El
Camino del Cid en Valencia
Introducción
a la Guía monumental del Camino del Cid en Valencia
El Camino
del Cid, ya prácticamente en su parte final, recorre de
norte a sur la provincia de Valencia; constituyendo, sin lugar
a dudas, una de las fases más relevantes de la ruta cidiana
tanto por su importancia histórica dentro del proceso de
Reconquista cristiana de la Península Ibérica, como
por una serie de episodios acaecidos en el territorio que contribuyeron
decisivamente a la forja de una leyenda en torno a la personalidad
de Rodrigo Díaz de Vivar.
Desde
las tierras castellonenses del Alto Palancia, ingresa el Camino
del Cid en la provincia de Valencia por su extremo norte, recorriendo
en primera instancia y en dirección Este, la comarca del
Campo de Murviedro, así llamada por la nomenclatura medieval
de su capital, Sagunto.
A partir de
la propia ciudad saguntina y en paralelo a la línea costera,
la ruta cidiana emprende rumbo sur para, tras recorrer las populosas
localidades de la Huerta Norte, la mayoría de ellas fuertemente
condicionadas por la notable expansión metropolitana de
la capital provincial, alcanzar la ciudad de Valencia, cuya conquista,
pone punto y final al relato del destierro de Rodrigo en el poema
épico.
A
partir de Valencia, el Camino del Cid recrea los movimientos y
las distintas andanzas del de Vivar por el reino valenciano con
el fin de consolidar sus defensas. Así, el itinerario,
en dirección sur, remonta las comarcas de la Huerta Norte,
la Ribera Alta del Júcar y La Costera hasta llegar a la
plaza de Xátiva, desde donde, una vez rebasada la Vall
d'Albaida, penetra en la vecina provincia de Alicante.

Desde fechas
recientes, está tratando de ponerse en valor una preciosa
alternativa senderista a la ruta cidiana tradicional, la cual,
discurriría en paralelo a la franja costera atravesando
localidades de enrome interés de la Ribera Baja, la Valldigna
y La Safor; como son Cullera, Tavernes, Xeraco, Gandía
y Oliva. Esta variante, convertible también en un anillo
circular con punto de inicio y final en Valencia, vendría
a unirse con la ruta tradicional pocos kilómetros después
de Xátiva.
La
Conquista de Valencia
Los primeros
kilómetros del Camino del Cid dentro de los límites
provinciales valencianos vienen a coincidir con la etapa final
de lo que identificaríamos, basándonos en el Cantar,
como la ruta de la Conquista de Valencia, la cual, cuenta como
puntos culminantes con las importantes plazas de Sagunto, El Puig
y la propia capital provincial, todas ellas, expresamente mencionadas
en el Poema
El
Campo de Murviedro
Reciben al
Camino del Cid una vez entrado éste en tierras de Valencia
las bonitas localidades de Algar de Palancia, Alfara de la Baronía
y Algimia de Alfara, poblaciones todas ellas de eminente carácter
rural y en las que es aún posible disfrutar de interesantes
muestras de arquitectura popular.
A la altura
de Torres Torres, población que conserva los restos de
un castillo y unos baños árabes notablemente conservados,
caben dos posibilidades: la primera y más conocida de ellas
consistiría en continuar por el camino más rápido
hacia Sagunto pasando por los núcleos de Albalat dels Tarongers
y Estivella, donde sobreviven los espectaculares restos del Castillo
de Baselga.

La segunda
opción, mucho más agradable al discurrir por caminos
sin apenas tráfico, es la de, desde Torres Torres, alcanzar
Quart de les Valls, población en la que se dice que asentó
Rodrigo de Vivar su campamento desde el cual procedió a
la toma de la vecina plaza castellonense de Almenara. Desde Quart
es posible alcanzar directamente Sagunto atravesando Quartell
y Benavites, localidad esta última que presume de conservar
una espectacular torre fortificada cuya esbeltez la hace visible
desde varios kilómetros de distancia.
Sagunto
Sagunto fue
uno de los últimos bastiones de relevancia con que se toparían
las huestes cidianas antes de alcanzar la capital valenciana,
siendo provisionalmente conquistada por Rodrigo en el año
1098. Sin embargo, su historia ha de remontarse muchos siglos
atrás, y es que la actual Sagunto es heredera de la Arse
ibérica, de la Saguntum romana, de la Murbaytar islámica
y de la Murviedro cristiana, topónimo este último
con el que es citada la plaza en el propio Cantar y que, en la
actualidad, da nombre a toda su comarca.

