Salas Capitulares: el Museo
Catedralicio y Diocesano de Salamanca
Las tres Salas Capitulares -construidas
en 1526 y modificadas en los siguientes cuatro siglos- junto a
su planta superior son los espacios principales del Museo Catedralicio
de Salamanca. Al entrar lo hacemos a través de una puerta
manierista y son de destacar algunos artesonados medievales mudéjares.

Lo más destacado es la existencia
de gran cantidad de pinturas realizadas desde la Baja Edad Media
hasta el siglo XX, especialmente de Fernando Gallego y Francisco
Gallego. También se exponen trabajos de uno de los discípulos
de Fernando Gallego: Pedro Bello, además de Luis Roldán,
Juan de Flanes y varios otros. También hay que destacar
un gran conjunto de piezas de imaginería de diversas épocas.

Primera sala
La primera sala, desde el punto
de vista expositivo, está dedicada principalmente a trabajos
de Fernando Gallego, pintor afincado en Salamanca y que trabajó
en la segunda mitad del siglo XV.

Las obras más importantes
son el Tríptico de la Virgen de la Rosa, donde aparece
la Virgen con el Niño en el centro y en las tablas laterales:
San Cristóbal y San Andrés; la Coronación
de la Virgen María; la Flagelación de Cristo y el
Tríptico de Santa Catalina.

Segunda sala
En la segunda sala del museo hay que destacar La
Natividad, San Andrés entre dos clérigos donantes,
La Epifanía y la escultura en madera de San Jerónimo,
obra de Alonso Berruguete.
Tercera sala
La tercera sala es muy variada en contenidos. Dentro
del campo de la pintura, se exponen obras del maestro Pedro Bello,
discípulo de Francisco Gallego, además de otros
trabajos realizados por artesanos anónimos.

En el campo de la imaginería hay que destacar
una pieza pétrea que representa a la Virgen, conocida como
Santa María de la Sede. Se considera obra gótica
del siglo XIV de autor desconocido aunque de filiación
francesa. Durante mucho tiempo, estuvo presidiendo el retablo
mayor, donde hoy se encuentra la Virgen de la Vega. Otra
escultura interesante es un Santiago Apóstol, obra de alabastro
antiguamente policromada -en la actualidad sólo se conserva
en lugares puntuales- de mitad del siglo XV.

También podemos disfrutar de un órgano
portátil de Francisco de Salinas del siglo XVI, que fue
catedrático de música de la Universidad de Salamanca
y la maqueta del tabernáculo neoclásico de la Catedral
Nueva salmantina.

Cuarta Sala
La cuarta sala del Museo Catedralicio y Diocesano
de Salamanca ocupa toda la planta superior de las salas capitulares
que albergan dicho museo
Algunas obras dignas de ser mencionadas son el Tríptico
de San Miguel Arcángel, de Juan de Flandes, el Retablo
de la Virgen del Pópolo, copia del icono paleocristiano,
el Retablo de San Bartolomé, obra del maestro de Terradillos
y una Virgen María de marfil abridera gótica (siglo
XIII).
Otras importantes estancias claustrales
Capilla de Santa Catalina o del Canto
La Capilla de Santa Catalina (Capilla del Canto)
es original del siglo XII pero fue reformada tres centurias más
tarde. Las funciones que ha desempeñado esta capilla -por
ser la más grande todo el claustro- han sido de lo más
variado: sínodos compostelanos, biblioteca capitular y
actividades como capilla musical, en la que se música como
una importantísima cátedra dentro del panorama universitario
español. Ésta es la razón por la que se encuentra
el sepulcro del maestro Doyagüe. En el siglo XX la Capilla
de Santa Catalina se convirtió en parte del Museo Catedralicio,
hasta que en el año 2018, sus colecciones se trasladaron
a las ya citadas Salas Capitulares, permitiendo un nuevo uso:
el de salón de actos culturales.

Capilla de San Salvador o de Talavera (antigua
sala capitular medieval)
La Capilla del Salvador, también conocida
como de Talavera ocupa el espacio de la primitiva sala capitular
de los canónigos. Se ubica junto al brazo sur del transepto.
Se conservan todavía muy bien la comunicación románica
con el claustro con la característica puerta flanqueada
por dos ventanales ajimezados envueltos por arcos de medio punto.
Todo ello con sus respectivos apoyos constituidos por columnas
con capiteles vegetales de fino cincel.

El interior sobrecoge gracias a su cúpula
octogonal con ese mismo número de nervios que se entrecruzan
sin juntarse en la clave, al modo cordobés, o mejor podríamos
decir, al modo almohade. Estos nervios muy decorados apoyan sobre
dieciséis columnas y éstas, a su vez, en ménsulas
con rostros humanos. Todo parece obra tardorrománica -con
los rasgos mudéjares apuntados- del siglo XIII.


La sala capitular medieval se convirtió en
capilla funeraria por rector de la Universidad. Don Rodrigo Maldonado,
que había nacido en de Talavera de la Reina en el siglo
XV (de aquí el nombre de la capilla), cuyo sepulcro y el
de su esposa se encuentran en el centro. Desde el siglo XIV se
mantiene aquí el Rito Hispano.
Capilla de Santa Bárbara
La capilla de Santa Bárbara de la Catedral
Vieja de Salamanca es la contigua a la de Talavera, estando situada
algo más al sur. Su fundación es del siglo XIV,
por mandato del prelado Juan Lucero a mediados del siglo XIV,
cuyo enterramiento se halla en el centro de la estancia. Hay que
fijarse en la espectacular y elevada bóveda de crucería
de ocho plementos que se yergue sobre cuatro trompas.

