Castillos de Europa. Introducción a su historia
y características
Tipología, evolución, partes y funciones
Tipología de fortificaciones
medievales cristianas de Europa
En función de su emplazamiento las
fortificaciones cristianas europeas de la Edad Media podían
ser motas o rocas.
Se da el nombre de mota a los castillos
levantados sobre tierra.
En
cambio, las rocas eran fortalezas construidas sobre un promontorio
pétreo. La diferencia era importante puesto que las motas se
podían minar con mucha más facilidad.
Desde el punto de vista de la forma, podemos
distinguir entre fortificaciones de planta regular e irregular. Los
de planta regular son los que presentan una traza geométrica
y simétrica en la distribución de sus elementos constructivos.
Este tipo de castillo era propio de terrenos llanos.
En función de su distribución,
las fortalezas se pueden clasificar en concentradas y dispersas. Las
primeras presentan todos sus elementos constructivos centralizados
y agrupados mientras que las dispersas van agregando elementos defensivos
como corachas o torres albarranas, más o menos alejados del
núcleo central y principal.
Evolución
Si analizamos las fortalezas medievales
cristianas desde un punto de vista evolutivo podemos observar la notable
transformación que experimentaron en su fisonomía a
partir del siglo XV, con la difusión de la artillería.
Así, las antiguas fortalezas macizas, de muros altos y casi
ciegos, sin vanos, jalonados por torres, matacanes y almenados, dejan
paso a otras en las que las almenas, antes separadas entre sí,
se juntan formando un parapeto corrido y de superficie convexa para
rechazar los proyectiles. Se abren troneras en los muros para asomar
por ellas las bocas de fuego de los cañones, y se reduce la
altura de muros y torres para disminuir, en la medida de lo posible,
la superficie vulnerable.
Partes y funciones de la fortificación cristiana
medieval
El principal elemento de defensa de las fortalezas cristianas
medievales eran las murallas que las rodeaban.
Las murallas solían ir flanqueada por torres de
muy diversas formas y tamaños. La torre del homenaje era la
torre mayor y principal del castillo sirviendo de residencia y último
reducto de resistencia.

La muralla tenían almenaje y adarve, una especie
de terraza o camino de ronda, normalmente descubierto, por donde circulaban
las tropas para la defensa de la fortaleza.
En la parte más alta aparecía el matacán,
obra que sobresale en voladizo en la fachada de la fortificación,
lo que permitía a los sitiados arrojar proyectiles o líquidos
al enemigo que se acercaba al muro.
Otro elemento del muro de la fortificación que
permitía disparar proyectiles a los que intentaban sitiarla
era la saetera. Se trataba de una abertura vertical y estrecha hecha
en el muro, a través de la cual se disparaba, con arco o ballesta.
Con la aparición de las bombardas y otras máquinas de
artillería, a fines de la Edad Media, las fortificaciones se
dotaron de troneras, aberturas en la pared del castillo que permitían
colocar un cañón y dispararlo con precisión.
En el interior del recinto amurallado se sucedían
las distintas dependencias destinadas al acuartelamiento de las tropas,
al almacenaje de víveres y pertrechos de guerra, y la residencia
del alcaide o gobernador de la fortaleza.

Para asegurar sus defensas, la fortificación contaba
con una serie de elementos situados fuera de la cerca o muralla principal:
torres albarranas, corachas, barbacanas, fosos, etc.

Introducción a las fortificaciones y castillos
de Europa
Castillos medievales en Portugal
La historia de Portugal durante la Edad Media discurre,
como es lógico, en un paralelismo casi absoluto con los reinos
de la vecina España, razón por la cual, sus castillos
y fortalezas no presentan grandes singularidades respecto a las que
podemos contemplar en cualquiera de nuestras regiones.
Durante la Alta Edad Media, las grandes fortificaciones
portuguesas nacen con un eminente carácter militar, bien como
bastiones defensivos frente al siempre amenazante peligro musulmán,
bien como atalayas garantes de protección para las volátiles
fronteras con la entonces hegemónica y vecina Corona de Castilla.
Ya en tiempos de paz, buena parte de las fortificaciones
portuguesas, muchas de ellas de origen árabe, acabarán
perdiendo su primigenia función militar para ser transformadas
por sus nuevos tenentes en majestuosas construcciones residenciales,
siendo un buen ejemplo de ello el espectacular castillo de Leiria,
uno de los más visitados del país; o el de Evoramonte,
profundamente reformado y reinterpretado a la manera de los castillos-palacio
italianos del Renacimiento.