De su dilatadísimo
pasado histórico, son numerosos los restos conservados
a lo largo y ancho de su casco urbano, siendo su singular teatro
romano, semiexcavado en la roca aprovechando una ladera, su principal
icono turístico.
Coronando
el propio cerro sobre el que se acomoda el teatro y dominando
amplísimas panorámicas que alcanzan incluso la capital
provincial, fue levantado su majestuoso castillo, constituido
por un complejísimo cinturón amurallado de más
de un kilómetro de longitud que sería testigo privilegiado
de la toma de la ciudad por Rodrigo de Vivar a finales del siglo
XI, un dominio que, sin embargo, sería efímero ya
que, tras su muerte, pasaría de nuevo a manos árabes
hasta que, entre 1238 y 1239, caería definitivamente en
manos cristianas en el contexto de las empresas expansionistas
del monarca Jaime I el Conquistador.

En cuanto
a patrimonio religioso se refiere, destaca la iglesia de Santa
María, levantada sobre la antigua mezquita mayor de la
ciudad y que constituye uno de los mejores ejemplos conservados
de gótico valenciano. Sin embargo, el templo más
antiguo de Sagunto es el del Salvador, cuyos orígenes se
remontan a los mismos años de la reconquista de la ciudad
a medidos del siglo XIII.
El
Puig
Rebasada la
población de Puçol, donde tan sólo ha subsistido
de época medieval la llamada Torre Talaia, el Camino del
Cid llega a El Puig, plaza citada en el Cantar bajo el nombre
de Cebolla y cuyo castillo, de origen árabe y hoy en estado
ruinoso, sería igualmente testigo de la toma de la localidad
por parte de las huestes castellanas.

Sin embargo,
el edificio más emblemático del municipio es el
Monasterio del Puig, propiedad de los padres mercedarios, declarado
Monumento Nacional en 1969 y que, tradicionalmente, ha venido
funcionando como residencia real cuando los diferentes monarcas
han visitado tierras valencianas.
Los orígenes
del cenobio se encuadrarían cronológicamente en
los años inmediatamente posteriores a la toma de la población
por parte del rey Jaime I, siendo objeto, a lo largo de los siglos,
de numerosas reformas y ampliaciones que modificarían considerablemente
su aspecto original.

