Sólo un año después de la citada
victoria en la Batalla de Toro, -en 1477- se encargó la
obra al maestro mayor de las obras reales: Juan Guas -del que
luego nos ocuparemos- sin escatimar en medios para realizar una
rápida y fastuosa edificación.

Para la reina Isabel este proyecto no era nada novedoso
pues ella misma se había encargado de finalizar la burgalesa
Cartuja de Miraflores como panteón funerario de su padre
Juan II de Trastámara.
Recibe nuevos reportajes
y noticias sobre arte e historia medieval
Suscríbete
gratis a nuestro boletín y descubre periódicamente catedrales, iglesias,
monasterios y tesoros del patrimonio histórico.
Suscribirme gratis
Tras la muerte de Juan Guas en 1496 quedó
al frente de la obra del claustro el discípulo de Guas,
Enrique Egas, siendo terminado el conjunto en los primeros años
del siglo XVI.
A pesar de que finalmente los Reyes Católicos
no fueron enterrados en este convento de Toledo sino en la Capilla
Real de Granada, como afirmación de la conquista de Granada
al Islam, San Juan de los Reyes fue testigo de ceremonias cortesanas
de gran magnitud.

Albergó, por ejemplo, los funerales del príncipe
Arturo de Gales, así como la vigilia fúnebre de
la emperatriz Isabel en 1539, iluminada por ochocientos cirios.
También acogió el Capítulo General de la
Orden de Santiago en 1560, presidido por el monarca Felipe II.
También se empleó el templo para contener
un monumento funerario tipo catafalco en honor de la propia Isabel,
encargado por su nieto el emperador Carlos I de España.
Desde una vertiente puramente religiosa, el monasterio
se erigió como el núcleo toledano del "inmaculismo".
Los frailes franciscanos lideraron durante siglos la defensa teológica
de que la Virgen María había sido concebida sin
la mancha del pecado original. Esta postura generó continuas
y acaloradas disputas doctrinales frente a otras órdenes
religiosas.
Del siglo XVIII al XI
A pesar de su gran valor, el conjunto sufrió
gravísimos asaltos y mermas patrimoniales. Tras la desaparición
del altar mayor original por los cambios estéticos del
siglo XVIII, el golpe más devastador tuvo lugar durante
la invasión napoleónica en 1808. Las tropas francesas
incendiaron las instalaciones, destruyendo el claustro plateresco
que existía contiguo al gótico y la biblioteca.
También profanaron la iglesia, destruyeron retablos y decapitaron
numerosas esculturas del claustro. Como consecuencia de tales
desmanes se derrumbaron las bóvedas de una de las pandas
claustrales.
Pocas décadas después, las leyes de
la Desamortización (1834-1836) provocaron la definitiva
exclaustración de los frailes y la consiguiente dispersión
o pérdida del tesoro artístico superviviente. Tras
la Exclaustración, San Juan de los Reyes fue cedido a la
Comisión de Monumentos para instalar un museo.
Tras muchos años de abandono, a finales del
siglo XIX el arquitecto Arturo Mélida emprendió
la compleja restauración de las ruinas del edificio, centrándose
especialmente en el claustro. Esta actuación incluyó
excesivos criterios historicistas románticos en la reconstrucción
de algunas dependencias, por ejemplo, en el artesonado del piso
superior y las gárgolas del claustro.
Posteriormente, y tras el fin de la Guerra Civil,
el Estado devolvió oficialmente el recinto a la orden franciscana
en el año 1941. La perseverante reconstrucción permitió
que los frailes volvieran a habitar el monasterio en 1954 y que
el templo se reabriera por completo al culto en 1967.
Hoy, el edificio se mantiene firmemente en pie como
un sublime testimonio del esplendor cultural forjado en la época
de los Reyes Católicos.
Símbolo de los Reyes Católicos
San Juan de los Reyes de Toledo se convierte en un
edificio de gran valor simbólico para Isabel y Fernando
que lo eligen inicialmente como panteón regio.
Sin duda, el mecenazgo real de San Juan de los Reyes
se aprecia no sólo en la calidad artística (quizás
la mejor obra del llamado gótico isabelino) sino también
en su grandilocuencia propagandística.
Para ello se hace toda una exhibición de elementos
heráldicos: escudos de los Reyes Católicos; símbolos
del yugo y las flechas; inscripciones conmemorativas de carácter
político y religioso y relieves en forma de "Y"
y "F", iniciales de Isabel y Fernando, etc.

