue el norte, y los costados
septentrional y occidental del vestíbulo. También
están reconstruidos por completo la capilla central y la
esquina meridional de la ábside sur. Debido por tanto a que
más de la mitad del edificio es producto de una reconstrucción,
conviene ser cauto a la hora de sacar conclusiones con respecto
a su estructura y sus formas arquitectónicas.

El exterior es sencillo, y traduce la estructura interior
del edificio. Sus muros están construidos con mampostería
y sillería, y los principales elementos decorativos son las
celosías caladas de las ventanas, todas de factura moderna.

Se accede al interior de la iglesia desde el muro de
los pies, por medio de un arco de medio punto que se apoya sobre
dos capiteles que hacen la función de imposta y jambas de
bloques monolíticos, con una rosca dispuesta en ladrillo.

El acceso a la cámara supraabsidial está
conformado por una triple arcada de medio punto con rosca de ladrillos,
sostenida por medio de dos columnas exentas y otras dos semicolumnas,
todas ellas con capiteles decorados con sencillas formas anulares
y un collarino sogueado. El conjunto se rodea en su parte superior
por una moldura que recuerda al alfiz de las estructuras hispanomusulmanas,
muy similar a la que puede verse en el testero de la iglesia de
San Tirso (Oviedo). Aunque esta estructura sí es original,
no se tiene ninguna evidencia arqueológica de la existencia
de esta cámara, siendo posible que la arquería estuviese
situada en otra parte del edificio, quizás en el muro de
la cabecera como en San Tirso.

Junto al muro occidental hay una torre de planta cuadrangular.
Se encuentra completamente exenta, con una separación de
aproximadamente un metro del lienzo del edificio. Esta completamente
reconstruida, y por este motivo supuso una de las partes más
polémicas de la intervención de Menéndez Pidal.
No hay ninguna evidencia arqueológica que permita comprobar
que la torre llegase a existir. Si fue así, habría
que preguntarse por su cronología, lo más probable
es que se construyese en un momento posterior al de la fundación
de la iglesia.

No existe ningún otro campanario en una iglesia
visigoda o prerrománica de la península Ibérica
con un campanario, aunque sí hay algunos restos que se podrían
interpretar como torres exentas, pero por el momento no se dispone
de suficientes datos, por lo que lo único que se puede plantear
son resbaladizas hipótesis.
El interior
Tal y como el edificio se presenta en la actualidad,
tiene una nave única más ancha que larga, de aproximadamente
7,2 x 11,5 metros, cubierta con una estructura de madera a dos aguas.
Se trata de una excepción en toda la arquitectura prerrománica
asturiana, siendo lo habitual en estas construcciones una cubierta
abovedada. Se ilumina por medio de cuatro grandes vanos rectangulares,
dos en cada lateral, dispuestos en la parte superior, y cubiertos
con una celosía moderna. La estructura de una nave única
transversal también es excepcional en el prerrománico
asturiano. Se ha especulado con que la iglesia acogiese a una pequeña
comunidad de monjes indiferenciada en su condición, por lo
que no sería necesaria su distribución en las diferentes
partes de la iglesia.

Al este se abre la cabecera, que se remata con un muro
recto dividida en tres capillas, la central abovedada con cañón,
y las otras dos con una cubierta de madera a un agua. Manzanares,
el descubridor de la iglesia, afirmó que su inclinación
original era hacia el muro de la cabecera, pero Menéndez
Pidal las rehízo con orientación lateral. De las tres,
la única que sobrevivió al incendio fue la situada
al sur. Del arco del triunfo de la capilla central se conserva original
el fuste del lado meridional, formado por una pieza monolítica,
el capitel y la jamba.