De aspecto
fortificado merced a sus potentes torres angulares y a su amurallamiento
almenado, conserva de su fábrica original la iglesia gótica
de tres naves cubiertas con bóveda de crucería,
siendo su pieza más sobresaliente la portada septentrional,
presidida por un elegante rosetón y configurada a base
de arquivoltas ligeramente apuntadas que reposan sobre columnas
culminadas en capiteles figurados.
También
de origen medieval es la Cartuja del Ara Christi, sin embargo,
en este caso, apenas se conserva resto alguno de su fábrica
primigenia ya que, en el siglo XVI, fue sometida a una total reconstrucción.
La
Huerta Norte
Rebasado El
Puig, la ruta cidiana discurre paralela a la costa atravesando
poblaciones como La Pobla de Farnals, Massamagrell, Albalat dels
Sorels, Meliana, Almassera, Tavernes Blanques y Alboraya, la mayoría
de ellas simples alquerías en tiempos de Rodrigo de Vivar
pero que hoy, fruto del incesante desarrollo económico
de Valencia, han pasado a convertirse en modernas ciudades de
su cinturón metropolitano.
Valencia
Punto culminante
de las andanzas de Rodrigo de Vivar tras su destierro castellano,
la ciudad de Valencia fue uno de los escenarios más relevantes
en la forja de una leyenda en torno a la personalidad del caballero
castellano.
Valencia fue
una de las plazas más importantes durante la dominación
islámica de la Península Ibérica, constituyéndose,
tras el desmoronamiento del califato cordobés, en uno de
los reinos taifas más prósperos económicamente,
razón por la cual, su reconquista fue una empresa prioritaria
de los distintos monarcas cristianos.
No
sería hasta junio del año 1094 cuando, tras un cruento
asedio de seis meses, la ciudad cayese en manos del Cid, quien
consiguió defenderla encarnizadamente ante las numerosas
acometidas almorávides hasta su muerte en 1099, después
la cual, tan sólo tres años después y tras
el abandono de su viuda Jimena, pasaría de nuevo a dominio
musulmán. A partir de entonces, pese a las intentonas de
varios monarcas, habría que esperar a 1238 para que, de
la mano de Jaime I y con la inestimable ayuda de la Orden de Calatrava,
la ciudad cayese ya de manera definitiva bajo poder cristiano.
Desde el punto
de vista patrimonial, el edificio más importante de la
capital valenciana es su catedral, levantada entre los años
1262 y 1356 en un impecable estilo gótico de tipo languedociano
y con marcados aires cistercienses. Pocas décadas después
de su finalización, concretamente en 1381, fue erigida
la conocida como Torre del Miguelete que, en la actualidad, se
ha convertido en uno de los iconos más reconocibles de
la ciudad del Turia.

Igualmente
reseñables, amén de su precioso cimborrio, son las
dos portadas principales de acceso a la seo: la occidental, puramente
gótica y coronada por un magnífico rosetón;
y mucho más desconocida, la denominada "del Palau",
de tipo románico aragonés y que constituye uno de
los escasos vestigios de este estilo en la Comunidad Valenciana.
Del primitivo
cinturón fortificado de Valencia, que tantos embates sufrió
a lo largo de la historia, han llegado a nuestros días
en magnífico estado de conservación las llamadas
Torres de Quart y las Torres de Serranos, dos de las doce puertas
con que contaba en origen la muralla medieval valenciana.

Completan
la nómina de monumentos medievales valencianos la iglesia
de San Juan del Hospital, la más antigua de la ciudad;
y la espectacular Lonja de la Seda, proyectada a finales del siglo
XV por Pere Compte y reconocida unánimemente como una de
las obras maestras del gótico civil español.
Ramal
de Olocau
Aún
en proyecto y en proceso de acondicionamiento, el llamado Ramal
de Olocau, con punto de partida entre las localidades de Puçol
y El Puig, vendría a integrar la población del mismo
nombre dentro de la ruta cidiana ya que, para algunos, este Olocau
vendría a identificarse, en disputa con la población
castellonense de Olocau del Rey, con la legendaria plaza de "Alucad",
mencionada en el Cantar.
Serra
La pequeña
población de Serra, en plena Sierra Calderona, respira
medievalismo por todos sus poros, empezando por su propia morfología
a base de pequeñas y empinadas callejuelas, y terminando
por su torre de origen islámico aún conservada en
el mismo centro del caserío.
Algo alejado
de la población, ha subsistido también, aunque en
estado de ruina parcial, el llamado Castillo del Alto del Pino,
una fortaleza que formaba parte junto a otras del entorno del
cinturón defensivo que protegía el flanco norte
de la Valencia musulmana.

Por último,
digna de reseñar es también la Cartuja de Portaceli,
una construcción cuyos orígenes se remontarían
al siglo XIII, siendo la tercera fundación de la orden
de San Bruno establecida en España y primera en tierras
valencianas. Las numerosas reformas neoclásicas, amén
de los años de abandono que padeció tras la Desamortización,
han hecho que apenas se conserve resto alguno de cronología
medieval, aunque en la actualidad se encuentra de nuevo en uso.
Olocau
Disputándose
con su homónima castellonense "del Rey" la posibilidad
de ser la auténtica plaza citada como "Alucad"
en el Cantar de Mío Cid, esta preciosa población
valenciana, enclavada en plena Sierra Calderona, puede igualmente
presumir de un dilatadísimo pasado histórico puesto
de manifiesto, entre otros vestigios, en el espectacular poblado
ibérico del Puntal dels Llops, un asentamiento datado nada
menos que en el siglo V antes de Cristo.

