Guía del Monasterio de Kaisariani en Atenas,
Grecia
Introducción
Al
este de Atenas, en las cercanías del Monte Himeto, encontramos
el Monasterio de Kaisariani (dedicado a la Presentación
de la Virgen en el templo) que se considera generalmente (y con
razón, si se exceptúa Dafni) como el conjunto eclesiástico
más atractivo y pintoresco de Atenas.
En esta zona hubo una fuente de agua muy limpia
de manantial y abundantes olivos.
De los edificios del cenobio, la iglesia monástica
(Katholikon) es sin duda el más antiguo, construido alrededor
del año 1100 y, como veremos posteriormente, se ha hecho
famoso por sus pinturas postbizantinas. Se dice que el nombre
del Monasterio surgió de un monje llamado Cesáreo
o de un icono de la Virgen María que fue traído
aquí desde Cesarea en Asia Menor.

Breve historia
La historia de este lugar tiene mucha mayor
antigüedad que la construcción de la iglesia monástica
del siglo XI puesto que, probablemente, fue un lugar pagano dedicado
a Afrodita, antes de ser ocupado por los cristianos en los siglos
V y VI d.C. Al oeste se encuentran los restos de una gran basílica
paleocristiana, sobre la que se construyó una iglesia más
pequeña en los siglos X y XI.
El monasterio de Kaisariani es mencionado por
el Papa Inocencio III después de la Cuarta Cruzada, pero
parece haber permanecido en manos de la Iglesia Ortodoxa Griega,
a diferencia de otras iglesias y monasterios que fueron tomados
por el clero latino.

La economía del cenobio se basó
en el cultivo de olivos, pero mayoritariamente de la apicultura
que proporcionaba miel de gran calidad.
Cuando, en 1458, los turcos ocuparon el Ática,
el sultán Mehmed II se dirigió al monasterio de
Kaisariani y, según Jacob Spon (1675) un médico
francés de Lyon, fue allí donde le entregaron la
llave de la ciudad de Atenas.
A partir de 1824, el monasterio había
perdido su función religiosa y quedó reducido a
granja para vacas, aves y caballos. Posteriormente ha gozado de
obras de restauración y es visitable en un horario establecido.
Arquitectura
Se entra al patio del Monasterio de Kaisariani
por la puerta oeste, e inmediatamente a la izquierda está
la cocina y otros espacios monásticos que recorren todo
el ancho del patio.
Hay evidencia de alteraciones en el interior,
particularmente en las aberturas de las ventanas y los arcos murales
ciegos; su perfil ligeramente apuntado ha servido para datar el
interior actual en el siglo XIII, sobre la base de la influencia
franca; esto podría ser cierto, aunque bien podrían
ser posteriores.
Iglesia Katholikon
Una característica de Kaisariani -aunque
se da con mucha frecuencia en la arquitectura bizantina- es el
uso frecuente de elementos de acarreo griegos y romanos, como
las columnas jónicas que sostienen el centro de la iglesia.
El Katholikon fue fundado a finales del siglo
XI y está dedicado a la Presentación de la Virgen
en el Templo. Su estructura es de planta de cruz inscrita en cuadrado
con cúpula sobre cuatro las columnas jónicas citadas
anteriormente. El nártex, la pequeña espadaña
y la Capilla de San Antonio se añadieron mucho después,
en época postbizantina.

Exterior
Exteriormente, la iglesia Katholikon está
un tanto agobiada por los árboles que la rodean.
Puede verse, no sin dificultad, la cabecera
de tres ábsides muy altos de tres caras cada uno, construida
con la habitual sillería tabicada (en este caso de una
gran estereotomía) por ladrillos. El ábside central
(santurio) lleva un ventanal bíforo envuelto por otro mayor,
mientras que el absidiolo lateral norte (prótesis) llevan
sólo un ventanal sencillo y el sur (diaconicón)
no tiene ninguno.

El cimborrio de planta octogonal también
está construido con sillería tabicada con un sencillo
vano de iluminación en cada cara, por lo que difiere de
la estética propia de los cimborrios de otras muchas iglesias
bizantinas atenienses.

Interior
El nártex abovedado y su cúpula
central son posteriores a la iglesia, probablemente del siglo
XV o XVI y no se distingue por la misma cuidada construcción
que ésta.
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Al entrar en la iglesia propiamente dicha podemos
observar las cuatro columnas jónicas de acarreo que soportan
las pechinas del cimborrio, que es bastante estrecho.
Arqueólogos griegos piensan que estas columnas
de mármol proceden de una basílica paleocristiana
de tres naves (fechada hacia el siglo V o VI) cuyas ruinas se
asientan a unos 400 metros al oeste del complejo actual. A su
vez esta basílica las habría reutilizado de un edificio
grecorromano.
Por su parte, los brazos de la cruz se cubren
con las características bóvedas de medio cañón.

Como separación del santuario de la nave tenemos
el templón (iconostasio) de mármol blanco, que aunque
está datado en el siglo XII, no se conserva íntegramente,
puesto que fue reconstruido a partir de fragmentos originales.
Estos relieves destacan por la elevada calidad de su talla y por
su repertorio ornamental de tradición clásica, fundamentalmente
vegetal y geométrico. Está compuesto por dos canceles
inferiores, dos columnillas de fustes octogonales y un dintel
con relieves vegetales de formas acorazonadas.

