Guía del Monasterio cisterciense de Santa
María de Oseira, Ourense
Introducción
El
Monasterio cisterciense de Santa María de Oseira - originario
del siglo XII- se cuenta entre los grandes monumentos de Galicia
y por extensión del Císter en España.
De hecho, se puede considerar el principal
emblema del Císter en tierras gallegas, semilla, que como
sabemos, se propagaría en numerosos lugares de Galicia.
Algunos, por su magnificencia y su extraordinario
tamaño lo denominan "el Escorial Gallego".

Este monasterio está situado en el municipio
de San Cristovo de Cea, a unos 35 km de la capital provincial
de Ourense.

Historia
La historia de este cenobio es verdaderamente
interesante. Y es que fue la primera fundación del Císter
en Galicia. Sus orígenes exactos son algo confusos, aunque
su existencia consta documentalmente desde el año 1137.
En esa fecha, cuatro monjes llamados García, Diego, Juan
y Pedro fundaron la comunidad con el apoyo vecinal, rigiéndose
inicialmente por la Regla de San Benito de Nursia bajo el mandato
del abad García.
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El 2 de septiembre de 1137, el rey Alfonso
VII, a instancias del conde Fernando Pérez de Traba -una
figura fundamental para la implantación de la orden en
Galicia-, concedió al cenobio el privilegio de coto. La
fecha exacta de su plena incorporación a la Orden del Císter
es objeto de debate historiográfico: las tradicionales
Tablas de Cíteaux apuntan a 1140-1141, pero las investigaciones
modernas sugieren una horquilla entre 1148 y 1151 o, según
otros autores, entre 1184 y 1191. La primera confirmación
documental irrefutable de esta vinculación llegó
con una bula del papa Inocencio III el 25 de noviembre de 1199.
La abadía se integró en la filiación de Claraval
(Clairvaux), la casa madre fundada por san Bernardo.
La iglesia no se iniciaría mucho más
tarde siendo consagrada en el año 1239.

Oseira llegó a poseer un patrimonio
inmenso compuesto por iglesias, cotos y granjas, y de ella dependieron
otros monasterios como el femenino de Santo Estevo de Chouzán,
San Pedro de Vilanova de Dozón y el cenobio masculino de
Santa María de Junias en Portugal. Su prestigio era tal
que sus abades frecuentemente gobernaban otras grandes abadías,
como Fr. Lorenzo, quien en 1223 fue elegido abad de la propia
Claraval. En definitiva, fueron estos siglos, el XII y XIII, los
de mayor esplendor de Oseira, que empezó a decaer en el
XIV.

En el siglo XVI, el Monasterio de Oseira entró
en la Congregación Cisterciense de Castilla, comenzando
un nuevo período de florecimiento que trajo la renovación
artística, impulsora de las obras llevadas a cabo durante
los siglos XVI, XVII y XVIII.
Con la exclaustración provocada por
la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX,
el conjunto monástico es abandonado y con ello comienza
una progresiva ruina de su arquitectura y el expolio de sus obras
de arte mueble.
El Monasterio de Oseira fue reocupado en 1929 por
monjes de la rama de la estricta observancia cisterciense (trapenses),
procedentes de la Abadía de Nuestra Señora de las
Nieves (Notre-Dame des Neiges) al sur de Francia, recuperando
el rango de priorato en 1948 y la dignidad abacial en 1977.
En efecto, será durante el siglo XX
cuando se emprende una titánica y exitosa labor de restauración
y recuperación de este complejo monacal, devolviéndole
el brillo de lo que fuera y es uno de los más fastuosos
ejemplos arquitectura religiosa española.
De forma general, podemos decir que Oseira
tiene, entre otros muchos espacios, una extraordinaria iglesia
románica de transición, la Capilla funeraria de
San Andrés, tres claustros de distinta época y estilo;
una sala capitular de gran vistosidad, la antigua cilla, etc.
Arquitectura de la iglesia
La iglesia monástica románica conserva
prácticamente íntegra su fábrica medieval
salvo parte de la cabecera. Destaca en toda la construcción
la excepcional calidad de la sillería, formada por sillares
de granito perfectamente cortados, escuadrados y pulidos en hiladas
horizontales homogéneas con finas juntas.

Interior
Tiene planta de cruz latina con tres naves de siete
tramos más transepto. Las altas naves están separadas
por pilares de sección cuadrada con columnas embebidas.
Las bóvedas de la nave central son de medio cañón
apuntado y peraltado sobre arcos fajones. Por encima de estos
formeros hay altos muros macizos y lisos hasta llegar a los ventanales
de medio punto que se abren en el arranque de la bóveda.