Uno de los castillos más icónicos de Portugal
es el de Guimaraes, plaza de capital importancia en la independencia
del país y considerado popularmente como ?cuna de la nacionalidad?.
Dentro de la categoría de fortalezas de frontera, merecen ser
destacados los castillos de Marvao, el de Portel, y de Silves, considerado
este último el mejor castillo árabe conservado en Portugal.

Más hacia territorios litorales, se encuentran
también entre la nómina de castillos portugueses más
renombrados la espectacular fortaleza de Obidos, o el enormemente
pintoresco de Santa María da Feira, cuya apariencia parece
transportarnos casi al mundo de la fantasía. Más al
sur, son de destacar el histórico castillo de San Jorge en
la propia Lisboa o, ya de época renacentista, el fuerte de
San Felipe de Setubal
Por último, emplazado sobre un altozano en un
islote en medio del río Tajo y asociado a la Orden del Temple,
el Castillo de Almourol, de inigualable fotogenia, es en la actualidad
una de las residencias oficiales de la República Portuguesa.

Castillos medievales en Francia
Hasta los siglos XI y XII las fortificaciones en solar
francés eran simples torreones denominados donjones. La puerta
nunca estaba a nivel de terreno y había que subir a ella por
una escala de mano, que retirada la hacía infranqueable. En
el Loira existen ejemplos como el donjón de Loeches y el de
Beaugency, de finales del siglo XI.

Es a partir de las Cruzadas cuando la arquitectura militar
de Francia y de otros países europeos se perfecciona siguiendo
modelos y técnicas bizantinas y árabes. Surgen entonces
verdaderas fortalezas, primero en Oriente, como el Chastel Blanc de
Tripolitania o el Krak de los Caballeros de Siria, construidos por
los caballeros templarios y hospitalarios respectivamente.
La técnica que los arquitectos militares adquirieron
en Oriente se trasladó a los castillos que elevaron en Francia,
donde se añadieron a lo simples torreones o donjones otros
elementos constructivos como murallas, matacanes, caminos de ronda,
almenados, además de una sucesión de estancias que permitían
el alojamiento del señor de la fortaleza y su familia. Felipe
II Augusto impulsó la construcción de un gran número
de ellos en Normandía: Gisors, Rouen, Falaise, Lillebonne o
Verneuil.

El elemento característico de estas fortificaciones
sigue siendo el donjon o gran torreón defensivo, denominado
en España torre del homenaje, aunque ahora se acompaña
con otras construcciones que forman un complejo aparato defensivo.
Estos donjones fueron inicialmente rectangulares, pero la influencia
oriental impuso la planta circular con escarpes o taludes en la base
que servían para que para los proyectiles arrojados desde lo
alto de las murallas rebotaran sobre el enemigo. Algunos de los donjones
o torres del homenaje más imponentes de Francia fueron los
del castillo del Louvre de París, el de Coucy (siglo XIII),
con una altura de 54 metros, o el de Vincennes (siglo XIV), imponente
masa cuadrada, reforzada por cuatro torrecillas o cubos y por un recinto
propio.

En el sur de Francia existen dos magníficos ejemplos
de recintos urbanos fortificados: Carcasonne y Avignon, ambas declaradas
patrimonio de la humanidad.

Cabe destacar las figuras de dos grandes constructores
de castillos en Francia: el duque de Berry y Luis de Orleans. El primero,
del que apenas se conservan construcciones, empleó en ellas
al arquitecto Guy de Dammartin, artífice de los castillos de
Poitirers, Bourges o Mehun-sur-Yevre.
En cuanto a Luis de Orleans, fue el constructor del castillo
de la Ferté-Milon y del de de Pierrefons, reconstruido por
Viollet-le-Duc por encargo de Napoleón III y su esposa Eugenia
de Montijo. El castillo tenía lienzos defendidos por volados
matacanes (machicoulis) y un camino de ronda cubierto.
Más
información de Castillos
de Francia 
Fortificaciones y castillos medievales en los Países
Germánicos
A parte de los castillo erigidos por los señores
en sus feudos, en los territorios germánicos destaca el esfuerzo
constructor llevado a cabo por la Orden Teutónica en su labor
colonizadora hacia el Este de Europa. El principal castillo de la
orden es el de Mariemburgo o Malbork (Polonia), iniciado en 1280 y
convertido en residencia del Gran Maestre desde principios del siglo
XIV. Es un conjunto muy complejo, reflejo de la arquitectura gótica
en ladrillo del Báltico.

Son importantes también los castillos de la orden
en Rheden y Lochstedt. Se trata de castillos-conventos, mezcla de
fortaleza militar y monasterio.

