Guía del Románico en
la Ribera del Duero de Valladolid
La comarca de la Ribera
del Duero oriental de Valladolid, es decir, las vegas que rodean
el río Duero desde Tudela hasta Peñafiel y el límite
provincial con Burgos, es especialmente conocida por sus vinos.
Esta tradición vinícola
fue introducida en estas tierras precisamente por monjes franceses
en la Edad Media. Monjes que habitaron en algunos de los monasterios
que todavía se conservan.
Por eso, además del vino,
La Ribera del Duero oriental de Valladolid tiene un gran aliciente
en su arte románico monacal y también el que se construyó
más humildemente en las iglesias parroquiales de las aldeas.
Monasterio
cisterciense de Santa María de Valbuena
El
Monasterio de Santa María de Valbuena, enclavado a orillas
del río Duero entre las localidades vallisoletanas de Valbuena
y Pesquera, constituye uno de los conjuntos fundamentales de la
arquitectura y la historia medieval española.
Fundado el 15 de febrero de 1143 por doña
Estefanía de Armengol, nieta del conde Ansúrez, el
cenobio adoptó inicialmente la Regla de San Benito, pero
muy pronto, en 1151, se integró en la poderosa orden del
Císter al ser repoblado por monjes procedentes de la abadía
francesa de Berdoues. Desde sus orígenes, el monasterio acumuló
un vasto poder territorial y jurisdiccional, controlando otros cenobios
cercanos como Palazuelos, Bonaval o Rioseco, y alcanzando su máxima
relevancia entre los siglos XII y XIII gracias a múltiples
privilegios papales y reales.
Tras una profunda etapa de decadencia
a lo largo del siglo XIV, el monasterio logró resurgir a
partir de 1430 gracias a la estricta reforma impulsada por el abad
Martín de Vargas.
Sin embargo, las crisis del siglo XIX,
marcadas por el expolio de la ocupación francesa (1810-1814),
los abandonos del Trienio Liberal y la desamortización definitiva
en 1835, sumieron al conjunto en un deterioro que provocó
su paso a manos privadas. En 1950, el conjunto fue expropiado por
el Instituto Nacional de Colonización para la creación
del nuevo núcleo de San Bernardo.
Tras décadas de abandono, su salvación
llegó en los años noventa del siglo XX, cuando fue
cedido a la Fundación Las Edades del Hombre. Esta institución
ha rehabilitado rigurosamente el edificio, instalando allí
su sede permanente y compartiendo actualmente las instalaciones
con un hotel de cinco estrellas. En el año 2000, recibió
la máxima protección patrimonial al ser declarado
Bien de Interés Cultural.
Arquitectura
En el plano artístico, el monumento
es un sobrio paradigma de la austeridad estructural y la transición
arquitectónica cisterciense.
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Iglesia
La iglesia, el elemento más antiguo
cuya cabecera se terminó hacia el año 1200, presenta
una planta de cruz latina. Sus tres naves, dotadas de bóvedas
de crucería, están separadas por arquerías
apuntadas sobre pilares de estilo hispano-languedociano (gruesos
pilares con dos medias columnas adosadas a cada cara principal y
otras más finan en los recodos.
El amplio transepto da paso a una cabecera
de cinco ábsides: los tres centrales son de planta semicircular
con bóveda de cañón -de innegable raigambre
románica- y los dos extremos de planta rectangular.
Fiel a los dictados de San Bernardo, la
decoración es prácticamente inexistente, limitándose
a motivos vegetales labrados en los capiteles y confiando la estética
a la espacialidad y a la luz que penetra por el cimborrio sustentado
sobre trompas. Destaca también su fachada occidental, provista
de una puerta de arquivoltas apuntadas y un gran óculo de
iluminación.
Claustro
El claustro, levantado al sur del templo
durante el siglo XIII, es un primoroso ejemplo de transición
entre el románico y el gótico.
Sus galerías se abren al patio
central mediante seis grandes arcos apuntados por crujía,
los cuales cobijan a su vez tres arquillos de medio punto sustentados
sobre estilizadas columnas pareadas.
Mientras la mayoría de los capiteles muestran una fina talla
vegetal, un conjunto más rudo y tardío exhibe iconografía
figurada con cabezas humanas y dragones.
Sobre esta galería se levanta un
segundo piso construido a principios del siglo XVI, que sustituyó
a un cerramiento original de madera.
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Dependencias monacales
Alrededor del claustro se organizan las
dependencias monacales siguiendo escrupulosamente el modelo de la
orden. En la panda este destaca la antigua sacristía y la
capilla de San Pedro, construida en el siglo XIII y célebre
por sus arcosolios funerarios que albergan frescos de estilo gótico
lineal
.