Las naves laterales son mucho más estrechas
que la central y se abovedan con medio cañón apuntado
en los tramos orientales y de crucería en los occidentales.

El transepto cuenta con dos tramos por brazo e iguala
la anchura de la nave mayor, sobresaliendo en planta.
En el siglo XIII -hacia 1282-, se construyó
un cimborrio con cúpula sobre trompas en el crucero que
no era al proyecto original, puesto que quedan restos de arranques
de nervios sobre los machones que insinúan que, originalmente,
se había proyectado instalar una bóveda de crucería
cuatripartita.

La cabecera es la parte más monumental y compleja
del templo con su girola y capillas radiales, aunque hoy están
muy alteradas las originales. Esta cabecera está inspirada
en las llamadas antiguamente "iglesias de peregrinación"
como la Catedral de Santiago de Compostela y tiene en el Císter
de España otros representantes como Moreruela, Poblet,
Fitero, Veruela, Gradefes, Melón y Poblet.

Consta de una profunda capilla mayor de dos tramos
rectos y hemiciclo absidal, rodeada por un deambulatorio o girola
con la que se comunica mediante gruesas columnas sosteniendo el
muro de cierre. A esta girola se abrían originalmente cinco
capillas radiales (absidiolos) separadas por paños de muro
provistos de ventanas.

De estas capillas radiales, solo se conserva completa
la situada al sur de la central, la cual consta de un tramo recto
y un tambor semicircular con una ventana. El sistema de cubrición
de la cabecera es un prodigio técnico: la capilla mayor
se cubre en sus tramos rectos con bóvedas de crucería
cuatripartita y en el cascarón del ábside con una
bóveda de nervaduras convergentes en una clave independiente
del arco de ingreso.

El tramo semicircular del deambulatorio se resuelve
inteligentemente mediante una magnífica bóveda anular
de cuarto de cañón -de cuarto de cañón
de perfil semicircular- de perfecta progenie románica.
Dicha bóveda anular tiene siete tramos señalados
mediante semiarcos fajones, una solución idéntica
a la tribuna compostelana, que ejerce de contrarresto (a modo
de arbotante continuo) para los formidables empujes de la capilla
central.

Sobre el podio de las grandes columnas que comunican
la capilla mayor con la girola y sobre un pedestal granítico
encontraremos la imagen pétrea de La Virgen de la Leche.
Se trata de una imagen gótica -aunque de carácter
bastante primitivo- en que María da de mamar al Niño.
Conserva una parte de su policromía en la indumentaria
(rojos y verdes) y el color rubio de los cabellos de ambos personajes.

Al lado opuesto de la iglesia tenemos el coro. La
bóveda del sotocoro es de crucería estrellada del
siglo XVI con profusión de arcos terceletes y combados.

Como era preceptivo en las iglesias cistercienses,
la decoración escultórica es prácticamente
nula. Esta escasez ornamental parece engrandecer su monumentalidad
arquitectónica.

Sin embargo, y como sucede en otras iglesias monásticas
cistercienses españolas, hay algunos capiteles interiores
que presentan la excepcionalidad de contar con relieves figurados.
En este caso, las citadas cestas representan arpías, aves
y leones.

Exterior
En el siglo XVI se transformó la fachada principal
medieval y se replanteó en estilo renacentista, con sillería
almohadillada y frontispicio, amén de otros ornatos y esculturas
clasicistas.

Al lado meridional de esta fachada de la iglesia
y perpendicular a ella, encontramos otra grandiosa fachada, en
este caso barroca de influencia compostelana, la del conjunto
residencial del monasterio.

El brazo norte del crucero exhibe al exterior su
hastial románico intacto, articulado con una torre prismática
que alberga una escalera de caracol, un rosetón y una portada
de dos arquivoltas ligeramente apuntadas, decorada con motivos
vegetales estilizados y mochetas labradas.

Como dijimos anteriormente, el crucero se cubre al
exterior por un gran cimborrio octogonal. Llama la atención
que las aristas de este cuerpo octogonal, y no sus caras, coinciden
con las claves de los arcos torales.

Otras Dependencias del Monasterio
La Capilla Funeraria de San Andrés
Adosada exteriormente al hastial norte del crucero
se sitúa la Capilla de San Andrés. De nave única
e iluminada por pequeñas saeteras, carece hoy de su primitivo
ábside semicircular, destruido durante las reformas del
siglo XVIII. Su función principal fue siempre de carácter
funerario, evidenciado por los arcosolios sepulcrales abiertos
en los muros de su parte baja.

