Introducción
El lucense monasterio de Santa María
de Penamaior es probablemente uno de los menos conocidos
de los abundantes cenobios medievales de Galicia. Y ello a pesar
de no estar a demasiada distancia ni del Camino de Santiago
ni de la propia ciudad de Lugo, pues se encuentra entre Becerreá
y Baralla.
Uno de los alicientes de visitar Santa María
de Penamaior es acercarse al verde valle en que fue fundado,
en una de las laderas de Sierra do Pico. Se trata de un paraje
poco poblado, con montañas pizarrosas llenas de bosques
espesos de las estribaciones de los Ancares. Aunque llegar al
lugar no es tarea fácil por lo estrecha y sinuosa de
la carretera, hemos de decir que merece completamente la pena.
Historia
Sobre su fundación, como suele ser habitual,
existen dudas y diferentes teorías. Para algunos autores,
ya existiría en el siglo X y sería impulso de
otras importantes fundaciones monásticas. Se cuenta que
en el año 922 San Virila mandó 16 monjes desde
aquí para habitar el abandonado monasterio de Samos.
Sin embargo, parece más razonable la posibilidad
de que fuera fundado en una fecha bastante más tardía,
en el siglo XII como abadía benedictina de monjes negros
(no cistercienses) del siglo XII (1187 en tiempos de Fernando
II). A finales de esa centuria se acometería la construcción
de la iglesia, extremo que parece indicar una inscripción de
la que más tarde nos ocuparemos.
En
1225 el monasterio de Santa María de Penamaior abraza
la reforma cisterciense, quedando vinculado al berciano monasterio
de Carracedo y a través de éste al de Cîteaux.
No debió ser nunca un cenobio demasiado poderoso ni con
demasiados monjes a pesar de las donaciones y privilegios otorgados
por Alfonso IX y Alfonso X. En 1505 ingresó en la Congregación
reformada de Castilla perdiendo la condición de abadía
quedando como "presidencia". En aquellos tiempos Penamaior
contaba con tan sólo cuatro monjes.
En 1836 sufrió la exclaustración
de la Desamortización de Mendizábal y sus bienes
vendidos. El templo abacial se convirtió en parroquia.
La iglesia de Santa María de Penamaior
Puesto que sólo quedan restos menores de
las dependencias monacales, nos tenemos que centrar exclusivamente
en la descripción de la que fuera iglesia abacial, hoy
convertida en parroquia del caserío.
Una de las particularidades de la iglesia de Santa
María de Penamaior y que es bastante raro en el románico
gallego es su construcción donde alternan los muros de
mampostería con refuerzos de sillería. Para comprender
este tipo de fábrica hay que recordar que en estas comarcas
orientales de Galicia el sempiterno granito gallego es desplazado
por rocas pizarrosas que son las que se emplearon mayoritariamente
en este edificio. Precisamente son los lienzos de mampostería
de pizarra los que se encuentran enfoscados de blanco ofreciendo
un aspecto bicolor a la iglesia.
El templo, de generosas dimensiones debió
ser construido antes de su conversión al Císter.
Tiene planta basilical de tres naves sin transepto, engarzadas
a una cabecera tripartita con la particularidad de que el ábside
central es poligonal al exterior y semicircular al interior.
Exterior
El costado sur de la iglesia está tapado
por construcciones modernas, mientras que el septentrional esta
libre de adherencias. Aquí sorprende la presencia de
tres vanos que son todos ellos distintos entre sí. El
más próximo a la fachada tiene estructura ajimezada
con arquillos interiores apuntados. La ventana central es la
más ortodoxa románica mientras que el vano próximo
a la cabecera es un bonito y espectacular rosetón adornado
con arquitos que cobijan cabecitas humanas. Resulta sorprendente
la localización de este tipo de óculo en esta
parte de la iglesia pues son mucho más comunes encontrarlos
en las fachadas occidentales o sobre los muros diafragma que
se alzan sobre los arcos triunfales.
En cuanto a los canecillos de la cabecera y del
muro norte, aunque la inmensa mayoría son de caveto,
rollos y otros motivos geométricos, observamos algunos
zoomorfos como una cabeza perruna y un león de cuerpo
entero.
Por su parte la fachada oeste, aunque ha sufrido
alteraciones barrocas en el siglo XVIII, todavía conserva
apreciablemente su disposición mediante una puerta de
ingreso y tres ventanales de iluminación para cada nave,
todos ellos desiguales aunque no resta armonía al conjunto.
La puerta tiene un tímpano con extraños
relieves que ha generado distintas interpretaciones por los
especialistas por su originalidad. En el centro hay una gran
cruz inscrita en un círculo flanqueada por un león
y un árbol en cuyas ramas parece que se esculpieron aves.
En la esquina inferior izquierda aparece un caballero con lanza
y escudo y detrás un caballo sin jinete.
Recientemente algunos autores han ligado esta representación
con una historia del ciclo artúrico, concretamente la
novela caballeresca "Yvain, el Caballero del León"
escrita por Chrétien de Troyes.
Esta obra medieval está protagonizada por
Yvain, uno de los caballeros de la Corte del Rey Arturo. En
ella se cuenta cómo Calogrenant -primo de Yvain- encuentra
una fuente mágica, y le dicen que si vierte sus aguas
en una piedra grande, puede quedar expuesto a muchos peligros,
incluyendo una terrible tormenta, pero también acontecimientos
maravillosos. Cuando lo hace, una tormenta destruye los cultivos
y mata a las personas del lugar. Pero entonces, la maravilla
sucede: muchas aves de canciones melodiosas se posan en el árbol.
De repente, un caballero lucha contra Calogrenant y lo vence.
Yvain decide vengar a su primo muerto. Llega al castillo, mata
a su dueño y se enamora de Laudine, la viuda. Se casa
con ella pero luego, convencido por Galván, vuelve a
sus aventuras.
Yvain vaga por el bosque, hallando un león
que está combatiendo contra un dragón. Decide
ayudar al león y salvarlo. Como agradecimiento, el león
se queda a su lado, por lo que se llamará a partir de
ahora el Caballero del León, y ambos vivirán una
serie de aventuras que con el tiempo van a enseñar a
Yvain el verdadero significado de honor, la amistad y el amor.

Ciertamente los elementos del relieve del tímpano
pudieran tener relación con la historia, si bien es completamente
imposible estar seguro de ello.
Más importante es la inscripción
-bastante confusa- de la esquina inferior derecha de este tímpano
donde aparece un texto con un nombre DIDACUS o DIDACISP, que
podría ser el nombre del maestro del taller (Diego) y
una datación del tipo "ERA: MCC: IV: L, cuya interpretación
ha sido diversa y en general poco atinada. Para complicar más
el asunto, en el centro de la cruz hay una fecha en caracteres
modernos que indica 1177.
Interior
En el interior, se aprecia una fábrica un
tanto ecléctica como resultado de distintas fases de
construcción y posteriores reformas. Tiene planta basilical
de tres naves sin transepto, separadas mediante arcos apuntados
y pilares cilíndricos y prismáticos con columnas.

En la actualidad casi todo el edificio se cumbre
con madera si bien las columnas adosadas de los muros perimetrales
permite suponer que en un primer momento se pudieron proyectar
arcos fajones para respectivas bóvedas de medio cañón.

Los capiteles son en su mayoría vegetales
y se aprecia con total claridad ejecutores de distinta calidad
y cronología, siendo los de mayor calidad los de la cabecera.
