Guía de la Lonja de Mercaderes de Palma
de Mallorca, Islas Baleares
Introducción
La
Lonja de Mercaderes -conocida como Sa Llotja- de Palma de Mallorca
es un edificio emblemático de la arquitectura gótica
civil de la isla, (uno de los monumentos más representativos
de esta ciudad) cuya construcción se llevó a cabo
en el siglo XV a pocos metros del puerto.
Fue concebida como sede y punto de encuentro del
Colegio de Mercaderes, la institución encargada de regular
el comercio marítimo y mercantil en Mallorca, reflejando
así la importancia económica y social de esta
actividad en la época.

Como decíamos, la construcción de
la Lonja comenzó a principios del siglo XV, con el respaldo
del rey Jaime y la iniciativa del Colegio de Mercaderes, quienes
cedieron el terreno necesario para su edificación.
El arquitecto y escultor mallorquín Guillem
Sagrera fue el encargado principal del proyecto, a quien se
le atribuye la dirección completa tanto de la obra arquitectónica
como de la decoración escultórica. Sagrera asumió
la responsabilidad del diseño completo, haciendo de la
Lonja un ejemplo destacado del gótico civil mallorquín.
La edificación se inició alrededor de 1425 o 1426
y se extendió hasta mediados del siglo, terminándose
entre 1447 y 1452.
En su origen, la Lonja tuvo una función
primordial como bolsa mercantil y lugar de reunión donde
los mercaderes realizaban sus tratos comerciales. Desde allí
se regulaban y protegían las actividades comerciales
y se gestionaba el mantenimiento del puerto gracias a los gravámenes
recaudados. Su proximidad estratégica al puerto de Palma,
así como su cercanía a la catedral y al Palacio
Real de la Almudaina, subraya su papel como un centro neurálgico
del poder comercial, en paralelo al poder civil y eclesiástico.

La edificación no solo proporcionaba una
funcionalidad práctica para el comercio, sino que también
representaba el prestigio y la riqueza de la burguesía
mercantil de Palma. Su diseño contenía numerosas
figuras escultóricas, como santos y ángeles, que
ennoblecían la profesión de mercader (no siempre
bien considerada) y mostraban la prosperidad económica
y cultural del momento.
Con el paso del tiempo y la decadencia de la actividad
mercantil a causa de crisis económicas, la Lonja dejó
de funcionar como bolsa principal para convertirse en un espacio
multifuncional. Durante los siglos posteriores, la Lonja fue
utilizada como almacén de mercancías y productos
agrícolas, prisión, hospital y almacén
de pólvora. En el siglo XIX, el edificio incluso acogió
eventos sociales como bailes populares.
Arquitectura
La Lonja de Mercaderes de Palma de Mallorca es
una magnífica obra de gótico flamígero
civil, destacada por sus altas bóvedas de crucería
y abundante decoración escultórica, toda ella
ideada por Guillem Sagrera. Es un símbolo del auge comercial
marítimo y de la cultura del gótico civil en Mallorca
durante el siglo XV.
Responde a la tipología de lonja medieval:
un gran salón público para el comercio que exigía
una única sala rectangular amplia y sin demasiado obstáculos
visuales. En la Lonja de Palma esa idea se traduce en una estructura
diáfana donde la arquitectura gótica se adapta
a necesidades civiles: la grandiosidad no busca lo litúrgico
sino la elegancia funcional. Esta concepción se aprecia
en la voluntad de lograr un espacio unitario y representativo.
Exterior
La fachada principal (la del costado oriental)
actúa como retablo pétreo. Presenta dos vanos
con arcos conopiales y parteluz englobados por tímpano
y arquivoltas apuntadas con remate de arco conopial con cardinas.
En el citado tímpano destaca la estatua conocida como
"ángel custodio", cuya función simbólica
era ser emblema protector del edificio y sus usuarios.
Está flanqueado por dos grandes ventanales
con tracerías flamígeras muy decoradas. La parte
superior se corona por almenas. En las esquinas se levantan
torrecillas de planta octogonal que rematan el volumen a modo
de atalaya y fortificación urbana.

La profusión de molduras, tabernáculos
con figuras y remates de pináculos convierten la fachada
en un plano escultórico que anuncia la riqueza interior
sin recurrir a excesiva verticalidad religiosa: es gótico
civil, sobrio y calculado.

