El Museo en el interior de una
colegiata con siglos de historia
La larga secuencia de templos de la
colegiata medieval -y después catedral- en el corazón
de la ciudad de Valladolid ha dejado restos más o menos
entremezclados de esas épocas. Como veremos más
adelante, en algunas dependencias conservadas de la Colegiata
pucelana se creó en el siglo XX el Museo Diocesano y
Catedralicio de Valladolid. Como introducción a su colección
museística vamos a hacer un breve relato de la secuencia
histórica de estos templos para comprender mejor el lugar
que lo alberga.

El primer templo: iglesia plenorrománica
El
primer templo conocido en este solar fue una iglesia del llamado
Románico Pleno de finales del siglo XI. No se conoce
su planta aunque se ha especulado que pudiera ser un notable
templo de tres naves como los que se construían por esas
fechas en el Camino de Santiago, como San Martín de Frómista
o San Isidoro de León. Otros, quizá con mayor
veracidad, han propuesto que este edificio sería más
sencillo, del tipo más habitual de los edificados erigidos
en la Extremadura Castellana a fines del siglo XI y comienzos
del XII, con una sola nave y único ábside, como
algunos edificios primitivos de Ávila (San Andrés),
Sepúlveda (San Salvador) o San Esteban de Gormaz (San
Miguel y Virgen del Rivero).

De poco valen tales conjeturas porque
sólo nos ha llegado de este primer templo románico
la torre campanario con sus ventanales bíforos y decoración
de taqueado jaqués, muy propio de esa época.

El segundo templo: iglesia tardorrománica
En el siglo XIII la primera iglesia
citada fue demolida para construir un edificio más amplio,
ahora sí con plena seguridad, constituido por tres amplias
naves seguidas de otros tantos ábsides semicirculares.
Debió tratarse de un templo de hechuras tardorrománicas
con ecos e influencias de los monasterios cistercienses que
se construían en las cercanías, como Valbuena
o Palazuelos.
De este edifico tampoco nos ha llegado
gran cosa, limitándose su herencia al propio solar que
ocupaba, actualmente habilitado como jardín, donde se
colocaron arbustos y árboles para señalar su perímetro
y el lugar donde se ubicaban los pilares de sustentación.

También parece de esta época
una puerta exterior del costado norte que mira hacia el espacio
ocupado por la famosa iglesia de Santa María de la Antigua.

Pero lo más notable, sin duda,
que nos ha llegado de este segundo templo del siglo XIII es
la puerta que comunicaba la iglesia con el claustro y de la
que trataremos más adelante en el apartado específico
del Museo Catedralicio y Diocesano.

Construcción de capillas
góticas del siglo XIV
En la siguiente centuria -siglo XIV- se adosaron
al norte del segundo templo -el tardorrománico del siglo
XIII- una serie de capillas funerarias de estilo gótico
que han sido las que mejor se han conservado en la actualidad
y las que fueron aprovechadas y habilitadas en 1965 para servir
de espacio museístico del nuevo Museo Diocesano y catedralicio
de Valladolid, lugar donde se exponen magníficas obras
de arte religioso de toda la diócesis pucelana.

La catedral herreriana
Siglos más tarde, en el XVI se destruyó
parte de la iglesia colegial del siglo XIII para adosar un nuevo
templo muy ambicioso, el Magalómano proyecto de Juan
de Herrera que se no finalizó nunca. Se trata del actual
edificio que pasó de ser colegiata a catedral dedicada
a Nuestra Señora de la Asunción.

El Museo Diocesano y Catedralicio
El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid,
ubicado, como ya se ha explicado, en el marco incomparable de
las dependencias supervivientes de la colegiata vallisoletana,
es de esos museos españoles que, carente de excesiva
fama y sin invertir recursos en oropeles (paneles, proyecciones,
efectos multimedia, luces de ambiente, etc.), ofrece un inmenso
conjunto de obras de arte valiosísimo de diferentes épocas,
tanto en lo que se refiere a la categoría de la imaginería,
los retablos, la orfebrería, la pintura e, incluso, en
escultura funeraria pétrea.

Aunque es imposible detenerse en cada una de las
tallas medievales que conserva este museo, hay que llamar la
atención sobre su copiosa colección de Cristos
románicos y góticos poco visibles, a menudo, por
encontrase colocados en lo alto de los muros perimetrales.

Capilla de San Lorenzo

La Capilla de San Lorenzo es de las más
amplias del conjunto y también de las más espectaculares,
gracias a su arquitectura, basada en un espacio rectangular
cubierto por dos cúpulas mudéjares. A partir de
mensulones parten arcos apuntados tipo diafragma que ayudan
a soportar dichas cúpulas con yeserías mudéjares
de gran belleza. Una de ellas es de perfil circular y la otra
octogonal. La decoración es prácticamente idéntica,
aunque adaptada las diferentes formas geométricas. Se
basa en escudos de Castilla y León y de la Orden de Canónigos
Regulares de San Agustín.

Los muros perimetrales de la Capilla de San Lorenzo
están completamente horadados por arcosolios apuntados
de uso funerario. Estos monumentales rebajes de los muros se
emplean actualmente con fines museísticos para exponer
una amplísima e interesante colección de imaginería
religiosa que abarcan desde los últimos siglos de la
Edad Media a los primeros de la Modernidad.