Uno de los aspectos más destacados por
lo que se suele visitar el Monasterio de Kaisariani es el conjunto
de pinturas murales que se conservan. En efecto, tanto la iglesia
y su nártex están decorados con los magníficos
frescos que datan del período postbizantino (durante la
dominación otomana).

Todos estos frescos son bastante tardíos.
Los del nártex son de finales del siglo XVII y los de la
naos, santuario, prótesis y diaconicón del siglo
XVIII.
Las pinturas murales del nártex
La rica familia Benizelos financió los
frescos del nártex, pintados en 1682 por el artista Ioannis
Ipatis, procedente del Peloponeso, según una inscripción
en el muro occidental. Este pintor se caracteriza por un gran
carácter narrativo, figuras de canon pequeño y una
técnica menos fina que las pinturas de la iglesia.

Desde el punto de vista iconográfico,
llama la atención la representación de tipo "occidental"
de la Santísima Trinidad que hay en la cúpula de
este nártex. Los bizantinos solían evitar pintar
la Trinidad mediante un Padre anciano, el Hijo Jesucristo y el
Espíritu Santo como una paloma puesto que suponía
representar de manera arbitraria la primera persona de la Santísima
Trinidad, la del Padre. En su lugar se solía pintar al
Dios trino mediante los tres hombres-ángeles de la Hospitalidad
Abrahámica en el Encinar de Mambré.

En las paredes norte y sur del nártex
se representaron también el árbol de Jesé,
y un amplio un programa narrativo centrado en dos temáticas.
Por un lado, el ciclo moralizante de las parábolas evangélicas
que reúne siete escenas: el Buen Samaritano, el Rico y
el pobre Lázaro, el Rico Insensato, los Viñadores
Homicidas, el Hijo Pródigo, el Sembrador, y el Fariseo
y el Publicano.

Por otro lado, en consonancia con la advocación
del templo, el ciclo mariológico ilustra episodios de la
vida temprana de María, destacando específicamente
las representaciones del Nacimiento de la Virgen y su Presentación
en el Templo.
Las pinturas murales de la iglesia
Los frescos que decoran el templo principal
fueron ejecutados varias décadas después que los
del nártex, ya a principios del siglo XVIII.

El autor es anónimo, pero los historiadores
griegos lo definen como un pintor experimentado de formación
académica.

Esto explica que las pinturas de la iglesia
principal presenten un canon de mayor tamaño, sean mucho
más elegantes, de líneas más pulcras y con
unas proporciones más clásicas, propias de talleres
eclesiásticos cultos.

En la cúpula está representado
un espectacular Cristo Pantocrator. Debajo, en el tambor del cimborrio
encontramos la Preparación del Trono (Etimasía),
la Virgen María, San Juan Bautista, numerosos ángeles
y en la zona inferior: profetas. En las pechinas, como es habitual,
se pintaron los Cuatro Evangelistas.

En la bóveda de cuarto de esfera del
santuario aparece la Virgen entronizada, con ángeles a
ambos lados.

También se encuentra en buen estado
de conservación las pinturas murales de las cuatro bóvedas
de medio cañón de la naos, donde se representan
los pasajes del Evangelio del Dodekaorton, como el Bautismo de
Cristo, la Transfiguración, la Resurrección de Lázaro,
la Entrada triunfal en Jerusalén, Pentecostés, etc.

La Capilla de San Antón
Existe una capilla (Parekklesion) con bóveda
de medio cañón adosada el lado sur de la iglesia
Katholikon, dedicada a San Antón. Los investigadores sitúan
la construcción de esta capilla durante el periodo de dominio
otomano, concretamente entre los siglos XVI y XVII.
La mayor parte de la decoración pictórica
de la capilla de San Antón data de finales del siglo XVII.
Estas pinturas se consideran contemporáneas a los frescos
del nártex.
Existe una notable y valiosa excepción. En
el muro que la capilla comparte con el katholikon (es decir, la
antigua fachada exterior del templo principal que quedó
encapsulada al construirse la capilla a su alrededor) se conserva
un fresco de la Virgen María en actitud orante. Esta pintura
está fechada en el siglo XIV, lo que demuestra que se decoraron
los muros exteriores de la iglesia monástica mucho antes
de que se levantara la estructura de la capilla de San Antón
para cubrir ese mismo espacio.
Otras dependencias
Uno de los encantos de Kaisariani es la variedad
de edificios monasteriales a lo largo del lado sur del recinto;
siendo considerados como los mejor conservados de este periodo
en toda Grecia. Cerca del Katholikon se encuentra lo que parece
haber sido la estructura abovedada de un baño monástico
poco común, con un hipocausto ahora expuesto, y cerca un
molino de aceite de oliva.

Encima y al oeste hay celdas para monjes, algunas
con el mismo perfil ligeramente apuntado en sus arcos.
Por último, el visitante puede visitar
las cercanas e importantes ruinas de una basílica de tres
naves bastante grande, probablemente del siglo X. Las excavaciones
de 1958 demostraron que reemplazó a una basílica
del siglo VI.