Como veremos más detenidamente a continuación,
la construcción del templo fue encargada a la figura más
importante del panorama artístico español del último
cuarto de siglo XV: Juan Guas.

Juan Guas, artista del Gótico Hispano-flamenco
Como ya hemos explicado, la obra de San Juan de los
Reyes es considerada una de las obras cumbres del Gótico
Isabelino o Estilo de los Reyes Católicos, que no es otra
cosa que la fusión entre el último momento del gótico
(flamígero) imperante en Francia, Flandes y Alemania con
la tradición decorativa y lujosa del mudéjar hispano.
Por eso ahora se tiende a definir este modo de construir y ornar
como Gótico Hispano-Flamenco.

Este estilo se desarrolla entre las últimas
tres décadas del siglo XV y la primera del XVI en las principales
ciudades de la Corona de Castilla como Toledo, Segovia, Ávila,
Guadalajara, Madrid, etc.
Se cree que los primeros artistas flamencos llegan
a España en la primera mitad del siglo XV para intervenir
en la catedral de Sevilla. Pero es Hanequin de Bruselas el primer
maestro flamenco que acude a Toledo con un nutrido taller de operarios
para realizar importantes intervenciones en la seo toledana, entre
ellas la de la famosa Puerta de los Leones (fachada sur del crucero).
En este taller vendrían los padres de Juan
Guas: Pierre Guas y Brigite Madama Testes, originales de la Bretaña
francesa.
Juan Guas trabajará desde muy joven en la
catedral de Toledo y de ahí va a pasar a dirigir las obras
de la catedral de Ávila, así como otros insignes
monumentos: el Monasterio de El Parral, el claustro de la Catedral
de Segovia, el Palacio del Infantado de Guadalajara, etc. Su principal
obra es, sin embargo, nuestro Monasterio de San Juan de los Reyes.

Este gótico hispano-flamenco combina las formas
llameantes del gótico flamígero (por ejemplo, los
arcos conopiales y los pináculos erizados) con una tendencia
al ornato mural propia de lo mudéjar a base de pequeños
elementos rítmicamente acumulados, como ramas y hojarasca
de cardinas y otras plantas en cuyo interior se esconden animales
de todo tipo. Tampoco falta en este estilo la decoración
epigráfica, tomada del mundo musulmán, e incluso
en ocasiones los mocárabes tan empleados en la decoración
nazarí.
Descripción artística del monasterio
de San Juan de los Reyes
La entrada de los turistas al conjunto conventual
se hace por una puerta del costado este que accede a la escalera
que conduce a la antigua sacristía. Esta puerta está
coronada por el célebre conjunto escultórico flamenco
del Calvario donde María y San Juan flanquean una gran
cruz convertida en Árbol de la Vida sobre la que se encarama
un gran pelícano que está alimentando a sus crías.
El pelícano ha sido desde los primeros siglos del Cristianismo
símbolo del propio Jesucristo.

La antigua sacristía es una estancia amplia
donde se ha instalado la actual taquilla. Tiene bóveda
de crucería compleja y restos de pinturas murales.

La iglesia
La entrada más monumental al templo se encuentra
en el muro septentrional. Es bastante posterior al resto de la
construcción -comienzos ya del siglo XVII- y aunque pretende
ajustarse a las formas isabelinas del conjunto, denota falta de
nervio. Además de la estatua de Cristo, aparecen santos
franciscanos y relieves con el yugo y las flechas.

La entrada a la iglesia desde el claustro está
formada por una puerta estrecha pero muy vertical. El vano está
delimitado por un arco carpanel muy decorado con cardinas. Todo
ello va en vuelto exteriormente por un arco mixtilíneo
y un alfiz con parecida decoración más inscripciones
epigráficas.

Hay que fijarse en el tímpano de esta puerta
porque cobija un relieve de la Verónica mostrando el lienzo
de Jesús que está sujeto también por dos
ángeles. En este grupo escultórico quedan bastantes
restos de la policromía original.

Interior
La amplia iglesia conventual tiene nave única
finalizada en ábside hemidecagonal. Tiene capillas entre
los contrafuertes -no existen arbotantes- y coro elevado a los
pies.

El claristorio está constituido por enormes
ventanales apuntados que cobijan sencillas tracerías flamígeras.
Por su parte, las bóvedas tardogóticas son estrelladas
presentando múltiples nervios.