En las tres capillas de la cabecera se abre una pequeña
ventana en el muro oriental, que filtra la luz natural por medio
de una celosía realizada en el siglo XX. Las tres se encontraban
separadas de la nave por medio de un cancel, del que se han conservado
dos elementos decorativos realizados en piedra caliza, que permitirían
encajar la placa en la base. El motivo representado es el mismo.
En ambos puede verse un elemento vegetal del que salen pequeñas
hojas y flores, y en la otra cara un tallo del que brotan unos frutos
en forma de corazón. Estos motivos coinciden con los representados
en la placa de cancel de la iglesia de Santa Cristina de Lena, de
mediados del siglo VII. Entre los escombros aparecieron soportes
de lámparas y relicarios. Dos pequeños arcos de medio
punto comunican los tres ábsides de la cabecera.
Sobre la capilla central se encuentra un pequeño
espacio, conocido como cámara supraabsidial, muy común
en todo el prerrománico asturiano. Se trata de una estancia
a la que sólo es posible acceder desde el exterior, cubierta
con una estructura de madera a dos aguas. No se tiene conocimiento
de la función que podían desempeñar estas cámaras,
se ha especulado con que fuesen lugares para guardar el tesoro,
almacenar el grano, que se usasen como lugar de retiro espiritual
de los monjes, o para encerrar prisioneros, en realidad ninguna
de estas hipótesis resulta convincente. Tal vez su finalidad
fuese solamente estructural. En cualquier caso, este espacio obedece
por completo a la reconstrucción de Menéndez Pidal,
y se construyó sin ninguna evidencia, es posible que nunca
llegase a existir una cámara supraabsidial en Santa María
de Bendones.
A los pies de la iglesia se encuentran tres recintos,
también con una función desconocida, que funcionarían
a modo de nártex. Se accede al central por medio de un sencillo
vano adintelado, y esta sala se comunica con las dos laterales y
con el exterior. Estas estancias se iluminan por medio de cuatro
ventanas, dos en cada sala, con arcos de medio punto y celosías.
Se ha dicho que el central pudo utilizarse como vestíbulo,
y los dos laterales quizás se utilizaron para alojar peregrinos.
Más probable parece que la estancia situada al sur, entre
cuyos escombros apareció la pila bautismal, cumpliese este
cometido, mientras que la norte podría ser el lugar reservado
a los catecúmenos.
En los costados norte y sur se anexan sendos recintos
de planta rectangular, cubiertos con estructura de madera, como
el resto de la iglesia. Su función no está clara y
ha sido discutida por los diferentes autores, defendiendo que pudieron
formar parte de la liturgia. Al no tener la certeza de que estuviesen
abiertas a la nave central resulta difícil esclarecer su
uso.
Arte mueble y pinturas murales
A pesar de la destrucción de prácticamente
la totalidad del edificio, entre los escombros pudieron rescatarse
algunas piezas de arte mueble que se salvaron de las llamas. Estos
objetos cobran un interés particular al ser de los pocos
que sobrevivieron a la azarosa historia de la iglesia.
La pila bautismal se rescató entre las
ruinas de la estancia meridional situada a los pies de la iglesia.
Se trata de una estructura muy sencilla formada por dos bloques
de piedra. El inferior funciona a modo de soporte, mientras que
el superior es de planta cuadrangular con los ángulos redondeados.
En la capilla meridional se encuentra una mesa
de altar, formada por un bloque de piedra arenisca, lisa en la parte
superior. En el reverso de la parte interior puede verse una hendidura
tallada. Hay autores que afirman que nos encontramos ante una de
las mesas de altar más antiguas del prerrománico asturiano,
tan sólo superada por la que puede verse en la iglesia de
San Juan de Santianes de Pravia.
También se han conservado algunos restos de la pintura mural
con la que originalmente debieron revestirse los lienzos en el interior
del edificio.
Pueden verse en el intradós del arco de
acceso a la capilla sur, en donde se sitúa el ara de altar,
y en el zócalo de la pared norte de este espacio. Aunque
se encuentra muy deteriorada, en el arco puede distinguirse una
crátera de la que sale una panícula, con un cromatismo
rojo y amarillo sobre un fondo de tonos pardos. La pintura del muro
septentrional está formada por dos rectángulos con
los mismos colores. En el ábside central también hay
un modillón representado en perspectiva, localizado bajo
la imposta, único resto de lo que debió de ser una
cenefa que recorrería el paramento pétreo en toda
su amplitud, como puede verse en San Julián de los Prados.
Se ha especulado con la posibilidad de que estos frescos sean obra
del mismo taller que decoró los muros de esta iglesia, aunque
es posible que sean posteriores, debido a la pervivencia de estos
esquemas decorativos en otras iglesias, como San Salvador de Priesca,
de principios del siglo X. En el Museo Arqueológico de Asturias,
situado en Oviedo, se exhiben también algunos restos de los
tableros de cancel, con las mismas formas vegetales. Joaquín
Manzanares indica, en el estudio que realizó al descubrir
los restos de la iglesia, que había restos de policromía
en el estuco de la jamba de una de las ventanas del muro meridional.