De época
medieval, su monumento más relevante, pese a su actual
estado ruinoso, es el Castillo del Real, también conocido
como de Ali Maimo; una construcción levantada coronando
un cerro casi inaccesible y por el que, según narra la
llamada Historia Roderici, pasarían las tropas de Rodrigo
de Vivar.
Ya en el propio
casco urbano, el Palacio de los Condes de Olocau y su aneja Torre
de Pardines, forman un binomio de lo más sugestivo, atribuyéndosela
a esta última orígenes romanos.
La
Defensa del sur
Las últimas
etapas del Camino del Cid se desarrollan por tierras valencianas
y alicantinas rememorando los avatares, tanto históricos
como literarios, que protagonizaría Rodrigo de Vivar en
su empresa de consolidar las, por aquel entonces, precarias defensas
de su recién conquistada Valencia.
El vial principal
recorre, en dirección sur, las Comarcas de la Huerta Norte,
la Ribera Alta del Júcar, La Costera y la Vall d'Albaida,
penetrando tras ella en tierras alicantinas camino de Villena.
Existe una segunda variante, que a continuación abordaremos,
que discurre paralela a la costa y que entronca con el ramal principal
pocos kilómetros después de Xátiva.
La
Huerta Norte
Compuesta
en la actualidad por populosas localidades crecidas al amparo
del influjo económico y demográfico de Valencia,
en tiempos del Cid la mayoría de estas poblaciones no serían
sino pequeñas alquerías, algunas fortificadas, que
pasarían definitivamente a poder cristiano tras la toma
de Valencia por parte de Jaime I el Conquistador durante la primera
mitad del siglo XIII.

Así,
la ruta cidiana atraviesa Sedaví, Benetússer, Alfafar,
Massanassa, Catarroja, Albal, Silla y Almusafes entre otras, conservando
algunas de ellas interesantes vestigios aislados de tiempos más
pretéritos, como los restos de una villa romana en Catarroja,
dos airosas torres árabes en Albal y Silla, y nada menos
que tres en Almussafes, con la particularidad de conservarse aún
los pasadizos defensivos con que se comunicaban entre sí.
Benifaió
Recién
entrada la ruta cidiana en la comarca de la Ribera Alta, la primera
población que sale a al paso es Benifaió, donde
enseguida llaman la atención las siluetas de dos de sus
torres defensivas de época almohade: la Torre de la Plaza
y la Torre Muza o de L'Horta.

La primera,
de cuatro pisos y almenada, serviría de lugar de refugio
para los habitantes de las alquerías que compondrían
la Benifaió medieval; mientras que la segunda, reformada
en época cristiana, hay quien señala que pudo tratarse
de una torre - palomar.
Alzira
En la misma
ribera del río Júcar y formando con su vecino Algemesí
una de las principales aglomeraciones urbanas de la Comunidad
Valenciana, la hoy próspera e industrial Alzira ha sabido,
pese a su desarrollo, conservar parte de su rico pasado histórico
medieval.

Así,
destaca la llamada "Villa", que vendría a coincidir
con el antiguo centro histórico que, originalmente, quedaba
intramuros de su antigua muralla medieval, hoy peatonalizado y
declarado Bien de Interés Cultural. Uno de los símbolos
de Alzira es la "Cruz Cubierta", un monumento que conmemora
el fallecimiento del rey Jaime I el Conquistador en la propia
ciudad alcireña, en la que el monarca pasaba largos periodos
de tiempo.