Interior
El rasgo interior más distintivo de la Lonja
de Mercaderes de Palma de Mallorca son las seis columnas helicoidales
que se elevan sin basas ni capiteles y se transforman gradualmente
en los nervios de las doce bóvedas de crucería
cuatripartita.

Esa torsión hace que las columnas se vean
como palmeras de piedra: un recurso que a la vez es estructural
y plástico, porque dirige la mirada hacia la bóveda
y organiza el espacio sin romper la unidad del salón.

En efecto, la sala de la Lonja de Palma de Mallorca
se articula en tres naves -de cuatro tramos cada una- de la
misma altura.
La igualdad de alturas de las doce bóvedas
de crucería simple contribuye a una sensación
de armonía y espaciosidad.

Los nervios de las bóvedas laterales se
engarzan en los muros directamente, sin el empleo de ménsulas.
Esto reduce la ornamentación superflua interior ayuda
a sentir una mayor espaciosidad.
La gran claridad que se percibe en el interior
de la Lonja es una cualidad buscada, porque el edificio debía
servir a reuniones, contratos y exposiciones de mercancías
sin distracciones. Para ello, el edificio maneja la luz de forma
contenida pero precisa: grandes ventanales góticos con
tracerías filtran la luz lateral, creando un interior
donde la iluminación resalta los volúmenes de
las columnas y las claves doradas o policromadas con escudos
heráldicos que refuerzan la identidad cívica del
edificio.

El empleo de piedra local -con variaciones en dureza
y color según piezas y partes- condiciona tanto la talla
decorativa como los efectos lumínicos.

En resumen, en este interior de la Lonja no hay
demasiados elementos que distrajeran a sus usuarios, salvo sus
columnas, las bóvedas con sus claves y los ventanales.
También citaremos aquí, la presencia en los cuatro
ángulos de los accesos a las torres de esquina. Son puertas
no demasiado grandes con arco rebajado, tímpano y arquivoltas
conopiales. En dichos tímpanos, el taller de Guillem
Sagrera esculpió a los cuatro evangelistas con su respectivos
símbolos zoomorfos.

Escultura
La escultura en la Lonja de Mercaderes de Palma
de Mallorca es coherente con su función: figuras de ángeles,
evangelistas y santos se ubican en puertas, cornisas y torres
como guardianes simbólicos del comercio y del orden urbano.

El bello "ángel custodio" de la
portada principal todavía tiene el rostro de los ángeles
del gótico clásico francés, con su amable
sonrisa. Destaca el tamaño que el escultor dotó
a sus alas lo que le aporta espectacularidad. Además,
sostiene una banda con leyenda protectora.

Como veremos a continuación, otras figuras
en los ángulos evocan protección y legitimidad.
En efecto, en las esquinas exteriores del edificio
de la Lonja se colocaron estatuas góticas muy interesantes,
como la de Santa Clara, ubicada en la esquina que mira hacia
el casco antiguo (hacia la Almudaina), orientada expresamente
hacia el histórico convento de Santa Clara. La santa
porta un libro abierto.

La estatua de Santa Catalina de Alejandría
está ubicada en la torre noroccidental, su mirada se
dirige hacia la zona de extramuros donde se ubicaba el antiguo
hospicio de Santa Catalina de los Pobres. Es identificable fácilmente
por dos atributos importantes: la rueda dentada de su martirio
y el emperador Majencio a sus pies.

En otra de las esquinas encontraremos a San Nicolás
y al Precursor, San Juan Bautista, identificable por su manto
repleto de mechones de piel de animal (de camello), como corresponde
al relato bíblico.
Por su parte, el coronamiento de la Lonja está
repleto de gárgolas. Sin embargo hay que advertir que
aunque tradicionalmente se han atribuido al taller de Guillem
Sagrera, la autenticidad de la totalidad de sus gárgolas
está actualmente en entredicho.
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Expertos como Domenge y Carbonell señalan
que el conjunto presenta un estado de conservación dispar.
Mientras algunas piezas sufren el desgaste severo del salitre
marino, otras lucen aristas inusualmente intactas.

Esto evidencia que, durante las restauraciones
de los siglos XIX y XX, se sustituyeron elementos muy deteriorados
y se añadieron piezas historicistas. Por tanto, el conjunto
actual es mixto: conviven gárgolas medievales originales
con réplicas decimonónicas, sin un registro exacto
de cada intervención.