Con todo, lo más interesante, en nuestra
opinión, son los dos grandes sepulcros góticos
del siglo XIII que ocupan el centro de la sala. Provienen del
también vallisoletano monasterio cisterciense de Santa
María de Palazuelos, en Corcos de Aguilarejo.

Ambos son del siglo XIII y extraordinariamente
similares. En ellos aparecen las respectivas figuras yacentes
en las laudas mientras que el cuerpo del sepulcro se apoya en
tres grandes leones. En las caras inferiores se esculpieron
escenas del duelo durante los enterramientos, donde no faltan
los habituales personajes de plañideros y plañideras
lamentándose histriónicamente por la muerte del
personaje. Los asistentes aparecen colocados bajo arquerías
góticas y estructuras arquitectónicas de tipo
fortificación.

En la cara contraria aparece un Cristo en Majestad
rodeado por el Tetramorfos y un Apostolado también bajo
arcos sobre columnas. La iconografía del Cristo en Majestad
con los símbolos de los Evangelistas es un tanto arcaizante
y más propia del románico.

En una de las caras estrechas del sepulcro se puede
ver a dos ángeles portando el alma en el momento crítico
del fallecimiento.

Capilla de Santo Tomás
Sala del siglo XIV donde se exponen importantes
obras de imaginería. Desde esta capilla se accede a los
restos del claustro.
Rincón del claustro
Una de las salas de este museo ocupa el único
espacio conservado del antiguo claustro del siglo XIII, donde
también se exponen importantes obras de arte.

Uno de los platos fuertes de esta estancia es de
tipo arquitectónico, pues hallamos tapiada la que fuera
puerta sur de la colegiata, esto es, la que se abría
en el claustro para acceder a la nave sur del templo.

Se trata de una espectacular portada tardorrománica
del siglo XIII. Muestra varias arquivoltas apuntadas, la mayoría
de ellas basadas en los habituales baquetones y escocias. Sin
embargo la arquivolta interior muestra un doble baquetón
zigzagueante, tanto en el frente como en el intradós.
La arquivolta exterior es muy ancha y forma un
todo continuo con el guardapolvos, mostrando un perfil de dientes
de sierra muy llamativo.

Además de las jambas interiores, los apoyos son
cinco pares de columnas, donde alternan su posición al tresbolillo
(tres adelantadas y dos retranqueadas).
La articulación de las columnas y las siluetas
de las arquivoltas relacionan esta puerta vallisoletana con
la de la iglesia monástica palentina de Santa María
de Mave.

Pero a diferencia de ésta, cuyos capiteles
son vegetales, la de la Colegiata de Valladolid muestra capiteles
figurados de gran plasticidad: animales con cuerpos de palomas
y colas largas acaracoladas en espiral (probablemente de serpiente)
o lo que parece ser un águila tumbada y acurrucada picándose
el pecho.

En el vano cegado de esta puerta se ha colocado
un conjunto escultórico muy apreciable del "Llanto
sobre Cristo muerto", de estilo hispano flamenco atribuido
al maestro de San Pablo de la Moraleja.
Entre otros muchos objetos, también encontramos
una maqueta del siglo XVIII de Manuel Alonso Abril que representa
el proyecto de finalización de la catedral de Valladolid,
aunque nunca llegó a ejecutarse.
Antes de abandonar esta sala debemos fijarnos en
un buen Cristo románico de cuatro clavos que se alza
sobre el muro de la entrada.

Capilla de San Blas y San Juan Evangelista
En esta sala se expone gran cantidad de piezas
de orfebrería de los tesoros litúrgicos de la
diócesis. También se tiene acceso al interior
de la torre románica.
Capilla de Santa Inés
Aunque en este artículo nos hemos centrado
en la colección medieval, no podemos pasar por alto una
de las joyas de este museo, a la vez que constituye una de las
obras maestras de la escultura barroca española del siglo
XVII. Nos referimos al Ecce Homo de Gregorio Fernández
que podemos admirar dentro de una vitrina de cristal a pocos
centímetros de nuestros ojos. Sobresale el espectacular
realismo anatómico del cuerpo de Cristo, la postura clasicista
de cadera y piernas (contraposto) así como la postura
de la cabeza y el gesto del rostro que denotan sufrimiento y
tensión psicológica.

Otras visitas interesantes en Valladolid desde
este museo
Los restos de la colegiata y el citado museo se
encuentran en el corazón de la ciudad antigua de Valladolid,
lo que permite visitar otros monumentos interesantes, muy especialmente
la mencionada catedral herreriana y la famosa iglesia de Santa
María de la Antigua que se encuentra sólo a una
treintena de metros más al norte.

Por su parte la Catedral herreriana, incompleta,
muestra fachadas grandiosas y un interior diáfano y un
tanto frío y oscuro, como corresponde al estilo en que
está construida.
Más interesante, si cabe, es la iglesia
de Santa María de la Antigua fue un templo románico
del siglo XI con reformas de finales del XII o comienzos del
XIII, conservándose de esta época una de las mejores
torres campanario castellanas y una galería porticada
en el lado norte. Este templo fue demolido para edificar un
edificio gótico en el siglo XIV que llegó en estado
de amenaza de ruina al siglo XX, época en que se decidió
derribar el cuerpo de las naves, respetando la torre, pórtico
y la cabecera gótica. El resto fue reedificado en estilo
neogótico pero respetando las formas del templo medieval.

Esta cabecera muestra dos niveles de ventanales
apuntados con vidrieras situados entre gruesos y altos contrafuertes
rematados con pináculos.

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