Además
de la iglesia arciprestal de Santa Catalina, erigida sobre la
antigua mezquita mayor de la ciudad; y de su precioso Ayuntamiento
habilitado en un elegante palacete tardogótico, son de
visita obligada las evocadoras ruinas del antiguo monasterio jerónimo
de La Murta, enclavado en un paraje de singularísima belleza.
Carcaixent
Dependiente
de Alzira en el medievo, puede presumir Carcaixent de conservar
una de las escasas iglesias rurales de reconquista conservadas
en la provincia de Valencia. Se trata de la ermita de San Roque
de Ternils, un edificio a caballo en lo estilístico entre
el tardorrománico y el protogótico que pudo servir
en su momento de parroquia de una pequeña población
hoy desaparecida.

Se sitúa
además Carcaixent en una posición privilegiada en
la llamada "Ruta de los Monasterios de Valencia", albergando
en su término el Monasterio de Aguas Vivas, de origen gótico
pero profundamente remodelado en la Edad Moderna.
Xátiva
Capital de
la comarca de La Costera, Xátiva es, sin ninguna duda,
uno de los conjuntos históricos artísticos más
interesantes de la Comunidad Valenciana desde el punto de vista
medieval.
Preside la
ciudad su espectacular fortaleza que, en realidad, no son sino
dos castillos distintos llamadas "mayor" y "menor"
unidos entre sí por un potentísimo cinturón
amurallado dentro del cual pueden apreciarse restos de un castro
ibérico, vestigios de época romana, y una alcazaba
árabe que, tras la conquista cristiana, sería ampliamente
remodelada.

Ya en el casco
urbano, son nada menos que cinco los edificios religiosos de cronología
medieval llegados a nuestros días, siendo el más
antiguo de ellos el templo de San Félix, edificio cuyos
orígenes se remontan a escasos años después
de la toma cristiana de la ciudad y en el que, pese a encuadrarse
ya en los siglos del gótico, se observan apreciables reminiscencias
formales románicas.

Ya plenamente
góticas son las iglesias de San Pedro y de San Francisco,
ésta última perteneciente a un convento hoy desaparecido
y que conserva una elegantísima portada de dos arquivoltas
apuntadas enriquecidas con decoración a base de cardinas.

De similar
hechura es la portada del Convento de los Trinitarios, ubicado
además en una plaza presidida por una pintoresca fuente
gótica que hace del lugar uno de los rincones con más
encanto de Xátiva.

Completan
la nómina de construcciones medievales de la ciudad el
Palacio del Almodí, gótico al exterior y ya plenamente
renacentista al interior; el Hospital Mayor con la suntuosa portada
gótica de su capilla de la Asunción; y la iglesia
del antiguo convento de San Francisco, recientemente recuperada.
Ontinyent
Capital de
la Vall d'Albaida y a orillas del río Clariano, se accedía
originalmente a Ontinyent (Onteniente en castellano) a través
de un precioso puente renacentista conocido como "Puente
Viejo" que comunicaba sus tierras de labor con el antiguo
casco urbano medieval, donde son aún apreciables varios
palacetes tardogóticos y restos aislados de su antigua
muralla, de la cual, ha sobrevivido aunque reformada la Puerta
de San Roque.

El monumento
más señero de Ontinyent es, sin embargo, la espectacular
iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción,
de origen medieval aunque profundamente reformada y que destaca
por presentar, con 71 metros de altura, la torre campanario más
alta de toda la Comunidad Valenciana.

A escasos
diez kilómetros de Ontinyent se ubica Albaida, otra población
de inconfundible sabor medieval donde destaca, además de
su recinto amurallado de época almohade, el Palacio de
los Milá y Aragó y la iglesia arciprestal de Santa
María.
Bocairent
La última
localidad de la ruta en tierras de la provincia de Valencia es
la espectacular Bocairent, población de origen árabe
coronada por el hoy desaparecido castillo de Bekiren y que perteneció
a la Taifa de Denia hasta 1245, fecha en la que sería anexionada
a la Corona de Aragón tras su conquista por parte del rey
Jaime I.