En Bohemia destaca el castillo de Karlstein, construido
entre 1348 y 1365 para guardar en él las joyas y las reliquias
de la Corona Imperial, y el castillo de Praga, con la sala de Ladislao,
obra de Benedicto Rieth.
Uno de los elementos más característicos
de la arquitectura militar de los países germánicos
es la presencia de puertas-torre. Se trata de soberbios torreones
que en su base están perforados para el paso. Destaca la Puerta
de San Florián (Cracovia), la de San Severino (Colonia), la
de Uengling (Stendal), la de Konigsberg y la de Tanger-münde.
Fortificaciones medievales en Inglaterra
Durante los siglos XI y XII fueron muy comunes las fortificaciones
del tipo motte and bailey castles. Consistían en una mota o
montículo de tierra artificial en cuya cima se construía
una estructura militar de madera o piedra conocido como keep, y un
cercado colocado a los pies de la colina.

Otro de los elementos más característicos
de la arquitectura militar británica es un tipo de fortificación
consistente en un sólido y alto torreón de formas muy
diversas, denominada keep-and-bailey, es decir, torre del homenaje
y recinto amurallado. Eran fortalezas prácticamente imbatibles
debido al enorme espesor de sus muros de piedra y mampostería,
en los que se abrían pequeños huecos como saeteras.
Tenían diversos pisos, algunos hasta cuatro, como el keep de
Hedingham (Essex). Otros keeps notables son los de Rochester, Dover,
Oxford o el de Conisbrough.

El castillo de Dover, en Kent, conserva perfectamente
su gran keep, que más que un torreón es un castillete
cuadrado con torres en los ángulos y unos refuerzos salientes
en el centro de los lienzos. Su construcción se llevó
a cabo entre 1179 y 1191, durante el reinado de Enrique II, pero más
tarde se le añadió otro recinto más amplio con
torres de flanqueo cuadradas y con una puerta monumental denominada
Constable´s Gate.

El recinto mural con torres de flanqueo, por tanto, se
encuentra ya perfectamente desarrollado en Dover y también
en el castillo de Roger Bigod en Framlingham. Al principio estas torres
eran de planta cuadrada pero pronto se vieron las ventajas que ofrecían
a la defensa las torres cilíndricas y poligonales. Encontramos
torres circulares en los castillos de Comway, Harlech y Beumaris,
mientras que en Carnavon y en el castillo de Raglan las torres son
poligonales.
Un paso más en orden a perfeccionar los sistemas
defensivos, fueron los castillos concéntricos, es decir, castillos
en los que, al recinto principal amurallado, se sumaba otro anillo
de murallas concéntrico, situado a poca distancia del principal
pero menos fuerte y elevado. Ejemplos de estos castillos concéntricos
son los de Beaumaris, (1295-1330), el de Harlech, cuya puerta es un
gran donjon con cuatro torres circulares, y la Torre de Londres que
se convirtió, a lo largo del siglo XIII, en una de las más
grandiosas fortalezas concéntricas de Inglaterra, con varios
recintos en torno al keep del siglo XI de Guillermo el Conquistador.
El período 1250-1350 representa la edad de oro
de la arquitectura militar inglesa con la construcción en la
frontera de Gales, por Eduardo I, de castillos como los de Conway,
Carnavon, Beaumaris, Harlech o Caerphilly. A partir de la Guerra de
las Dos Rosas la importancia de los castillos declina pues las batallas
se deciden en campo abierto.

Fortificaciones medievales en Italia
La arquitectura militar en Italia no llegó a tener
la importancia que adquirió en otros países de Europa.
Las más significativas fueron las que levantaron las poderosas
familias gobernantes dentro de sus ciudades, con ánimo de protección
y, al mismo tiempo, como manifestación de su poder y señorío.
El castillo de los Visconti, en Pavía (1360-1365), resulta
casi más un palacio por su simetría y abierto ventanaje,
pero tiene dos grandes torres almenadas y camino de ronda. Galeas
II Visconti fundó en 1368 el castillo de Milán, pero
luego los Sforza lo agrandaron a partir de 1450.

El castillo-palacio de los Este, en Ferrara, se
construyó después de un alzamiento popular de 1385.
Es de planta cuadrada con cuatro poderosas torres y caminos de ronda
sobre prolongadas ménsulas, elemento muy característico
de las fortificaciones italianas que pueden verse también en
el Castillo de los Gonzaga en Mantua o en el de Vezzuolo en Piamonte.
Más
información de Castillos
de Italia 