Le siguen el antiguo locutorio y la sala
de los monjes, un equilibrado espacio diáfano de dos naves
destinado al trabajo intelectual de la comunidad, cubierto con bóvedas
de crucería y desprovisto de distracción ornamental.
La panda sur concentra los recintos de
servicio cotidiano: el antiguo calefactorio, las cocinas y el refectorio,
sala que impresiona por su gran bóveda de cañón
apuntada y reforzada con arcos fajones.
Singularmente, la panda oeste del claustro
carece de la habitual cilla y de los alojamientos para los monjes
conversos, espacios que probablemente conformaron un edificio independiente;
en su lugar, esta zona fue fuertemente transformada en la Edad Moderna,
originando un gran patio trapezoidal y nuevas dependencias de hospedería
y servicio acometidas entre los siglos XVI y XVIII.
Más
información del Monasterio
de Valbuena de Duero
Monasterio
premostratense de Santa María de Retuerta
El Monasterio de Santa María de
Retuerta, situado en la provincia de Valladolid a orillas del sinuoso
río Duero -de cuyo trazado curvo (Rivula Torta) recibe su
nombre-, es un destacado cenobio premostratense fundado en 1145
por doña Mayor Pérez, hija del conde Ansúrez.
Este conjunto, emplazado a escasos diez
kilómetros del monasterio cisterciense de Valbuena, llegó
a erigirse como la casa madre de la orden premostratense en Castilla.
Aunque los monjes fueron expulsados durante
las desamortizaciones del siglo XIX, las estructuras se salvaron
de la ruina total gracias al cuidado de los colonos agrícolas
que trabajaban las tierras.
Tras ser declarado monumento nacional en 1931, el complejo pasó
a manos de una empresa farmacéutica y en la actualidad alberga
un establecimiento hostelero de lujo.
El núcleo medieval del monasterio
presenta importantes similitudes arquitectónicas con las
abadías del Císter
Iglesia
La iglesia, iniciada a mediados del siglo
XII, posee una planta de tres naves con transepto y una cabecera
de tres ábsides escalonados de excelente sillería.
Su rasgo más insólito es
que los absidiolos laterales tienen la misma altura exterior que
el ábside central, pero interiormente son más bajos.
Esto permitió crear unas estancias superiores, análogas
a las "cámaras del tesoro" del prerrománico
asturiano, utilizadas probablemente como capilla en el lado sur
y como refugio o relicario en el norte.
El proyecto original de las naves quedó
paralizado tempranamente, por lo que su remate en el siglo XVI dotó
al templo de unas proporciones tan cortas que asemeja un edificio
de planta centralizada.
Su estructura es de claro estilo hispanolanguedociano, con bóvedas
de crucería cuatripartita y gruesos pilares cruciformes con
semicolumnas pareadas en cada cara principal. La ornamentación
de los capiteles es fundamentalmente vegetal (acantos, piñas,
volutas), destacando también un curioso "green man"
en el interior y animales del bestiario decapitados en el exterior.
Claustro y dependencias claustrales
El cuadrado monástico, ubicado
al sur de la iglesia, conserva el claustro iniciado a principios
del siglo XIII, cuyas galerías se cubren con bóvedas
de crucería sobre ménsulas de rollos, a pesar de sufrir
importantes transformaciones en el siglo XVI.
La sala capitular, de planta cuadrada,
posee un bello acceso flanqueado por columnas geminadas torsas que,
lamentablemente, fue mutilado siglos atrás para insertar
ventanas adinteladas.
En el siglo XVIII, sus soportes centrales
románicos originales fueron reemplazados por columnas toscanas.
Por último, destaca el refectorio, una sala muy espaciosa
y alta cubierta con bóvedas de crucería, en cuyos
muros mixtos de sillería, mampostería y ladrillo aún
sobreviven los restos de una pintura de la Última Cena.
De otras estancias, como la sacristía
o el dormitorio, apenas quedan vestigios menores.
Iglesia de San Juan Evangelista de
Santibañez de Valcorba
Este
pequeño y modesto templo mudéjar, situado a muy poca
distancia de los grandes monasterios cistercienses y premostratenses
del Duero, muestra cómo la influencia arquitectónica
de éstos no siempre fue fecunda y que las maneras de trabajo
baratas se impusieron en muchas aldeas.
La cabecera es lo más importante.
Su fábrica es de mampostería con algunas hiladas de
ladrillo a modo puramente decorativo.
Quedan también restos de una portada
de ladrillo casi hundida en el suelo en el muro septentrional.