En la actualidad,
por encima de cualquier edificación en concreto, lo que
llama la atención en Bocairent es su armónico y
encantador conjunto urbano de sabor medieval, el cual ha sido
declarado Conjunto Histórico Artístico.
Por
la Taifa de Valencia
Una última
variable que permite recrear las andanzas de Rodrigo Díaz
de Vivar por tierras valencianas es la que, discurriendo mucho
más próxima a la línea litoral, parte de
la capital en dirección sur para, aproximadamente a la
altura de Gandía, emprender rumbo oeste hasta entroncar
con el vial principal cerca de Xátiva.

Este itinerario,
convertible también en anillo circular con salida y meta
en Valencia, recorre las comarcas de la Ribera Baja y La Safor,
donde sus poblaciones, pese a la presión del desarrollo
turístico, han sabido conservar, en algunos casos, parte
de su primitivo encanto medieval.
Cullera
Explícitamente
citada en el Cantar, Cullera sería una de las numerosas
plazas que las huestes cidianas saquearían tras la toma
de Valencia, siendo su fortaleza el lugar en el que el rey almorávide
Yussuf encontraría refugio tras su derrota ante las tropas
cristianas.

El lugar más
emblemático de Cullera es, sin ninguna duda, el binomio
monumental que conforman lo que queda de su castillo árabe
y el santuario de la Virgen del Castillo, desde donde, además,
pueden disfrutarse maravillosas vistas panorámicas del
litoral valenciano.
Tavernes
de la Valldigna
Entre Tavernes
y su cercanísima población de Simat, el Monasterio
de Santa María de la Valldigna es el cenobio cisterciense
más importante de la Comunidad Valenciana, atribuyéndose
su fundación, según la tradición, a tiempos
del rey Jaime II de Aragón, quien, considerando que se
trataba de un entorno "digno" de contar con un monasterio
de entidad, cedió el territorio al abad de Santes Creus
para su construcción.

El conjunto
monacal que observamos en la actualidad es una suma de distintas
campañas constructivas y reformas que, desde el siglo XIV,
se extenderían hasta bien entrado el XVIII, quedando abandonado
tras la Desamortización en el siglo XIX y siendo recuperadas
y consolidadas sus ruinas a finales de la pasada centuria.

Remodelada
por completo su primitiva iglesia gótica en época
barroca, los restos medievales conservados en el cenobio de la
Valldigna se limitan a la sala capitular, refectorio, locutorio
de monjes, algunos vestigios del claustro primitivo y al palacio
del abad; siendo también digna de reseñar la monumental
y fortificada Puerta Real, a través de la cual, se ingresaba
en el recinto monacal salvando la potente muralla que lo delimitaba.
Gandía
Antes de emprender
de nuevo rumbo oeste para entroncar con el vial principal, la
última de las plazas relevantes que atraviesa este ramal
temático de la ruta cidiana a través de la taifa
valenciana es la hoy próspera y turística ciudad
de Gandía, población de notable importancia ya desde
época bajomedieval y que, aún en la actualidad,
viene siendo conocida como la "Ciudad Ducal"

De su casco
histórico monumental, declarado Conjunto Histórico
Artístico y recientemente acondicionado y peatonalizado,
destaca por encima del resto de edificios la suntuosa colegiata
de Santa María, llamada popularmente "la seu"
por sus enormes proporciones.

Erigida a
finales del siglo XIV a instancias del Duque Alfonso el Vell sobre
los restos de la antigua mezquita mayor, consta de una amplísima
nave de nueve tramos con capillas laterales entre los contrafuertes,
constituyendo así un modelo paradigmático del gótico
mediterráneo y una de las construcciones más armónicas
del bajomedievo levantino.

Desde Gandía,
y tras una breve incursión en la cercana Oliva, el ramal
gira noventa grados al oste para, atravesando Rótova y
Beniatjar, empalmar con el Camino principal pocos kilómetros
después de Xátiva.
(Autor
del texto del artículo/colaborador de ARTEGUIAS:
José Manuel Tomé)