El equipo de escultores que trabajó en el
monasterio estuvo dirigido por Egas Cueman (hermano de Hanequin
de Bruselas), junto a sus hijos, Antón y Enrique Egas,
así como Sebastián de Almonacid y otros artistas
destacados.
Este equipo se encargó de las estatuas de
los muros laterales de la iglesia. Se trata de figuras adosadas
a los pilares y se encuentran situadas sobre peanas y cobijadas
bajo ricos doseletes. Los personajes representados con profetas,
apóstoles y santos.

El actual retablo no es el original, que desapareció
en el incendio de la Guerra de Independencia. El que hoy vemos
procede del Hospital de Santa Cruz y tiene la particularidad de
contener pinturas alusivas al descubrimiento de la cruz de Cristo
por Santa Elena, madre del emperador Constantino el Grande.

El transepto no sobresale en planta pues su única
ampliación con relación a la nave es aprovechar
el espacio de las capillas laterales. Presenta una torre cimborrio
de planta poligonal (concretamente octogonal) y nervios que forman
una estrella que recuerda estructuras mudéjares e, incluso,
las bóvedas de crucería cordobesa.
Los muros interiores del citado transepto concentran
la más exuberante decoración del templo a base de
potentes y grandiosos motivos heráldicos entre los que
destacan los repetidos escudos de los Reyes Católicos (anteriores
a la toma del Reino de Granada), acogidos por águilas nimbadas
de San Juan más parejas de leones a los pies. No podían
faltar los símbolos del yugo y las flechas.
Exterior
La cabecera de la iglesia es de planta poligonal
y se articula mediante grandes contrafuertes en las esquinas que
imitan haces de columnas sobre las que se ubican doce estatuas
de heraldos que también refuerzan la simbología
del poder real, puesto que en la época a la que nos referimos
eran personajes encargados de preceder a los monarcas en sus apariciones
en público y presentar sus mensajes en cortes de otros
reinos. Encima, estos peculiares contrafuertes rematan en pináculos
erizados flamígeros.

En este contexto fuertemente propagandístico,
el Monasterio de San Juan de Reyes se ha hecho célebre
por la exposición en sus muros externos de cadenas que
simbolizan la liberación de cautivos cristianos en algunos
territorios andaluces, como Málaga, durante la Guerra de
Granada.

Por su parte, la fachada occidental es, en contraste
con otras partes del templo monástico, de gran sobriedad,
con contrafuertes escarpados en los extremos laterales, pináculos,
una espadaña y un gran ventanal apuntado de iluminación.

El claustro
Si la iglesia del Monasterio de San Juan de los Reyes
es importante, su claustro ha de considerarse como excelente.
Incluso se le ha llegado a calificar como el más hermoso
del estilo gótico en toda España.

Consta de dos pisos. El inferior presenta arcos apuntados
con tracerías de purismo gótico flamígero.
El superior lleva arcos mixtilíneos de influencia andalusí.

La labra de los conjuntos escultóricos que
salpican las galerías del claustro bajo son exquisitas.
Junto con grandes estatuas adosadas a los muros y pilares de las
galerías, se desarrolla todo un programa de filigrana en
decoración vegetal y zoomorfa que puede pasar desapercibida
por la exuberancia del conjunto.

Hay que detenerse a contemplarla para hacerse una
idea de la minuciosidad con la que trabajaron el conjunto de escultores.
El claustro superior está cubierto por un
precioso artesonado de madera de estilo mudéjar. Se trata
de una cubierta de madera con estructura de par y nudillo, la
técnica más característica de la carpintería
de lo blanco (o carpintería mudéjar). Toda la superficie
está decorada con intrincados entramados geométricos
(lacerías) que forman las clásicas estrellas de
ocho puntas. La madera está pintada. En los huecos de la
lacería y en los frisos se insertan los escudos y emblemas
de los Reyes Católicos (el yugo y las flechas). Este artesonado
descansa sobre arcos carpaneles y mixtilíneos de piedra.
En los puntos de apoyo de estos arcos se pueden observar también
relieves de leones y la inscripción "Tanto Monta".

Como ya indicamos anteriormente, en el siglo XVI
se construyó otro gran claustro simétrico y de estilo
plateresco, conocido como Claustro del Rey y que tristemente desapareció
en tiempos de la Guerra de Independencia, siendo destruido por
las tropas francesas.