Aquí se celebraban los exámenes finales
de grados de la Universidad de Salamanca y las tomas de posesión
y los juramentos de los rectores hasta el siglo XIX. No debemos
olvidar que la Escuela Catedralicia fue germen para la creación
de la Universidad de Salamanca.

La capilla de San Bartolomé o de los Anaya
A través de una puerta de origen románico
se entra en la famosa Capilla de San Bartolomé o de los
Anaya donde encontramos en el medio de ella el sepulcro mausoleo
del su fundador, que no es otros que Diego de Anaya, que fue obispo
de Salamanca y arzobispo de Sevilla.


El grupo escultórico está tallado en
alabastro, quizás por un artista alemán. Se encuentra
la figura yacente del arzobispo tumbado sobre una cama sostenida
por leones.

Los flancos, cabecera y pies están labrados
con escenas cristianas y el escudo del personaje. Lo rodea una
excelente reja gótica de comienzos del siglo XVI.

La cubrición de tan emblemático espacio
se corresponde con una bóveda tardogótica estrellada
con arcos cruceros y terceletes.

En la parte inferior de los muros perimetrales aparecen
arcosolios con sarcófagos de otros miembros de la familia
Anaya que aquí descansan.
Por último citaremos el órgano medieval
-en perfecto estado de funcionamiento- fechado en el siglo XIV
y que es considerado como uno de los más antiguos del panorama
europeo. Está colocado sobre un podio mudéjar.
La singular Capilla de San Martín
o del Aceite, bajo la torre de la iglesia
Obviamente la capilla de San Martín
no se encuentra en el claustro. Ocupa el espacio de la planta
de la torre campanario y es de gran importancia por su extraordinaria
colección de pinturas de estilo gótico lineal
o francogótico que se han conservado muy bien en sus
muros. La imagen del santo francés titular no podía
faltar así que la encontramos en la entrada de la capilla
en su iconografía más habitual, cuando Martín
de Tours era un soldado romano y comparte la mitad de su capa
con un pobre aterido de frío.
Ya una vez en el interior nos maravillaremos
con el conjunto de pinturas murales, del que más tarde
nos ocuparemos, y del sepulcro Obispo Rodrigo Díaz

El arcosolio en el que se halla
es de arco apuntado y rematado en un piñón triangular.
Conserva diversas pinturas murales entre las que no faltan de
tipo heráldico con los escudos de Castilla y León.
La escena más importante es, sin embargo, la Epifanía
o Adoración de los Reyes Magos.

También es muy destacable
el sepulcro del fundador de la capilla, Pedro Pérez,
fallecido en 1262.
Con todo, lo más espectacular
y valioso de la Capilla de San Martín de la Catedral
Vieja de Salamanca es el conjunto de pinturas murales que se
reparten en dos temáticas.
Por un lado, tenemos el conjunto
de pinturas fechadas en 1262 (aunque numerosos autores ponen
en tela de juicio esta datación tan temprana) y serían
obra de Antón Sánchez de Segovia. En ellas se
imita las formas de un retablo con arquerías que rodean
una estatua de la Virgen, que se encuentra rodeada de pinturas
de sus padres: San Joaquín y Santa Ana, además
de profetas del Antiguo Testamento que profetizaron sobre María:
Jeremías, Isaías y Daniel.
El otro grupo pictórico
mural se centra en la aparición de Jesucristo al final
de los tiempos en el momento de la Parusía o Venida Gloriosa.
Jesús aparece entronizado enseñando las llagas
de la Pasión. Su figura se encuentra rodeada por una
mandorla repleta de ángeles. Algo más abajo encontramos
las figuras de diferentes protagonistas bíblicos identificados
por su nombre.

Los sepulcros y pinturas del brazo
sur del transepto
Otro de los espacios no claustrales
pero que en sí mismo se pude considerar un auténtico
museo es el conjunto de escultura funeraria y de pinturas murales
-mayoritariamente del siglo XIII- que hallamos en el brazo meridional
del transepto. Hay que recordar que el opuesto, el brazo norte,
desapareció cuando se adosó el muro meridional
del Catedral Nueva.

Iluminado por ventanales románicos
y un precioso rosetón y cubierta por una bóveda
de arista reforzada por nervios decorados con chevrons, este
espacio conserva los sepulcros del arcediano de Ledesma: Diego
García, López, Doña Elena de Castro, el
chantre Aparicio Guillén y el deán abulense Alonso
Vidal.

En su conjunto es una formidable colección
de escultura gótica funeraria, donde aparecen los difuntos
yacentes acompañados de otros tipos de relieves. En algunos
casos son escenas de la muerte y su cortejo fúnebre.
En otras se abordan temas bíblicos esperanzadores de
la Resurrección, como el Ciclo de la Natividad y el de
la Pasión de Cristo.

Mantienen, a su vez, en bastante buen
estado de conservación, la policromía que cubría
la piedra. También se complemente con pinturas murales
en los espacios lisos a modo de tímpanos de los arcosolios
y por encima de ellos.

Dichas pinturas murales figurativas
pertenecen, como en el caso de la Capilla de San Martín,
al estilo francogótico o gótico lineal y se centran
mayoritariamente en la Parusía Gloriosa de Cristo, pues
es el momento en que los fallecidos resucitarán.


Más información de la
Catedral
Vieja, Salamanca 