La capilla se cubre con una bóveda de cañón
apuntado y posee en su fachada occidental una portada con arquivoltas
baquetonadas. El repertorio decorativo de la capilla (cruces de
consagración, motivos en zig-zag, flores de ocho pétalos)
certifica que fue erigida por los mismos talleres constructivos
de la iglesia abacial, probablemente en la segunda década
del siglo XIII, y consagrada de manera simultánea en 1239.
Los claustros
La anexión de Oseira a la Congregación
de Castilla y un gran incendio ocurrido en 1551 obligaron a una
profunda renovación arquitectónica de las dependencias
monásticas durante la Edad Moderna. A pesar del dominio
de formas renacentistas y posteriores, la planimetría respetó
las directrices medievales, especialmente en el flanco este del
claustro procesional.
Frutos de estas transformaciones modernas, el Monasterio
de Oseira tiene nada menos que tres claustros.
Claustro de los Caballeros (o de la Portería)
Erigido entre 1713 y 1759. De líneas sobrias,
recibe este nombre porque albergaba las caballerizas y era el
lugar donde desmontaban los visitantes al llegar al recinto.

Claustro Reglar (o de los Medallones)
Sustituyó al antiguo claustro procesional
medieval. Destaca por los medallones renacentistas tallados con
bustos de personajes históricos y figuras de la orden que
decoran la parte alta de sus arquerías.

Claustro de los Pináculos
Construido entre finales del siglo XVI y 1629, es
el más grande y esbelto. Como curiosidad arquitectónica,
solo posee tres alas (carece de la occidental para no privar de
luz a la Sala Capitular) y está rematado por los austeros
pináculos que le otorgan su nombre.

La Sala capitular
La antigua sala capitular es obra del siglo XV y
es el elemento más pintoresco del monasterio. Construida
sobre planteamientos tardogóticos, es un espacio abovedado
por complicadas bóvedas estrelladas, cuyos nervios arrancan
de imaginativas columnas estriadas. Estos soportes palmeriformes
que se abren en infinidad de nervios, como si fueran ramas de
palmera, nos trae al recuerdo los soportes de la lejana lonja
de Valencia, también de fecha semejante.

Una curiosidad que todos los visitantes experimentan
es la impresión de que los fustes de estas columnas están
torcidos en modo torso. Es un efecto visual engañoso pues
dichos fustes son cilíndricos pero no los aparentan.
El Museo de Piedra (Lapidario) en la antigua
cilla
Se ubica en una larga nave de origen medieval,
cubierta por una gran bóveda de cañón, que
muy probablemente funcionó como la antigua bodega o cilla
del monasterio. Este espacio expone cientos de fragmentos arquitectónicos
(capiteles, basas, dovelas) rescatados durante décadas
de restauración.

Especialmente interesantes son las cañerías
de piedra, auténticas canalizaciones originales que suponen
una prueba material inestimable de la avanzada ingeniería
hidráulica que los cistercienses aplicaban para abastecer
de agua a sus cenobios.
El Refectorio
Esa gran sala rectangular es el antiguo comedor
de la comunidad. Fue construido en torno al año 1572. Lo
arquitectónicamente excepcional de este espacio es que,
aunque se edificó en pleno período renacentista,
los maestros canteros optaron por mantener soluciones estructurales
góticas.
El resultado es esa espectacular bóveda
de crucería nervada dividida en cuatro tramos, cuyos nervios
se entrelazan formando un magnífico patrón estrellado.

La Botica
Se trata de un espacio musealizado con rigor
para recrear la farmacia monástica del siglo XIX, que se
había perdido tras la exclaustración provocada por
la Desamortización de 1835. Aunque expone diverso instrumental
histórico (balanzas, morteros y matraces), su mayor tesoro
es un conjunto intacto de 37 botes o tarros medicinales elaborados
a principios del siglo XIX en las históricas Reales Fábricas
de Sargadelos.

La Bóveda de las Laudas
En una zona de paso hacia los claustros hay
una bóveda nervada que encierra una rareza constructiva
absoluta. Los canteros rellenaron la plementería reciclando
antiguas lápidas sepulcrales (laudas) de los siglos XIV
y XV. Al mirar hacia el techo, aún se pueden distinguir
perfectamente los escudos heráldicos y las inscripciones
de los nobles.
Calefactorio
Erigido en 1747, era la única sala común
de todo el monasterio donde los monjes tenían permitido
encender fuego para calentarse durante los crudos inviernos orensanos.
Destaca por conservar una imponente chimenea de cantería,
de proporciones casi palaciegas.